¿Estamos en el tiempo del verdadero liberalismo?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

El señor presidente de la república, quien hoy carece de arraigo entre la élite política y el pueblo, es favorito para ganar las próximas elecciones porque tiene por competidores unos candidatos pobres de mente y faltos de espíritu y porque dispone de los recursos del Estado.

Esta desoladora escena política, que siembra el desánimo entre los millones de electores y llena de desconcierto a los políticos profesionales colombianos, se ve hoy magnificada por la actitud del candidato-presidente, quien proyecta una imagen de ambivalencia en medio de una confusión de partidos y movimientos políticos sin identidad ideológica alguna.

Por la derecha, el populista Puro Centro Democrático, basado en el liderazgo carismático del expresidente de la república Álvaro Uribe Vélez, quien opaca a sus tres precandidatos, casi hasta hacerlos invisibles e imperceptibles; el rompecabezas del Partido de la U, con congresistas que se declaran santistas y con bases populares clara e inequívocamente uribistas; y el Partido Conservador Colombiano, que se debate entre tener candidato propio y dejarse contar, o entre procurar obtener algunos congresistas y perder su personería jurídica.

Al centro, el Partido Liberal Colombiano, resucitado y vigoroso, pero apoyando la candidatura lánguida del señor presidente de la república, lo cual contrasta con una fornida lista al Senado de la República guiada por tres insignes liberales: Horacio Serpa Uribe, recordado por su papel protagónico en la defensa de Samper Pizano; Viviane Morales Hoyos, recordada por su firme, pulcra gestión al frente de la Fiscalía General de la Nación, y el joven Juan Manuel Galán, recordado por su padre Luis Carlos Galán Sarmiento.

A la izquierda, dejando pasar una oportunidad franca de llegar a la presidencia de la república: por un lado, el Polo Democrático se debate entre deslindarse de la Marcha Patriótica o mantenerse en ella, con Clara López y el senador Jorge Enrique Robledo a la cabeza; y, por el otro, los Progresistas con Gustavo Petro y Antonio Navarro Wolf tratando de apoderarse del cascarón del Partido Verde. Sin embargo, ambos, el Polo y Progresistas, populistas como el Puro Centro Democrático.

Todo esto se desarrolla cuando “Colombia se percibe cada vez más corrupta” (ver mi columna del de 13 de julio), cuando el Congreso de la República es considerado como la organización más corrupta (ver mi columna del 20 de julio), cuando se sucede “Un paro contra la injusticia en medidas de tierra y el comercio” (ver mi columna del 31 de agosto) y cuando el país se pregunta, ante la inminente participación política de la guerrilla, “¿qué se les puede otorgar?” (ver mis columnas del 10 y 17 de agosto).

Luego, ante este panorama cabe preguntar: ¿no es acaso esta la oportunidad para un verdadero liberalismo? Si es así, entonces, ¿qué nos dicen los candidatos al senado Horacio Serpa, Viviane Morales y Juan Manuel Galán en esta que es la hora de la mujer en América Latina, de la reacción contra la corrupción en el mundo y del rechazo creciente a las famiempresas políticas en Colombia?

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