Falta de respeto

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Camila-ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

“Gabinetología”, es la palabra más utilizada recientemente  por parte de quienes estamos pendientes de los movimientos políticos del país. Nos encanta especular acerca de quién se queda y quién se va. Rumores vienen y van pero poco pensamos en aquellos que sufren ante la incertidumbre de no saber lo que va a pasar.

El presidente Santos nos ha tenido acostumbrados desde su primer mandato a que los anuncios sobre quiénes integrarán su gabinete se hagan a cuenta gotas, generando expectativas y poniendo a jugar a las adivinanzas a quienes están pendientes de sus decisiones. Estrategia que, parece ser, a los periodistas nos encanta; pues nada mejor que creer que tenemos la información certera y exclusiva con la cual le podemos apuntar a la chiva. Pero qué juego más cruel con quienes  están esperando un nombramiento o un despido. Pareciera que el presidente disfrutara con el sufrimiento de quienes han decidido dejarlo todo para trabajar por él y apoyarlo en el proyecto poco exitoso que  trazó.

Pero pensando más allá de los funcionarios,  esto trae unas consecuencias negativas para el funcionamiento del Estado. Es evidente que hay que trabajar y falta mucho por hacer, sobretodo después de una campaña que paralizó al ejecutivo por ponerlo a las órdenes del candidato de la Casa de Nariño. Hoy, cuando los motores deberían estar funcionando a tope, los ministerios y entidades dependientes de la presidencia están caminando a media marcha ante la zozobra de quién se va y quién se queda.  Los funcionarios de planta no le hacen caso al que está, por pensar que se va a ir, y el que está a la cabeza no sabe si puede tomar decisiones de fondo ante la falta de conocimiento de si lo dejarán  en firme.

Por estos días son comunes episodios en los que los ministros no cuentan con el apoyo incondicional del equipo de trabajo asignado; las labores de los subordinados se vienen  reduciendo a la mitad y la explicación de fondo es que la mayoría piensa que a sus actuales jefes  no los ratificarán; y  por supuesto, no quieren desgastar su  energía en quién ya no tendrá mando ni poder de decisión. Así son las reglas de juego en el servicio público: te quieren, te miran y te ponen atención mientras tienes  el cargo; una vez despedido, todos se dan la vuelta. Lo inconcebible de todo esto, es que el jefe mayor acolite y fomente que hoy esto suceda, a pesar de que vaya en detrimento del funcionamiento del gobierno.

 

Pareciera que internamente el presidente ignorara o jugara con lo que se dice en los corrillos y  lo que piensan aquellas personas a la espera de una decisión. Sin embargo, sería bueno que dejara de lado los disfrutes personales que trae la malicia política y el regocijo de su juego, y pensara por un momento en el funcionamiento estatal.  Aún más cuando  el país está enfrentando una grave crisis por cuenta del fenómeno del Niño que apenas comienza, pero que ya deja estragos  en diferentes zonas del país.

A esta crisis social que vive Colombia por causa de la falta de agua, que se generó  por deficiencias de planeación y de políticas publicas que ayudaran a mitigar los estragos del medio ambiente, se le suma ahora que las entidades no funcionan a toda máquina por culpa de la estrategia inexplicable  que aplica el señor presidente, de no anunciar  su gabinete.

La desidia de una administración poco ejecutiva como la actual, que es consecuencia de haber estado pensando sólo en las conveniencias de una reelección, y que nos tiene ante la ausencia de una política ambiental, debe resolverse de inmediato. Sería lo mínimo con el país, que se supiera cuanto antes quiénes quedaran en firme en las entidades para afrontar esta crisis de sequía,  desnutrición y muerte de animales, y así tener claro en qué se comienza a trabajar, para no tener a quienes tienen dirigiendo hoy la política, que son pagados por los ciudadanos,  actuando a medias debido a la incertidumbre.

 

Una cosa más: ¡Qué desfachatez  jugar de semejante manera con los hilos de la justicia! Ante un enfrentamiento tan grave como el del fiscal Eduardo Montealegre y el ministro de Justicia Alfonso Gómez Méndez, lo mínimo es entrar, desde ya, a definir quién tomará las riendas de esa cartera; ya se por encima o por debajo de la mesa.

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