Escandaliza maltrato animal, no nuestra tregedia

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Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Un toro muerto a patadas, pedradas, golpes con palos y cuchilladas propinadas por unas veinte personas (quienes incluso llegaron a saltar encima del animal), durante los primeros días de enero, en las corralejas delmunicipio de Turbaco, departamento septentrional de Bolívar, escandalizó,indignó y ofendió a Colombia, lo cual contrasta con el poco escándalo, la pobre indignación y la débil ofensa de ciertos hechos graves del pasado como las ejecuciones extrajudiciales (eufemísticamente llamadas “falsos positivos”).

Sin embargo, no mereció la reacción de escándalo ni los sentimientos de indignación y ofensa la decisión del señor Presidente de Cine Colombia, MunirFalah, durante los primeros días de diciembre, de censurar el video “No hubo tiempo para la tristeza”, construido sobre la realidad de nuestro antiliberal, criminal, antidemocrático y tétrico conflicto colombiano, video tiene por objeto que todos y cada uno de nosotros recordemos lo ocurrido ininterrumpidamente durante estos cincuenta años.

Es decir, de un lado (la muerte del salvaje de un toro) una estrategia para visualizar y fijar en nuestra memoria la animalización de una veintena de colombianos; del otro (la censura de un particular), una estrategia para ocultar y hacer olvidar de nuestra memoria la criminalidad deshumanizada de nuestro conflicto armado interno, una de cuyas expresiones hoy se negocia en La Habana.

Visualizar y fijar la animalización de unos colombianos como ocultar y hacer olvidar nuestro conflicto tienen un objetivo común: afectar el entronque de todos los colombianos con nuestro pasado y la valoración consciente delmismo, lo cual quiere decir influir en la manera como se respeta o irrespeta nuestro devenir como pueblo y, por lo tanto, significa lesionar en ambos casos el ideal liberal de la construcción de nacionalidad.

¿Por qué lesiona el ideal liberal de la construcción de nación? Porque la memoria histórica es en procesos de democratización que ocurren en situación de conflicto, como es el caso colombiano; porque favorece el ideal liberal de la búsqueda permanente de la verdad; y porque permite construir un ambiente de negociación y reconocimiento de las diferencia, necesaria para lograr la paz, sin lugar a dudas uno de los asuntos liberales más preciados.

En conclusión, urge que los colombianos reconozcamos que los hombres entramos “voluntariamente en sociedad con otros hombres” con el propósito mutuo de salvaguardar las“vidas, libertades y posesiones”, según lo afirmó el padre del liberalismo John Locke, si nuestro propósito real y sincero es la construcción de una liberal-democracia.

Y, tal reconocimiento atraviesa por la estrategia de fijar, memorizar y visualizar todas nuestras situaciones de conflicto, en especial las más violentas y desgarradoreas, como manera anticipatoria o preventiva de evitar penosas y terribles expresiones de violencia como la Masacre de Bojayá de 2 de mayo de 2002 o las ejecuciones extrajudiciales ocurridas durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, para no devolvernos en nuestra historia a hechos históricos como la Masacre de las Bananeras, expresión todas ellas de nuestra incapacidad para la construcción de una real democracia.

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