¿Existe una unidad de mando en las Farc?

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Por 

Germán Ayala Osorio, Comunicador social y politólogo

Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacifico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

La unidad de mando, el pensamiento único, la verticalidad de las decisiones tomadas por sus líderes y comandantes, así como la obediencia debida, son, entre otros, principios rectores de ejércitos, regulares e irregulares. Estos suelen garantizar triunfos militares y políticos.

Pues bien, a juzgar por los recientes hechos de guerra y las declaraciones de alias Sandra Ramírez, las Farc enfrentarían problemas de unidad de mando, de información y de control absoluto sobre la tropa.

En La Habana, la guerrillera Sandra Ramírez declaró que las Farc sí tienen prisioneros de guerra y que esperan un canje por guerrilleros presos en cárceles estatales. Horas más tarde, Rodrigo Granda desmintió lo dicho por su compañera de armas. El Espectador  recoge así lo dicho por el negociador de las Farc: “Granda añadió: ‘La excompañera del camarada Manuel Marulanda quizá pudo haber cometido una ligereza. Pero acá está hablando con uno de los negociadores y le puedo dar fe que eso es así’. Asimismo, indicó que desconoce si los ciudadanos chinos que recuperaron su libertad en los últimos días estaban en poder de la guerrilla” [Nota:1].

Hace unos días, periodistas y las propias autoridades dijeron que los ciudadanos chinos que retornaron a la libertad estaban en manos de las Farc. El propio Granda deja entrever que hay dudas en la responsabilidad del plagio y en la liberación ordenada por un frente o una columna fariana; y en medio del anuncio de cese unilateral del fuego, guerrilleros de las Farc atacaron objetivos militares en el Cauca. Por lo menos, así lo informó la fuerza pública, interesada, por supuesto, en torpedear el cumplimiento del cese del fuego.

Un asunto tan sensible como el secuestro de civiles y la retención de policías y militares no puede manejarse como lo viene haciendo la dirigencia de las Farc. Un elemento más que se suma a su desprestigio, circunstancia que será aprovechada por los enemigos del proceso de paz.

Hechos como estos dan la sensación de que internamente en las Farc hay problemas con el mando unificado y con la información que comparten sus voceros, comandantes y combatientes. No se trata de meras diferencias o de ligerezas: hay un asunto de fondo que pone en duda si el gobierno de Santos está negociando con toda una organización o, por el contrario, lo hace con un sector de poder que no ejerce control sobre la tropa, sobre varios frentes, en especial aquellos que por la presión y los golpes dados por la fuerza pública, estuvieron por largo tiempo desconectados del mando central, de la cúpula, del estado mayor central de las Farc.

Si esto es así, lo negociado en La Habana podría no ser acatado y respetado por frentes de las Farc que hoy andan como ruedas sueltas, metidos cada vez en el pillaje, en el negocio del narcotráfico y en otras actividades, alejadas de las orientaciones emanadas por la comandancia que hoy negocia la paz con el Gobierno.

Por ello, ahora que se abrió la posibilidad de que actores de la sociedad civil participen en el proceso, a través de canales digitales, hay que insistir en este tema para que la academia y las ONG de derechos humanos presionen a los voceros farianos y del Gobierno para que discutan al respecto y confirmen si la cúpula instalada en Cuba representa a toda la organización guerrillera o si hay fracturas en el mando unificado. Sería importante hacer claridad en este asunto, para que la sociedad colombiana sepa a qué atenerse. Del mismo modo, en aras de  garantizar la eficacia de los programas de reinsersión que se pongan en marcha hacia futuro, resulta clave conocer cuántos hombres y mujeres alzados en armas, incluidos menores de edad, tienen en sus filas las Farc.

Sería grave que los negociadores de las Farc y del Gobierno llegaran a acuerdos y que se diera la firma de la paz a sabiendas de que hay frentes guerrilleros que no siguen las directrices de los máximos comandantes y que, contrariamente, están aprovechando el proceso de diálogo para generar vacíos de poder y por esa vía desacatar las órdenes emanadas por el estado mayor.

Si la fragmentación en las Farc se confirma, el gobierno de Santos podría abrir frentes de negociación regionales no solo para mitigar el impacto de grupos de guerrilleros que puedan quedar por fuera de la negociación, sino para reconocer que el conflicto armado interno tiene dinámicas regionales diferenciadas, lo que amerita tratamientos políticos distintos.

Es posible que las Farc estén pagando errores como el reclutamiento de menores que, sin mayor preparación y estructura, adquieren poder más por la capacidad de cometer actos terroristas y de sabotaje, que por la real comprensión de lo que significa haberse levantado en armas. Igualmente, las Farc pueden estar enfrentándose a una etapa de lumpenización debido a que varios frentes han quedado acéfalos y sin dirección política, bien sea por la muerte de sus comandantes o por las dificultades técnicas (comunicaciones) y aquellas generadas por el constante asedio de la fuerza pública.

La duda sobre si las Farc son una estructura monolítica está sembrada. Es una tesis que el Gobierno debe demostrar de cara al país. No se puede reducir a ligerezas propias de declaraciones de algunos líderes farianos.

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