Extorsión: En nombre de la paz

0

michel mayaPor Michel Maya

@Michel_Maya

La Palabra extorsión viene del latín extorsĭo la cual deriva de extorquere que significa, sacar algo violentamente afuera. El prefijo ex indica separación o expulsión, según la Real Academia de Española.  Extorsión es una “amenaza de pública difamación o daño semejante que se hace contra alguien, a fin de obtener de él dinero u otro provecho. Es una Presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido.”

El pasado 26 de Agosto de 2012 el gobierno y las FARC suscribieron en la Habana (Cuba) el “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una Paz estable y duradera”, después de seis meses de conversaciones secretas. Desde ese momento el debate nacional sobre el propósito de paz ha colmado la agenda pública. Paralelamente en la discusión política -en términos electorales-, mediática y de opinión del país, floreció una tendencia a cimentar un imaginario colectivo que divide al país en dos: pro paz y contra la paz.

El matiz de los discursos se resumió en frases del Presidente Santos que arrincona a sus contradictores bajo el rango de “enemigos de La paz” o como la del ex presidente Álvaro Uribe, quien inicialmente acusó a todos aquellos que apoyaran la paz como personas “que quieren entregarle el país a las FARC”, de ahí que gracias al clamor nacional por La paz se haya visto obligado a migrar a la denominación de “Paz sin impunidad”. Muy temprano (2012) en el proceso de negociación se abonó el terreno para que el debate electoral presidencial (reeleccionista) se definiera a partir de la polarización entre “los que están a favor de La paz” y “quienes están en contra de ella”.

¿Cómo no querer darle fin a un conflicto armado de más de 50 años que nos ha costado tantas vidas, heridas, atraso y cimentado la violencia? La paz es un propósito común. Según Sergio Jaramillo alto consejero para La paz, quien para algunos es el verdadero cerebro tras el proceso en curso, “estamos ante una oportunidad real, una oportunidad única, tal vez la última oportunidad de poner fin de manera organizada y productiva al conflicto armado en Colombia”.

Hoy el presidente Santos tiene como eslogan “hay que ganar La paz” y  ha anunciado por todos los medios posibles a nivel nacional e internacional que él, en persona, es la garantía de la paz, del proceso de paz, que sin él, el proceso corre riesgos. No es extraño entonces que en medio del debate presidencial el equipo negociador del gobierno anuncie que “están pensando en suspender las negociaciones hasta que pase la segunda vuelta”; la presión es de tal nivel, que diversos líderes tan disimiles como Antanas Mockus (ex candidato presidencial verde) y Gustavo Petro, anuncien su apoyo a Santos en nombre de la paz.

La paz es una política de Estado, no un proyecto de un gobierno o de un presidente específico. La paz es más que un anhelo y necesidad colectiva, es un mandato ciudadano. Afirmar que solo el presidente candidato Juan Manuel Santos está en capacidad de hacer la paz es un frentero acto de extorsión política con las herramientas de gobierno;  es un acto del mismo talante como amenazar a los beneficiados con las casas gratis con que se las van a quitar, si no gana Santos.

A lo que nos enfrentamos es a una manipulación política y mediática, a un fenómeno de extorsión que juega con nuestros deseos colectivos y desconoce la historia del mundo. ¿Acaso el proceso de fin del apartheid (segregación racial) en Suráfrica se detuvo porque  Pieter Willem Botha dejó de gobernar para dar paso a  Frederik De Klerk, -proceso que además permitió que Nelson Mandela ganara las primera elecciones presidenciales interraciales en dicho país-? ¿Será que el acuerdo de Viernes Santo que dio fin al conflicto armando en Irlanda dependía sólo del presidente de turno?

Existen cientos de ejemplos mundiales que demuestran que los procesos de paz son procesos de Estado, no de un gobierno o un gobernante de turno. La valentía de dialogo que demostró el presidente candidato Santos por iniciar el dialogo, se desvanece cuando trata de hacernos creer  que el que dialoga es él y no el Estado colombiano desconociendo que el Estado somos todos.

Comments are closed.