Fin del conflicto: cese al fuego

0

En alianza con Fundación Ideas para la Paz

Teniendo en cuenta el orden de temas definidos en el “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, las Farc y el gobierno nacional deberán abordar lo que han denominado el “fin del conflicto”. Este punto incluye el tema del cese al fuego y de hostilidades como asunto procedimental, que resulta de vital importancia frente a la posibilidad de darle un cierre efectivo y expedito al proceso de paz.

La suspensión de las acciones armadas dentro de un conflicto es importante y, por demás,  necesaria para avanzar en la construcción de la paz; pero así como puede contribuir en este  propósito también puede dificultar su logro si no es clara su intencionalidad ni su alcance. En ese sentido, el impacto que pueda llegar a tener se deriva de la interpretación y la forma como sea diseñado y es allí donde el conocimiento de las partes frente a las diferentes vías de acción resulta determinante.

Con el ánimo de avanzar en la comprensión de dichas alternativas, EL PUEBLO recoge las principales ideas del documento Fin del conflicto: cese al fuego, de la Fundación Ideas para la Paz.

Conceptos y definiciones de “cese al fuego”

Los procesos de paz comprenden al menos dos grandes fases o etapas que deben surtirse para alcanzar acuerdos que puedan poner fin a un conflicto armado: una de prenegociación y otra de negociación. En la prenegociación una de las cuestiones clave consiste en definir una hoja de ruta o agenda de temas que se discute a profundidad en la segunda fase de negociación. El contenido de dicha agenda generalmente incorpora aspectos o temas de forma y fondo que teóricamente pueden subdividirse en tres categorías: una de temas sustantivos (demandas estructurales de las partes), otra de temas operativos (DDR) y otra de temas de procedimiento (reglas del juego: tiempos, espacios, etc.).

Desplazmaiento-dessarmeSi bien la atención de las discusiones se centra en los temas sustantivos, en el fondo el ritmo de avance de las negociaciones muchas veces depende de consideraciones operativas o de forma. Una de esas cuestiones tiene que ver con el cuándo, el cómo y con qué alcance debe producirse la interrupción o suspensión de las acciones violentas de las partes, que así como puede facilitar el desarrollo de la discusión, también puede convertirse en un obstáculo cuando las partes no le dan la misma interpretación.

No existe un concepto único y generalizado que aluda a la suspensión de las acciones armadas en un conflicto armado. Este proceso suele ser descrito a partir de diferentes etiquetas: tregua, cese al fuego, cese de hostilidades, alto al fuego, armisticio, etc., que son utilizadas regularmente de acuerdo con los intereses de las partes involucradas, las características de la confrontación y los momentos y actores involucrados dentro de un escenario de conflicto o negociación. A pesar de esto, en la práctica los acuerdos de interrupción del acontecer bélico casi en todos los casos tienen en cuenta aspectos relacionados con actos prohibidos, separación, repliegue o acuartelamiento de tropas y con la verificación de cumplimiento de los compromisos.

Por lo tanto, cuando la decisión de suspender las acciones armadas se desprende de un acuerdo entre las partes, suelen establecerse las condiciones y efectos que tiene dicha suspensión. Pero cuando responde a una declaración de intención de una sola de las partes, con su propia visión e intereses, se generan problemas de interpretación que pueden devenir en la interrupción del proceso. Con todo y eso, las declaraciones pueden adoptar diferentes variaciones.

Experiencias internacionales: Angola y Nepal

Experiencias como la de Angola y Nepal demuestran lo diversas que pueden ser las declaraciones de alto al fuego de acuerdo con las particularidades de la confrontación. En el primero, este no solo resultó de los acuerdos de paz que se firmaron al final de la primera negociación (Bicesse, 1991) sino que incluyeron aspectos muy puntuales con cronogramas y calendarios concretos, referidos a los actos prohibidos, los procedimientos de separación de tropas y la verificación. Pese a que este primer acuerdo fue trasgredido en dos oportunidades, al final el acuerdo general de paz contempló las mismas disposiciones con relación a la suspensión de las hostilidades. A diferencia del anterior, en el caso de Nepal no solo hubo una declaración de cese al fuego sino tres y en diferentes momentos. Los dos primeros fueron temporales, uno fue interrumpido por falta de confianza mutua entre las partes, el segundo se tomó como medida para facilitar los diálogos y el tercero fue el definitivo. En este caso también se especificaron actos prohibidos y mecanismos de verificación internacional.

Experiencias nacionales

De los procesos de diálogo que se han llevado a cabo en Colombia desde los ochenta, en casi todos se incluyó el tema de cese al fuego y de hostilidades, aunque solo algunos  hayan desembocado en acuerdos de paz. En el proceso Betancur-Farc la declaración fue bilateral y se dio como resultado de los acuerdos de La Uribe; en los procesos Barco-M-19 y Gaviria-EPL-QL-PRT (Ejército Popular de Liberación, Quintín Lame y Partido Revolucionario de los Trabajadores, respectivamente) la declaración fue bilateral y se dio como condición para iniciar los diálogos; en el proceso Pastrana-Farc hubo un cese del fuego inicial no formal enmarcado en la zona de distensión, y en el proceso Uribe-AUC hubo un acuerdo inicial y en apariencia definitivo. Aunque en el proceso Gaviria-CNGSB (Coordinación Nacional Guerrillera Simón Bolívar) hubo intercambio de propuestas, estas nunca lograron concretarse.

Cabe señalar que de los cinco procesos en los que sí hubo acuerdos de cese del fuego y de hostilidades, en dos la violación de los compromisos, la persistencia de la violencia y lafalta de confianza terminaron por interrumpir los diálogos, tal es el caso del proceso Betancur-Farc y Pastrana-Farc. Los otros tres lograron satisfactoriamente su cometido: propiciaron el desarme, la desmovilización y la reinserción de los grupos guerrilleros. En los procesos Betancur-Farc, Barco-M-19 y Gaviria-(EPL-QL-PRT) se contemplaron mecanismos de verificación por medio de comisiones conjuntas integradas por las partes.

Proceso de Paz PastranaAnte el fracaso del escenario de paz negociada de Pastrana, el gobierno de Álvaro Uribe decidió impulsar una política de mano firme en contra de las Farc, pero dejó abierta la posibilidad de dar una salida política al conflicto con otras agrupaciones siempre que declararan unilateralmente un cese de hostilidades. Tal fue el caso de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, con las que se concretó un acuerdo que devino en su desmovilización parcial. Este proceso, que inicialmente se desarrolló de manera confidencial desde 2002, se estructuró en tres etapas siendo la primera y una de las más importantes, la declaración del cese unilateral de hostilidades por parte de las AUC, seguido de la ocupación por parte de la fuerza pública de las zonas controladas por los paramilitares y del desarme y desmovilización de sus estructuras.

Estos compromisos se mantendrían parcialmente (ante los hechos de violencia y ajustes de cuentas internos realizados durante el periodo de desmovilización) y serían fortalecidos a la luz de los acuerdos de Santa Fe de Ralito el 15 de julio de 2003, en el sentido de cumplir con el cese de hostilidades como expresión de buena voluntad, y en los Acuerdos de Fátima del 13 de mayo de 2004, en el sentido de contribuir al perfeccionamiento de la verificación del cese de hostilidades por primera vez a través de la intervención de un organismo internacional, en este caso, de la Misión de Apoyo de la OEA, cuyo mandato incorporó funciones de verificación del cese del fuego desde 2004 hasta 2010.

El cese al fuego en las agendas de paz de las Farc

En los tres procesos de diálogo en los que participó las Farc (Betancur, en La Uribe – Meta; Gaviria, en Tlaxcala – México; y Pastrana, en El Caguán – Huila), la agrupación guerrillera incluyó dentro de su agenda el tema del cese al fuego y de hostilidades haciendo referencia a seis aspectos fundamentales: 1) como condición previa al inicio de las conversaciones, 2) de carácter bilateral, 3) temporal y con posibilidad de prórroga, 4) verificable por medio de comisiones conjuntas de las partes, 5) ofensivo más no defensivo y sustentado en el principio de “legítima defensa”, y 6) con despeje de territorios.

Con la llegada al poder de Andrés Pastrana y la declaración de El Caguán como zona de despeje se dio inicio a un nuevo esfuerzo de paz en el que el cese de hostilidades volvió a cobrar protagonismo. Ahora bien, pese a que dicha zona significaba de facto la aceptación de un cese al fuego bilateral para posibilitar los diálogos (pero solo en esa área), lo cierto es que fue durante el transcurso de las discusiones sobre los temas sustantivos de la agenda común y luego de varias interrupciones y sobresaltos, que el tema se abordó formalmente. En este caso la propuesta de las Farc se caracterizó por ser amplia y ambiciosa en cuanto a la concepción de las “hostilidades”. Se planteaba el cese de hostilidades referido a 1) el desmonte del paramilitarismo, 2) el respeto por los derechos civiles u político, la suspensión del modelo económico neoliberal, 3) la desprivatización del sector de comunicaciones, transporte, puertos, viñas, infraestructura energética etc., 4) la suspensión de la ley de extradición, 5) lucha frontal en contra del fenómeno de la corrupción, 6) erradicación de cultivos ilícitos, 7) suspensión de las hostilidades mediáticas, y 8) la creación de una comisión de verificación con participación de las partes y de la sociedad colombiana encargados de supervisar el cumplimiento de los acuerdos sobre estos temas72

Vale la pena recordar que las propuestas de cada parte se discutieron, pero nunca se llegaría a un acuerdo.

Mesa de diálogo Santos

Debate actual

Desde la instalación de la mesa de diálogos con las Farc, el presidente Juan Manuel Santos, su ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, y el jefe de la delegación de paz del gobierno, Humberto de La Calle, han sido enfáticos en afirmar que mientras avancen las conversaciones no habrá ningún tipo de tregua, que seguirá el combate militar y que no se renunciará al legítimo derecho que tiene la Fuerza Pública de usar las armas para defender el territorio nacional y la población. La posición del mandatario se justifica en los procesos anteriores que terminaban otorgándole una ventaja a la guerrilla para fortalecerse, tomar oxígeno y seguir su estrategia de llegar al poder por la vía de las armas.

Al respecto las posiciones son encontradas: hay quienes consideran que el cese al fuego debe hacerse mientras avanzan las conversaciones para generar confianza entre las partes y quienes sugieren hacerlo de manera paulatina (“desescalar”). Igualmente se ha discutido la importancia de aclarar el significado y alcance de las acciones que deben prohibirse y la intencionalidad de las partes. Frente a este último aspecto se han esgrimido diversas opiniones a propósito de la tegua unilateral decretada por las Farc a finales de 2012, que para algunos fue un acto de voluntad de paz y para otros simplemente una forma de recuperarse militarmente.

Comments are closed.