¡Esa platica… no se puede perder!

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Michel MayaPor Michel Maya

Twitter: @Michel_Maya

Hace cuatro meses llevamos a cabo dos grandes debates en el Concejo para abordar temas relacionados con el Sistema de Trasporte Masivo MIO. Uno de ellos fue la pérdida de $6.825 millones del anticipo que Metrocali  entregó a la empresa Israelí  Hafira Ve Hatziva para la construcción de la Terminal Calima, al nororiente  de la ciudad.  Esta infraestructura es vital para la movilidad de los caleños, los vallecaucanos y para la futura integración del sistema con otras ciudades. Cuatro meses después, con un nuevo presidente al frente de Metrocali, nos encontramos con un informe alarmante: aún no se han iniciado procesos contra los responsables.

Es urgente volver a recordar lo sucedido: Hafira Ve Hatziva, representada en Colombia por una persona que posteriormente aparece involucrada en negocios con los Nule y el cartel de la contratación en Bogotá, ganó en 2007 la licitación de la Terminal Calima del MIO, acreditando dudosa experiencia no corroborada. Hoy quien aparece como su representante legal en la Cámara de Comercio fue el que hace seis años le dio a esa empresa la referencia de experiencia en construcción de obras de envergadura como puentes y vías.

Posteriormente, sin encontrar oposición de los presidentes y miembros de la junta directiva de Metrocali de la época, los miembros de esta firma tardaron año y medio para presentar la garantía bancaria, requisito que debían cumplir desde 2007 y que solo  cumplieron hasta 2009. Adicionalmente, nadie dijo nada que explicara o cuestionara cuatro años de dilaciones por parte de Havira para empezar a ejecutar las obras, bajo la excusa de la necesidad de nuevos diseños y reajustes en los costos que requerían volver a licitar. En consecuencia, se perdio el momento para solicitar por parte de las directivas de  Metrocali la liquidación del contrato.

Este año, cuando Hafira fue notificada de la liquidación unilateral del contrato a principios de la administración de Rodrigo Guerrero, casualmente el día anterior a través de un transfer internacional sacaron del país el dinero que aún estaba en la cuenta bancaria de la firma: $2.500 millones, el dinero restante ya había sido “gastado”,  de acuerdo con un informe de auditoría de la Contraloría de Cali, en cosas que no tenían relación directa con la construcción de la Terminal Calima, sino en gastos administrativos y tarjetas de crédito, el mismo modus operandi de los hermanos Nule con el anticipo de la avenida El Dorado, razón por la cual hoy cumplen pena privativa de la libertad.

Hoy, queda la sensación en Cali de que los recursos públicos de la ciudad no son tan importantes ni sagrados como los de Bogotá,  este caso de corrupción aún no ha tenido la trascendencia que merece entre las autoridades y los órganos de control de la ciudad, como tampoco lo ha tenido en las entidades de control nacional, a pesar de que aquí hay dineros de la Nación involucrados y avalados por un organismo de financiación multilateral como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En perspectiva, una pérdida de $6.800 millones para un Municipio que apenas comienza a salir de la quiebra como Cali equivale a una pérdida de $70.000 millones del presupuesto de inversión de Bogotá, que es diez veces más grande. Imaginemonos qué pasaría si una firma extranjera se llevara de un día para otro $70.000 millones de los bogotanos o $30.000 millones de Medellin, es probable que el escándalo sobrepase las fronteras nacionales y  muy seguramente los responsables estén en la lista de la Interpol.

La semana pasada, durante tres días seguidos, escuchamos al nuevo presidente de Metrocali Luis Fernando Sandoval, informar lo que ya habíamos advertido hace cuatro meses: la firma Israelí es una empresa fantasma, de papel, sin un solo bien en  Colombia que respalde su existencia. Al finalizar su intervención en el Concejo de Cali, el ingeniero Sandoval advirtió que no es “arqueólogo ni historiador, vino a mirar hacia adelante, no a mirar hacia atrás”.

Para algunos, el caso de la Terminal Calima es un asunto de mejor cuantía, tomando en cuenta el ambicioso plan de megaobras en que está comprometida la ciudad ($1,6 billones). Es cierto que son muchos más los problemas de nuestro sistema MIO: retrasos para la entrada en operación del Miocable, graves problemas estructurales de tipo financieros que nos llevaron al grave círculo vicioso en el  que los operadores no funcionan con todos los buses, aduciendo que no tienen cómo financiar la operación y, en consecuencia, cada vez se debilitan más los ingresos pues no hay buses para tanta gente y miles de usuarios desesperados por el deficiente servicio y las bajas frecuencia de las rutas, donde la gente ya se acostumbró a tener que recurrir a diversas modalidades de servicio de transporte ilegal (piratas).

No podemos resignarnos, los recursos públicos son sagrados, hoy más que nunca tiene valor decir no al todo vale, es inamisible que nos roben en nuestras narices, que no pase nada, que no digas nada o, peor aún, que no hagamos nada. Esperamos que las afirmaciones del ingeniero Sandoval no signifiquen que va a dejar que se pierdan los $6.825 millones de los caleños. Es urgente que la Contraloría, la Personería y la Procuraduría se manifiesten sobre el tema, tenemos fe en que la nueva presidencia de Metrocali tome medidas y superemos la lógica de resignación que reza: “esa platica se perdió”. Doctor Sandoval, el balón está en sus manos, tiene usted la oportunidad histórica de devolver a los caleños la confianza en lo público, tomar inmediatamente las acciones penales necesarias, recuperar el dinero de los caleños, demostrar que el sistema puede ser eficiente, amable, eficaz y  consolidar al MIO como la apuesta de ciudad más importante de los últimos cincuenta años.

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