Escribir por escribir

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Por Jaír Villano

@VillanoJair

Al igual que un diario una novela está atestada de sucesos, solo que en la novela se presupone que el escritor los ha manipulado en función de una composición estética, mientras que en el diario se otorga el beneficio de la duda: en teoría la prensa dice la verdad. Así todo el mundo sepa que no es cierto.

Dijo alguna vez Borges que la diferencia entre periodismo y literatura es que en literatura uno elige los temas y en el periodismo los temas lo eligen a uno. Por su parte, Vargas Llosa señala que en la novela la verdad o la mentira no es una cuestión ética sino estética. La literatura, en efecto, es un panal de palabras que busca verbalizar la realidad, que se basa en la misma, que la sobredimensiona, la reduce, la tergiversa, que hace con ella lo que le venga en gana. Un escritor es por definición una persona que se resiste a su mundo, un rebelde, así haya casos excepcionales como Chesterton.

Estos días de festival de letras me he estado cuestionando por la razón de la escritura, si ya he leído obras de Dostoievski, Chéjov, Proust, Joyce, Borges y muchos otros que todavía me faltan (y otros que ya leí): ¿para qué escribir?

Neruda dijo que para él escribir era como respirar: no podía vivir sin respirar y no podía vivir sin escribir. Pero me gusta más la sencillez de Jorge Amado: “Escribo para ser leído”. Ya está, todos los que nos adentramos a esta minoría cada vez más en debacle lo hacemos con una única intención; ser leídos. Pero “llevo cientos de páginas diciendo Yo y  hasta ahora nadie me ha visto”;  y si lo dice Vallejo…

Alguna vez Truman Capote confesó algo que me llegó al alma: “al principio escribir fue divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y escribir mal”. Sí, qué más lacerante que poner en cuestión algo que has estado escribiendo con mucho entusiasmo. Es doloroso que eso que tanto te gusta te haga sentir lo mejor, cuando te parece bueno, o lo peor, cuando crees que lo haces es malo. Hay quienes dicen que eso demuestra que te estás tomando la literatura en serio, no en vano Sábato dijo que la condición más preciosa del creador es el fanatismo. Hemingway opina que escribir es como ir a misa, si no vas Dios se pone bravo. Hombre, ya sé me olvidó el que aseveró que si  uno cree que puede vivir sin escribir lo mejor es que no escriba.

Ay escribir, ay escribir.

Lo bueno de estas columnas es que al estar decoradas de máximas de grandes pensadores muchos lectores pueden soslayar si hay coherencia entre lo que se escribe. Para mí una frase inteligente es como una hermosa chica: me puedo quedar horas y horas contemplando su belleza mientras afuera el mundo se acaba. Espero que quienes lean esto no se molesten con tanto palabrerío. Está bien. Volvamos.

Al final hay que entender que uno escribe porque se las cree: sí, si sos buen lector y querés ser escritor eres víctima de vanidad excesiva, pero es mejor que quieras escribir un libro, así no sea bueno, a que pretendas hacer algo de mayor exhibicionismo. Un político vanidoso (y en el poder), por ejemplo, es peligroso para la sociedad; un escritor no; por el contrario, al publicar sus libros se expone al escarnio de los grandes lectores, que no guardan reparo en decir que se acabó el papel higiénico en su casa, que si de pronto tienes uno de tus libros.

Sartre me enseñó que la literatura es una “función social”, pero yo no le hice caso.  Y me puse a escribir porque sí. Un mar de palabras que no sabía cómo desembarazar, que a veces, por la emoción de saber que estaba haciendo literatura – ¡sí literatura!–, hacía que me ahogara. Pero a punta de esfuerzo, de café y de cigarrillos, de horas y horas sentado frente al computador, una cosa emergió.  El director de una editorial dijo que aguantaba la publicación, un corrector de estilo y un profesor dijeron que estaba bien escrita, y un puñado de gente que se vio dibujada, dijo: “¡Una chimba!”.

No creo.

Me da por releer eso que me hizo creer que la literatura podría ser un estilo de vida, y aunque debería recapacitar –ya estoy muy grande, dice mamá–, no Rimbaud, no pienso dejar de escribir…

Ah claro, de escribir por escribir.

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