¿Estaremos Pagando un Costo Muy Alto?

0

Por Jorge Buitrago

En materia de salud y de vidas salvadas creo que es indiscutible que se han logrado evitar los pronósticos fatalistas, y la estrategia del gobierno junto al esfuerzo ciudadano y de los mandatarios locales ha dado los resultados esperados. Sin embargo, cumpliéndose tres meses desde que el presidente Iván Duque decretó el aislamiento preventivo obligatorio en todo el territorio nacional, resulta inevitable reflexionar sobre la oportunidad de las medidas tomadas y algunas de sus consecuencias en materia social y económica.

En lo laboral el panorama es más que alarmante. Somos un país de casi 50 millones de habitantes y tan sólo en el mes de abril se reportaron 5.5 millones de nuevos desempleados, para una tasa total del 19.8%, que para el caso de Cali aumentó del 14.2% al 25.6%. Aún nos faltan ver los efectos de mayo, junio y los meses venideros, donde las proyecciones más pesimistas hablan de que podremos llegar hasta a un 35% de desempleados. Llegaremos a un punto en el que discutir sobre el pago de la prima o de los salarios a los trabajadores será algo secundario, pues de lo que se tratará, será de sostener los empleos al costo que sea. Ello no será precisamente por tiranía de los empleadores, sino porque en Colombia el grueso del empleo lo generan las pequeñas y medianas empresas que hoy el gobierno con sus medidas está condenando a desaparecer, mientras los auxilios siguen siendo insuficientes.

Si frente al empleo el panorama es desalentador, en materia territorial es alarmante. Las finanzas del Gobierno y los Entes Territoriales se vendrán al piso. Los planes de desarrollo de los alcaldes y gobernadores serán en su mayoría letra muerta, pues no tendrán opción distinta a medio tratar de recuperar las finanzas de sus ciudades y departamentos. Desde ya debemos ir aceptando que no veremos grandes obras ni transformaciones importantes en nuestras ciudades, la evaluación de los mandatarios pasará por la forma en la que manejen la catástrofe que ya va mostrando sus primeras señales. Creo con sinceridad que poco podremos exigirles más allá de eso.

Se habla de un retroceso de veinte años en nuestros indicadores sociales. Su consecuencia será una reducción sustancial del gasto en materia social, lo que inevitablemente se traduce en menos recursos para la educación, la salud, el medio ambiente y otras necesidades más. Vendrá un incremento peligroso de la desigualdad, y con ella, de la violencia, la pobreza y la deforestación en el campo; además de la inseguridad y el desempleo en los centros urbanos.

Es claro que se debían salvar vidas, y si ahora que el pico nos va a coger con la gente en las calles porque ya no hay manera de sostenerla encerrada, las muertes y los contagios no de disparan, créanme que a Duque habrá que quitársele el sombrero y seremos ejemplo para el mundo. Pero el tema va más allá de eso, ante la gravedad de lo que vamos a vivir en muchos otros frentes de nuestra vida como país, no podemos ver las cosas a blanco o negro, es indispensable dejar a un lado nuestras posiciones personales, miedos y egoísmos, y analizar las medidas de una forma más objetiva y pensando a futuro. Pocos saben lo que es vivir en medio de una recesión y a muchos seguramente el desempleo aún no los ha tocado; hoy se desecha la economía bajo el equivocado argumento de que «es más importante la vida» ignorando que la una no se sostiene sin la otra.

Todo lo anterior inevitablemente terminará en vidas perdidas, vidas que seguramente nadie contará, y que no dudo, serán muchas más de las que el Covid nos pueda arrebatar. Se nos vienen tiempos aún más difíciles, que demandarán de nuestra capacidad para superarnos y en los que inevitablemente cabrá preguntarnos: ¿Habremos pagado un costo muy alto?

Comments are closed.