Fomentar el debate público

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Por Álvaro Guzmán Barney Director CIER cier@uao.edu.co
Por Álvaro Guzmán Barney
Director CIER
cier@uao.edu.co

Por Álvaro Guzmán Barney

Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiano, CIER Universidad Autónoma de Occidente

Ha sido conveniente que los diálogos de La Habana se hayan sostenido dentro de cierta reserva de las partes y sin la participación, desde un inicio, de innumerables sectores sociales, que se sienten con derecho a participar. Pero esta metodología de discreción tiene sus límites, en la medida que la mesa de negociadores vaya llegando a acuerdos sobre los temas de la agenda. Firmados estos acuerdos por las partes, ¿cómo se refrendan ante el Estado y la Sociedad colombiana, de manera que el problema sea asumido por la gran mayoría de colombianos?

Se insinúan varias alternativas, desde las que señalan el papel del Congreso, hasta las que hablan de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, pasando por mecanismos de legitimación a través de un referendo popular. Todas tienen aspectos que se pueden valorar como positivos o negativos, teniendo la meta de lograr una paz que convenga a todos los colombianos.

La refrendación por el Congreso es dudosa, por la historia reciente del organismo legislativo, por la calidad de los congresistas que tenemos y por la debilidad de los partidos. Es un Congreso sin credibilidad, cuestionado por diversos sectores de la sociedad civil. El voto popular puede darse, siempre y cuando las propuestas de acuerdo estén suficientemente desarrolladas, de manera que se sepa con precisión por lo que se vota. Convocar a una Asamblea Nacional Constituyente es un mecanismo interesante, tal vez el mejor, siempre y cuando se busque profundizar la democracia, fortaleciendo todos los mecanismos y regulaciones de la democracia liberal, que es la única que históricamente conocemos como avance en la organización política democrática del mundo moderno. Hay que salirle al paso a las distintas formas de autoritarismo, de izquierda y de derecha, que de manera cesarista se presentan como formas válidas de democracia que pueden encontrar eco entre los asambleístas.

Es difícil pronosticar el rumbo concreto que tome la sociedad colombiana en el futuro próximo, pero es deseable y posible, por razones internas y de contexto internacional, que se logre un acuerdo de paz, se proporcione algún tipo de refrendación al mismo y se inicie un período de “posconflicto” en el que el propósito debe ser la convivencia y el bienestar ciudadanos para esta y las generaciones que vienen. En este sendero, posible y tortuoso, ¿cuál es el papel que le corresponde, desde ahora, al medio académico?

Es indispensable fortalecer la opinión pública, con connotaciones de mediación entre intereses extremos y buscando precisar y definir los intereses generales que no son los de  grupos particulares como los gremios y los sindicatos y tampoco necesariamente los que se expresan desde el Gobierno y el Estado. Los intelectuales, particularmente los académicos, tienen una responsabilidad especial en promover el debate público, discutir las alternativas y sustentar públicamente, así sea de manera hipotética, aquellas que se consideren mejores. Nos parece que este debate es aún débil en Colombia, se concentra en pocos medios y columnistas de opinión, pero es particularmente precario en el suroccidente colombiano. El Cier quiere contribuir a este debate con un conjunto de columnas que se inician la próxima semana. Este ejercicio se combinará con un nuevo ciclo del Seminario Permanente Cier, que ya lleva dos semestres y que iniciará un nuevo ciclo en agosto de este año y la publicación de un boletín trimestral, entre otras actividades del Centro.

Consideramos, en la secuencia temática de las columnas por venir, que el tema ambiental debe introducirse como vertebral a todos los aspectos que se toquen en el posconflicto, no solamente en el punto agrario. No se puede aceptar que sea un tema que se está introduciendo por la puerta de atrás, como si no fuera prioritario para la sociedad colombiana, precisamente en el posconflicto y dado el grave deterioro ambiental que se le puede atribuir al conflicto armado. De manera más general, es bueno volver a pensar sobre el modelo de desarrollo conveniente para el país, articulando los problemas del medioambiente, con los del desarrollo territorial, la participación política y el rol de los mercados. Hay que redefinir el modelo de bienestar que puede identificar a la sociedad colombiana. También hay que reflexionar sobre las posiciones de los diferentes sectores sociales en torno a este complejo problema, sus visiones particularistas, así como mostrar que en Colombia y en el mundo se están reconociendo nuevas identidades y formas de pensar que van a darle vida y contenido a las propuestas que salgan y se quieran ejecutar.

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