Estoy evaluando si me lanzó a la alcaldía: Alejandro Eder

0

Por Claudia Palacios

@claudiapcnn

Tras 8 años dedicado a diseñar y aplicar un proceso para darle una nueva oportunidad a guerrilleros y paramilitares, Alejandro Eder quiere un nuevo desafío que lo acerque al Valle del Cauca. En febrero anunciará si se lanza o no a la alcaldía de Cali. Aquí su balance de lo logrado como director de la Agencia Colombiana para la Reintegración, y su llamado a que la sociedad entienda que los desmovilizados son personas de bien.

C.P. ¿Se va satisfecho con lo que hizo o le quedó algo pendiente?

Me voy satisfecho por la evolución de la cual fui testigo desde el 2007, fecha en la que comencé a trabajar en la agencia. En estos siete años el proceso colombiano pasó de ser uno más en el mundo a ser el proceso de reintegración quizá más sofisticado que ha habido recientemente. Como colombiano es un orgullo.

C.P. ¿Por qué se va cuando el barco está a punto de llegar a buen puerto y ha tenido el reconocimiento de empresarios y políticos?

Entiendo que cuando dice que el barco está llegando a buen puerto se refiere a la posible desmovilización de las Farc, que es solo el principio. Luego viene un proceso de reintegración que tarda en promedio 7 años por cada individuo pero fácilmente puede tardar hasta 15 años por persona, casi 4 periodos presidenciales más. Esa es la razón por la que debe mantenerse como una política de estado, no politizarse.

FGDFH
C.P.  FGDFH

¿la Agencia está lista para recibir los 10 mil ó 20 mil desmovilizados si se firma el proceso?

La Agencia Colombiana para la Reintegración está lista para afrontar el reto que se requiera. Hoy atendemos a 30.000 personas en proceso de reintegración con un equipo de 1.300 colaboradores ubicados en 32 departamentos y 135 municipios, y a desmovilizados en 720 municipios. Casi 8 de cada 10 desmovilizados en la última década ha permanecido en la legalidad. En los últimos años se han desmovilizado casi 17.000 integrantes de las Farc, y en octubre, el promedio fue de 7 desmovilizados por día. A finales de 2013 teníamos cerca de 400 profesionales reintegradores a nivel nacional; esto es en promedio 1 profesional por cada 80 personas en reintegración. Comenzando este año, en enero, subimos a 750 profesionales, ubicando hoy un profesional por cada 40 personas en este proceso. No solo brindamos un mejor servicio sino mayor capacidad de absorción sin perder calidad.

C.P. ¿Desde hace un tiempo ustedes decidieron contratar a desmovilizados que ya habían terminado el programa de reintegración para que se encargaran de abrir puertas en empresas y universidades a otros desmovilizados. Esto ha mejorado la receptividad de la sociedad hacia ellos?

En los últimos 11 años he visto que la receptividad de las empresas y de la sociedad ha avanzado pero también debo decir que ha avanzado muy poco. El trabajado de personas reintegradas para servir como promotores de desmovilización ha hecho una diferencia notable.

C.P. ¿Esa podría ser una frustración que le queda?

No es una frustración porque sí hubo avances. La iniciativa del sector privado con la campaña Soy Capaz muestra que hay otra mirada sobre el tema. Si bien el tema de disminuir la exclusión no avanzó tanto como me hubiera gustado, otros aspectos como la reintegración sostenible de los desmovilizados sí. Hoy tenemos más de 25.000 desmovilizados trabajando y el 90% de sus jefes no saben que lo son. Estas son personas que hace cinco años dejaron las armas, pasaron por un proceso de reintegración y hoy son ciudadanos de bien. Esto es un logro que se ve amenazado cuando las empresas se dan cuenta que son desmovilizados y los despiden del trabajo.

C.P. ¿Qué se podría hacer para afrontar esta situación?

Creo que se podría tener una estrategia de transparentización del proceso de reintegración y contarle a la sociedad colombiana quiénes son las personas que dejan las armas. Muchos al oir la palabra ‘desmovilizado’ se imaginan un bandido. Los desmovilizados en su mayoría son personas buenas que se fueron por un mal camino por una u otra razón y que quieren retomar el buen camino.

C.P. En ese sentido, ¿ qué postura tiene usted frente al manejo que se le dará a los desmovilizados que vendrán si se logra el acuerdo de paz ¿Hay que llevarlos a la cárcel, rebajarles las penas o perdonárselas?

Estos grupos tienen muchos niveles. Solamente en línea de mando hay comandantes y por encima el secretariado que es el que toma decisiones que van contra el DIH, como el reclutamiento de menores. Las personas que están debajo de esa línea de mando deben hacer cumplir las órdenes o son castigados o fusilados. Como lo ha dicho el presidente, los máximos responsables deben cumplir con lo que dice el derecho internacional y colombiano en materia de justicia transicional, y los que están debajo de la línea de mando pasar por un proceso de reintegración, que también forma parte de un sistema de justicia transicional. No siempre se debe pasar por un juez, ya que estas son medidas transicionales que sirven para llevar a un país, de una situación de conflicto a una situación de normalidad.

C.P. Este complejo panorama de la guerra implica que a veces algunos desmovilizados digan que si los hubieran metido a la cárcel, seguramente hubieran salido siendo peor de delincuentes en comparación a que si hubieran sido reintegrados o empleados. Otros, como exparamilitares o exguerrilleros, dicen que afortunadamente los metieron a la cárcel porque allí se dieron cuenta del mal que habían causado. Si el tema es alrededor de la cárcel, ¿Qué se debe hacer?

En mi opinión debemos mirar las cifras sobre qué es lo más efectivo. El costo de reintegrar a una persona en Colombia es de $4’900.000 cada año, con una duración de 7 años. La tasa de éxito del proceso de reintegración de los últimos 11 años ha sido del 76%, eso lo dice la Fundación Ideas para la Paz. Si uno mira los desmovilizados de los últimos cuatro o cinco años más del 95% permanecen en la legalidad. Pero en el sistema penitenciario como el nuestro, el costo per cápita anual para mantener a un preso está entre 12 y 14 millones de pesos y la tasa de reincidencia es del 70%. En otras palabras, por la tercera parte del costo se están logrando resultados mejores con la reintegración sin cárcel.

C.P. ¿Esta política sería para todos los combatientes?

Los máximos responsables deben cumplir con un mecanismo de justicia transicional en donde se le aplique algún tipo de pena.

C.P. ¿Pena privativa de la libertad o penas alternativas?

Eso habría que mirarlo con detenimiento. Lo importante sería un tipo de pena que fuese suficiente en ojos del Derecho Internacional Humanitario, que brinde garantías de justicia.

C.P. ¿Qué pasa con la labor que usted venía desempeñando en la mesa de negociación de La Habana?

El Presidente me pidió que me mantuviera vinculado como asesor y estoy a disposición del doctor Humberto de la Calle para asesorarlo sobre estos temas.

C.P. ¿Esto implica volver a La Habana permanentemente como apoyo a los negociadores plenipotenciarios?

Implica lo que requiera el doctor Humberto de la Calle.

C.P. Pasemos al tema de la Alcaldía de Cali, ya que usted renunció justo antes de que se venciera el plazo para inhabilitarse para aspirar a cargos de elección popular para elecciones regionales. ¿Ya definió si se va a lanzar?

Renuncié antes de que se venciera el término. Soy caleño y orgullosamente vallecaucano. Tengo un interés por ayudar a mi ciudad y mi región y creo que en Cali y en todo el territorio nacional hay que hacer la política de una manera distinta. Cali debe pensar no solo en sí misma como ciudad sino comportarse como ciudad-región. Es decir, el futuro de Cali está ligado a Jamundí, a Buenaventura, a Florida y Pradera, a Yumbo y quizás hasta al eje cafetero y a todo lo que ocurra en el suroccidente colombiano. Hay mucho por hacer por la ciudad y en este momento estoy estudiando cómo es la mejor forma para poder aportarle a Cali.

C-P- ¿De qué dependería su decisión de lanzarse a la Alcaldía en la próxima elección?

Por ahora estoy retornando a Cali después de vivir en Bogotá durante ocho años. Primero quiero volver para ver cuál es la mejor forma de ayudar a la ciudad.

C.P. ¿En caso de que se lance le daría continuidad a lo que ha hecho el Alcalde Guerrero?

Para poder responder a ello es importante informarme bien sobre lo que ocurre en Cali y lo que se ha hecho bien o mal. Para que las políticas públicas puedan prosperar –según mi experiencia en el tema de reintegración- es importante verificar qué es lo que está funcionando para fortalecerlo, qué es lo que no está funcionando para ver  cómo se adecúa para lograr una evolución dirigida al cumplimiento de las metas propuestas, y qué es lo que no se está haciendo y que se debería hacer.

C.P. Ya hay dos posibles candidatos, que vienen de la administración del alcalde Guerrero, y el exdirector de la Aerocivil, Santiago Castro. Ellos y usted, en teoría, tendrían la posibilidad de capturar los mismos votos de la sociedad caleña. ¿Hay algún acuerdo o promovería uno para establecer que solo haya un candidato de ustedes?

Si yo me llegase a lanzar la intención sería capturar todos los votos de la sociedad caleña. Lo más importante para la ciudad es que el próximo gobernante sea una persona honesta y que trabaje con vocación por el desarrollo de Cali. Debemos esperar para ver cómo se aclara el panorama y determinar los candidatos y la mejor opción para Cali.

Usted tiene unos pro y unos contra. Dentro de los primeros podría estar el buen resultado en la política para la reintegración pero dentro de lo segundo estaría el tiempo que no ha vivido en Cali y que viene de una familia del poder económico de la ciudad, lo que quizá lo aparta de los intereses y realidades del caleño promedio…

Yo no creo que esto sean cosas en contra. Por ejemplo, sobre el hecho de pertenecer a una familia tradicional vallecaucana me causa orgullo ya que la familia Eder lleva casi un siglo y medio trabajando por el desarrollo del Valle y del país y ha contribuido al desarrollo económico de la región. Como muchos colombianos me tuve que ir a vivir en Estados Unidos porque la violencia me sacó de mi país pero no por ello dejo de ser caleño. En esta experiencia de vivir por fuera tuve la oportunidad de educarme allá, tener otras experiencias y traer soluciones a problemas que estamos viviendo en Colombia y que pueden lograr un cambio real. Y haber vivido tantos años en Bogotá obedece a que era el director de la agencia y a que anteriormente fui asesor estratégico para la Alta Consejería para la reintegración. Lo que quisiera es ver eventualmente cuál es la mejor manera de aplicar ese conocimiento que he adquirido para lograr un cambio en la región y en Colombia.

Por último, tiene una samaria como fórmula para la vida. ¿Ella apoyaría a un marido alcalde caleño?

A la samaria le va a tocar volverse ‘samarialeña’. Ella me apoya, quiere mucho a Cali y tiene una vocación muy fuerte por ayudar a los demás. Es mi futura esposa y apoya mi proyecto de vida así como yo apoyo el de ella.

Comments are closed.