Estados Unidos y su despiadado pragmatismo

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jair-villanoPor Jair Villano

@VillanoJair

 

El pragmatismo despiadado del que hablaba Frank Underwood, el maléfico político de House Of Cards, parece ser el reflejo de la posición asumida por la editorial del New York Times en relación a Cuba. En la magnífica serie dirigida por David Fincher el protagonista es claro en sus objetivos: “hay una sola regla: cazar o ser cazado”. Underwood, que pasa de Senador a Vicepresidente y de este cargo a jefe de Estado, hace todo tipo de artilugios para llegar al poder. Una versión moderna del príncipe, equiparable a la de Gramsci.

Sería mucho más ameno seguir hablando de la serie y de las excepcionales actuaciones de Kevin Spacey y Robin Wright, así como también de algunos lunares presentados en algunos capítulos, pero las ficciones se terminan y la realidad no, así que volvamos a la cínica realpolitik de la editorial del diario del Tío Sam.

En efecto, el Times le sugiere a Obama ser pragmático y contemplar la posibilidad de levantar el bloqueo a la isla de Castro. En principio parece una posición aplomada y altruista, máxime cuando se habla del desastre que ha resultado esta represión para los cubanos, cito: “Obama debe aprovechar la oportunidad para darle fin a una larga era de enemistad, y ayudar a un pueblo que ha sufrido enormemente desde que Washington cortó relaciones diplomáticas en 1961”.  De antemano resulta muy curioso que  sea luego de más de cuatro décadas de retaliación cuando se desenmaraña que el bloqueo ha sido un fracaso, eso está casi equiparable a la revelación, oh revelación, de Luis Carlos Restrepo, quien ha dicho que hay que continuar el proceso de paz (¡desafió la posición del mesías, y lo peor es que le creímos!); pues no. Si hay algo que hay que reconocer en los políticos –y hay elementos de sobra para decir que los medios son actores políticos– es que son de una marrullería admirable, de manera que no es ingenuidad del diario (así como tampoco un desacato del edecán uribista (eso debió haber sido arreglado), lo permite inferir un párrafo corto –de apenas tres líneas– pero profuso en contenido; cito: “Estados Unidos estaría cediendo el mercado cubano a sus rivales. Los presidentes de China y Rusia viajaron a Cuba en julio con miras a ampliar vínculos”.

Puro afán neoliberal en una nación impulsora y aprovechadora del neoliberalismo. Pero eso lo sabe todo el mundo: desde que tengo memoria he escuchado que Estados Unidos se erige como la nación redentora y mediadora en los conflictos; nadie la llama, pero ahí está; está, estuvo y estará en Colombia (el patio, el jardín): cuando la amenaza comunista de los años 60 creaba repúblicas independientes, desde Washington se orquestó el Plan Lasso, y los disidentes, que solo pedían una reforma agraria, fueron bombardeados por orden de los gringos, el plan resultó tan fructuoso que luego de cuarenta años se está negociando la cesación pacífica del mismo conflicto; estuvo también cuando Corea era un solo país, luchando con la Unión Soviética por apoderarse del territorio asiático, la consecuencia ya la sabemos: el sur capitalista (con grandes transnacionales como Samsung) y el norte comunista con una estirpe de caudillos que parece inextinguible con Kim Il-sung en principio y ahora con Kim Jong-un en el poder, este último nieto del primer caudillo.

Leo en el riguroso estudio de María Teresa Ronderos sobre el Paramilitarismo en Colombia que hay elementos para decir que la lucha anticomunista impulsada desde Washington tuvo financiación de narcotraficantes colombianos, el estudio que en su momento dirigió John Kerry (quien hoy funge como secretario de Estado ) constata que en el plan Contra las fuerzas opositoras del gobierno sadinista (donde también había amenaza de comunista) fue contaminada con dineros del narcotráfico: “hubo forjadores de política pública de alto nivel en el gobierno que no eran inmunes a la idea de que la plata del narcotráfico proveía  una solución perfecta para los problemas de financiación de los Contras”. Dicen por ahí que el fin justifica los medios.

Ni para qué recordar los ataques nucleares en Hiroshima y Nagasaki; ni para qué recordar Vietnam, y las dictaduras impulsadas y luego descreditadas en República Dominicana, Argentina y Chile. Pragmatismo despiadado: aquí y en otros países los grupos delincuenciales se matan por el control de la droga y en USA que tiene como política mundial la prohibición de la legalización la misma, se aprueba el uso legal. Y el glifosato y las emisiones de Co2, y las bombas en Irak, etcétera.

Por esto y otras cosas que me ahorro decir, creo que la editorial del Times, que tanto llamó la atención, no es un comentario en función de los derechos ciudadanos de Cuba, sino en el jugoso mercado para los empresarios estadounidenses; no digo que en la editorial no haya la intención de fomentar un insumo para cesar la represión cubana, esa intención está pero por añadidura. No es gratis que el hito histórico, la gesta, la bondad y otras abstracciones de la que hablan los medios, haya tardado tanto, no resulta fácil creer que obedezca al cambio en la política cubana.

Fidel Castro, que no es ningún angelito, resolvió decir que la editorial responde a la crisis política de Estados Unidos, es decir, que el beneficio es para los gringos. Lo cierto es que ni la dictadura violadora de derechos humanos, ni el capitalismo salvaje son modelos plausibles, así las metrópolis del norte sean monumentales y la educación cubana, como lo reconoce la editorial, parezca ser una de las mejores.

Lo más injusto es que las consecuencias de la punga entre los países, en la que claramente hay una ventaja por parte de una de las naciones, recaigan en la población civil. Pero si se tiene en cuenta que el pragmatismo despiadado abarca el silencio (así este revista sangre) es  apenas entendible.

Fuentes:

-“Obama Should End the Embargo on Cuba”- The New York Times, octubre 11 de 2014.

-“Guerra recicladas”, María Teresa Ronderos, página 96.

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