Ficción y poder

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Por Patricia Suárez
Tiempo para la lectura

¿Robert Louis Stevenson se adelantó a su tiempo?  


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Naturaleza superior, inteligencia moral e intelectual que le permitió la intuición para construir personajes creados en su ficción narrativa. El Dr. Jekyll toma la “poción”, se transforma en Mr. Hyde y encarna –a voluntad– dos identidades, lucha de contrarios mal y bien en la intensa reciprocidad que va del crimen a la conciencia para volver a la   maldad y luego al arrepentimiento.  

Dos entes que se yuxtaponen en la doble personalidad de Jekyll y Hyde, dos y uno, escisión y tragedia en las personalidades múltiples que se dan en un solo individuo cuando el azar genético, la infancia, la historia personal y sistémica tambalean como dados en “la jugada malograda”.

La pluma fáustica del escritor, al crear tales personajes, me lleva como lectora activa a las vanguardias artísticas que en su tiempo combatieron el llamado “progreso”, la negación a creer en la felicidad que anunciaba.

Hoy, las “tecnologías de futuro, de rayos, de geofísica, de ondas, de genética en búsqueda del llamado […] ‘balance de poder’ […,] las armas que atacan mediante ondas y no dejan rastro, armas psicotrónicas, aparatos de ondas que controlan los pensamientos y comportamientos humanos”, son realidad en los laboratorios secretos del primer mundo.

¿Al igual que el Dr. Jekyll con su poción transformadora, “Los guerreros del saber aplicarán el sistema, […] que multiplica ampliamente la energía emitida, llevándola a la ionosfera, que  puede apuntar hacía áreas extensas en la superficie terrestre? Al enviar la radiación en frecuencias que controlan la actividad del corazón, uno podría matar a ejércitos enteros deteniendo los latidos del corazón de sus soldados”.

La “ficción” de Stevenson, Mr. Hyde, personaje siniestro, comparada con nuestra realidad, el hoy sin duda la supera.

El experimento del Dr. Jekyll  parece inofensivo frente al poder de quienes controlan el mundo a través de la robótica, las armas inteligentes, la manipulación genética, la alucinante aplicación de la ciencia y el preventivo desarrollo para la postración diversificada del ser humano, fragmentado en el único posible que permite la época: olvido de todo ideal, deshumanización ante el poder de la electrónica, simbiosis de lo militar; lazos que mueven los intereses políticos y económicos del mundo, control del globo terráqueo y, como cualquier película de consumo, la conquista del Universo.

Y por último: ¿aceptar que en esta época de narcisismos, donde el adulo embota la moral y arrodilla conciencias, en cóncavos espejos el esperpento toma forma, y en los rincones del silencio entre gritos y saltos sobrevive al naufragio?

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