Explosivistas sueltos

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ana-mariaPor Ana María Ruiz Perea

@anaruizpe

 

El período Santos II llegó con un mensaje potente que se tomó las prioridades de asignación de recursos del presupuesto, la disponibilidad de recursos de cooperación internacional y una gran tajada de la torta publicitaria del país. Estamos en el post conflicto. De un día para otro. Como si sentarse en el solio de Bolívar diera súper poderes para decretar el estado de la nación, incluida una voltereta que tiene más que ver con lo que se quiere y se anhela, que con lo que efectivamente se tiene.

Seguramente todos nos hemos visto llevados por la “gran” prensa bogotana, la que crea información, la que tiene la razón y dicta la opinión, a pensar en que #SoyCapaz ¿de qué? Lo que quedó claro para todo el mundo es que las empresas más grandes del país metieron un billete importante en una inversión publicitaria de dimensiones relevantes, poniéndose de acuerdo para vestirse de blanco (paquetes, sobres, cajas, envolturas) y presentar el #SoyCapaz como un gancho para vincular emocionalmente un mensaje de perdón.

Este “Olimpo” de la publicidad y las comunicaciones, desde sus oficinas bogotanas, #FueCapaz de proyectar su idea creativa en una manera de mostrarle al país (a todo el mundo, ¿si me entiende marica?) que se puede apoyar el proceso de La Habana sin ser Castrochavista, que se puede escoger el lado de apoyar la paz, y que perdonar pasa por ponerse en los zapatos del otro.

Y para mostrar cómo es esto de ponerse en los zapatos de otro, cometieron la audaz idea de poner a los presidentes y directores de grandes empresas a intercambiar, cómo no, los zapatos frente a los flashes de la farándula criolla y las cámaras del entretenimiento informativo.

Quien sabe si esa noche Juvenal Ulcué Ipia, líder comunero de Toribío, vio en el noticiero cómo alguien decía “saber cómo ponerse en los zapatos de otro”. Posiblemente así fue. Y de ser así, seguramente se preguntó por los zapatos de quién se pusieron los niños de la escuela de la vereda La Palma que, sin saberlo, habrían podido detonar la pipeta de gas enterrada por las Farc prácticamente en el patio de recreo.

#SoyCapaz de destruir esa bomba, debió decir el coronel Germán López, comandante encargado de la fuerza de tarea Apolo, a cargo de hacer una detonación controlada y eliminar así ese riesgo latente para todos los niños de la vereda. La misma desactivación de bomba había sucedido, esta semana también, en una escuela de San Andrés de Pisimbalá en el municipio de Inzá al oriente del Cauca.

Estos artefactos sembrados en los alrededores de las escuelas en el Cauca dan cuenta de que hay uno, o unos, explosivistas bien entrenados en la zona, que al parecer saben mucho de técnica de explosivos, pero desconocen absolutamente qué es la compasión frente al que sufre un daño, cuál es la idea general de protección a los niños, o porqué se habla de garantía absoluta de respeto por la vida del otro, cualquiera que él o ella sea.

Esa persona que siembra muerte alrededor de las escuelas tiene que saber del peligro que supone para cualquier persona más allá de su “objetivo militar”. Para la paz, esta persona deberá aceptar la inutilidad y la vileza de su arma, para redirigir sus destrezas. Esa vuelta es llevar el proceso hasta donde toca, que no es en Bogotá, ni en los salones de La Habana. Es en las veredas del campo colombiano, en sus escuelas y en sus salones comunales. Todo será más fácil si #SoyCapaz de entenderlo.

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