Farc: Tendrán su oportunidad. Y eso es lo que cuenta

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Gustavo OrozcoPor Gustavo Orozco

La única manera de que las Farc comprueben su verdadera inaptitud política es dejando que se fogueen en la arena pública. Si son tan malos y cuentan con tan poco apoyo, como siempre hemos querido pensar, pues que se quemen en las urnas. Pero solo así habremos probado que los canales se abrieron y los participantes, no las instituciones, fallaron en la práctica. Así este intento falle en lograr la paz, la institucionalidad colombiana se habrá mostrado lista para apoyar una transformación y apertura política desde adentro, con la muy notable excepción del cardenal Ordóñez.

 Porque la exclusión política nos pasa todavía hoy la cuenta. Lo mismo pasa en el resto del mundo, donde al optar por excluir por simple desacuerdo, muchos sufren de lo que otros ven como la única salida: la violencia. En el Medio Oriente, la exclusión histórica de los islamistas es hoy una causa fundamental de conflicto y radicalismo. Ante la ausencia de mecanismos de participación y la reticencia de los Estados para permitirles la mera existencia, no les ha quedado más que recurrir a la violencia. A Egipto le espera un arduo camino, aun más ahora que del poder los islamistas pasaron a la persecución con la desgracia del expresidente Mohamed Mursi.

 En algo se parece a Colombia. ¿Acaso olvidamos que la razón misma de nuestro conflicto también se deriva de la ‘iliberalidad’ de nuestra democracia? El bipartidismo que por mucho existió en nuestro país apagó cualquier otra fuente de iniciativa política y suprimió la disidencia que cuestionaba el control oligopólico. ¿O que más que eso fue el Frente Nacional? ¿Por qué se exterminó a la Unión Patriótica?

 Por eso es significativo ver un director del Partido Conservador respaldando la inclusión de la guerrilla en el sistema político, y un comandante del Ejército prometiendo ser guardián de la reintegración. Lo mismo hizo el senador Efraín Cepeda en declaraciones públicas. Los azules habrán preferido la mermelada de quedarse al lado de Santos, que la miseria que le espera al lado de Uribe en la oposición. Igual que los Verdes, cuando la burocracia importa más que la ideología: acepte el pan y tráguese el sapo. Porque Santos y sus políticas han sido poco conservadoras, los militantes godos no estarán muy contentos con el proceso de paz que pondrá en entredicho el poderío de las élites tradicionales, excluyentes y egoístas.

 Bien sabrán que las Farc difícilmente serán un competidor electoral, y que frente a su ilegitimidad, en los ojos del electorado desvirtuarlos será pan comido. Por lo menos en el corto plazo. Como le pasó al FMLN en El Salvador, que le tomó 18 años llegar al poder. Para las Farc el comienzo no será nada fácil; seguramente pocos votos, desprestigio y desconocimiento.

 Pero llegar al poder no siempre ha sido una experiencia fatal. No lo ha sido para Pepe Mujica en Uruguay ni para Dilma Rousseff en Brasil; dos gobiernos democráticos y progresistas, dos experiencias muy distintas del fiasco de Petro en Bogotá. Quizás así pase en Colombia, quizás en 20 años las Farc al fin le respondan al pueblo sin disfraces de cordero ni cuerpos de lobo, como insinuaba Héctor Abad Faciolince en una columna, sino como verdaderos demócratas liberales que aceptan los mecanismos oficiales. Ojala así puedan finalmente hacerle bien a un país que tanto le adeudan. Ojala, por el bien de ellos, suyo y mío, así sea.

 Pero lo habrán intentado, nadie les habrá impedido finalmente llegar al poder. Y si las urnas les probaran que no tienen la razón, por lo menos habrán tenido la oportunidad, y eso es lo que cuenta.

Paréntesis. Santos Presidente (x 2). La ‘traición’ de Santos a Uribe fue una grata sorpresa y nos dejará (ojalá) un huevito de oro más importante por cuidar. Pero una posible traición al proceso de paz, por parte de Vargas Lleras o el que sea, es un riesgo demasiado alto que no vale la pena asumir.

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