¡Exijo garantías!

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Por Hector Riveros

@hectorriveros

Hace un par de semanas anticipe que votaré SÍ cuando nos convoquen a los ciudadanos a refrendar o rechazar el acuerdo final que suscriba el gobierno con la guerrilla de las Farc para la terminación de conflicto.

No importa cual sea el mecanismo que finalmente adopten las partes. No veo una manera distinta de hacerlo que a través de una especie de consulta –calificada como plebiscito- como la que ha sido objeto de discusión a propósito de la aprobación de unas reglas especiales que ha adoptado el Congreso. Pero –repito- cualquiera que sea el instrumento votaré por SÍ y espero que quienes estamos a favor tengamos las mismas reglas y las mismas garantías que quienes quieren rechazar el acuerdo.

Lo que se aprobó en el Congreso esta semana le da una ventaja injustificada a los del NO. Resulta que si, por ejemplo, salieran a votar ocho millones de personas y los votos se repartieran cuatro millones un voto por el NO y cuatro por el SÍ ganaría el NO y si fuese el revés, esto es, que el SÍ consiguiera un voto más que el NO también ganaría el NO.

A los del SÍ se nos impone la condición de conseguir al menos cuatro millones cuatrocientos mil votos, condición que no se les exige a quienes rechazan el acuerdo. El NO gana aún con un voto o incluso sin que nadie vote por el NO, basta que los del SÍ no consigamos movilizar los cuatro millones cuatrocientos mil votos.

La pregunta es por qué nadie propuso que la ley dijese algo como: “se entenderá que el acuerdo es rechazado por la ciudadanía siempre que el NO obtenga al menos un número de votos equivalente al 25% de los ciudadanos inscritos en el censo electoral”, o 13% o cualquier umbral. O, por ejemplo, se hubiese podido plantear la pregunta en sentido contrario y que se nos preguntara: “¿Rechaza usted el acuerdo suscrito entre el Gobierno y las FARC?” y que al SÍ se le hubiera impuesto el umbral que quisieran.

Me parece razonable el argumento de quienes se han opuesto a disminuir el umbral de aprobación en el sentido de que una decisión de la trascendencia histórica como la persistir en la solución armada al conflicto y rechazar la negociación no debería poder tomarla una minoría de ciudadanos. De lo que estamos hablando es de muerte, de dolor, como para que unos pocos ciudadanos nos impongan a los demás la decisión de insistir en ese camino.

En Chile, por ejemplo, en 1988 cuando la gente derrotó la dictadura, ganaba el que más votos sacara entre el sí y el no y ganó el NO en contra nada menos que del régimen de Pinochet.

En el Congreso los del SÍ no tuvimos defensores. Al contrario, nos hicieron sentir culpables como si quisiéramos imponer a la brava una decisión, cuando en realidad lo que permite la reglamentación que se aprobó es que los del NO nos impongan a la brava, sin umbral alguno, una decisión tan compleja como seguir en la confrontación.

Yo estoy dispuesto a aceptar y a defender que se acate la decisión de la mayoría de los ciudadanos de Colombia si es la de terminar el conflicto por la vía armada y no por la vía negociada, pero que nos ganen en franca lid, a voto limpio, a quienes defendemos la teoría contraria.

De pronto en la Corte Constitucional, en la revisión que debe hacer del proyecto de ley, nos protegen a los del SÍ y encuentre razonables los argumentos que se han esgrimido en contra de quitar el umbral para los del NO e imponernos uno del 13% a los del SÍ. En ese caso la Corte declararía la inexequibilidad del proyecto de ley estatutaria que se tramita en el Congreso y volvemos a las reglas generales que son:

  1. El mecanismo más adecuado es el plebiscito: porque el artículo 7 de la ley 134 de 1994 lo define como “el pronunciamiento del pueblo convocado por el Presidente de la República, mediante el cual apoya o rechaza una determinada decisión del Ejecutivo”. La decisión es la de suscribir el acuerdo con las FARC que es una decisión del fuero presidencial.
  2. Según la ley 1757 de 2015, la decisión del pueblo será obligatoria cuando en el plebiscito haya participado más del cincuenta por ciento (50%) del censo electoral vigente.

En ese momento estarían las cosas en su cauce normal y el Presidente, una vez suscriba el acuerdo, que esperemos sea pronto, convoca a un plebiscito para que los ciudadanos nos pronunciemos y digamos si rechazamos esa decisión. En este evento, si participa más de la mitad de las personas que están autorizadas para votar y la mayoría rechaza la decisión presidencial de suscribir el acuerdo, los que la apoyemos que ese caso votaríamos por el NO o nos quedaríamos en la casa esperando que los del SÍ saquen casi 17 millones de votos y demuestren que efectivamente la inmensa mayoría de los colombianos prefiere seguir en la confrontación a hacer concesiones a la guerrilla que les resultan inaceptables.

Ante tan abrumador pronunciamiento tendremos que aceptar y sumarnos a la decisión –ahora colectiva- de invertir en la modernización del armamento de la fuerza pública, pedir cooperación internacional para ser más efectivos en el accionar militar y ampliar el presupuesto de atención a las víctimas para que cubra no solo a las seis millones que tenemos ahora sino a las que se sumen por el recrudecimiento de la confrontación. Ahora lo que si no nos pueden pedir es que semejante decisión nos la imponga una minoría. ¡Si van a rechazar el acuerdo que sea con el pronunciamiento de la mayoría de los ciudadanos como hoy lo exige la ley!.

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