Fútbol y música: ¿Alienación o identidad cultural?

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anonimo1j“Fútbol y Música: ¿alienación o identidad cultural?” que publicamos hoy ha sido escrito por Miguel De Moragas Spa.

El profesor De moragas fue un destacado teórico e investigador de la comunicación, tema de reflexión cuya importancia e incidencia fueron cada vez mayores en el mundo contemporáneo. Se desempeñó como decano de la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Autónoma de Barcelona.

El artículo que publicamos pretende ejemplificar, a través de fenómenos como el del Club de Fútbol Barcelona y cómo “La nueva Canción”, cuyo representante más conocido en nuestro país fue Joan Manuel Serrat, como la restricción o la ausencia de libertad en los medios de comunicación masivos condicionan el origen de movimientos culturales específicos que constituyen cierta excepción en el panorama general de la cultura de masas.

El profesor De Moragas estuvo en Cali en 1975 por unos días en calidad de invitado por la Universidad del Valle, donde dictó conferencias y desarrolló un seminario con los profesores del Departamento de Ciencias de la Comunicación de esa universidad.

Acá empieza el cuento

Fútbol y música: ¿Alienación o identidad cultural?

Miguel De Moragas Spa

La política cultural del franquismo utilizó el fútbol con un claro propósito alienador. El eje de esta alienación giró en torno a la creación de lo que puede llamarse “universo cultural futbolístico”, fenómeno que no puede interpretarse sin hacer referencia a los circuitos comunicativos generados por la información deportiva que alcanzó en España –en contraste con las miserias de la información general- cifras impresionantes en número de publicaciones y en tirajes, únicas en Europa.

Los aspectos centrales de la alienación futbolística no se encuentran tanto en el carácter masivo que le es inherente como deporte-espectáculo, postura que ha defendido la aristocracia cultural, como en el universo cultural que se organiza a su entorno, la “polémica deportiva” (el gol, el penalti, el fuera de juego, las opiniones avant match, etc.), imposible sin el concurso de los medios de información deportivos, cuya función social era la de sustituir a la ahogada polémica política y social.

Se ha dicho, por ejemplo, que con la democracia y después del franquismo, se produciría un descenso en la afición futbolística. Los testimonios históricos, sobre todo los que hagan referencia a contextos sociales anteriores a la imposición de la cultura de masas, no tienen hoy ninguna, o poca, vigencia. Debe decirse en cambio que, como ya se ha demostrado con el descenso en la venta de la prensa deportiva, descenderá el interés por la “polémica deportiva”, por el universo cultural que el fascismo generó para sustituir el universo de la polémica política. Este esquema es aplicable y vigente, como en general todos los aspectos de la cultura de masas centralizada a los circuitos catalanes de la cultura masiva. De ahí que, por otra parte, pueda decirse que la burguesía pudo jugar a la política cultural con dos barajas, la que le servía el Estado y la que se servía ella misma en defensa de su contexto cultural específico.

En la interpretación del carácter cultural del fenómeno “barcelonista”, deberá tenerse en cuenta la fuerza política de ambas barajas. En cualquier caso, el fenómeno “barcelonista” en su totalidad, supera el marco anterior, o por lo menos presenta aspectos que el cuadro teórico anterior es incapaz de explicar. El fenómeno barcelonista sólo puede explicarse teniendo en cuenta la existencia de principios de contradicción en el seno de las culturas dominantes.

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El F.C. Barcelona –en contradicción con la política cultural dominante- ha tenido durante el franquismo, y de manera creciente, categoría de fenómeno cultural popular dominante de dimensión nacional. No era un Club de Barcelona, era el Club de Catalunya. El “Barca” permitió un movimiento de integración social que constituye un caso sintomático de la situación de la cultura de masas en Catalunya durante aquel periodo.

En torno al F.C. Barcelona se generó una mitología que permitió la identificación de amplias capas de la población, nacidas y no nacidas en Catalunya, en torno a un nivel ideal, meta común. Las razones de su éxito social pueden encontrarse en el doble eje semántico del “poder colectivo” (un gran estadio, capacidad de inversión en grandes fichajes, importancia numérica de los socios y aficionados, etc), y en la posibilidad de “la victoria”. Ambos ejes giran en torno a valores semánticos de carácter ambiguo “barcelonismo”, “germanor”, “mes que un club”, etc., que tienen en el trasfondo de su campo semántico un aspecto decisivo en la afirmación de “anticentralismo”.

Puede pensarse, por tanto, que la génesis de nuevos modelos culturales que permitan una identificación popular parecida –amor, respeto y fidelidad a la “Generalitat”, por ejemplo- tenderán a desplazar la fuerza identificatoria de la mitología “barcelonista”.

El hecho es que durante el franquismo la situación de opresión cultural y política que sufrió Catalunya hizo posible la asociación de fenómenos identificadores de valor político latente que contradecían los proyectos de la política cultural dominante. En este marco “el barcelonismo” constituye un modelo cultural capaz de conseguir la cohesión social que es propia de los modelos culturales masivos.

Desde el punto de vista de afirmación nacional, el “barcelonismo” es un fenómeno positivo, de reencuentro con las señas de identidad colectiva, sistemáticamente neutralizadas por los aparatos ideológicos del Estado centralista, y es al mismo tiempo un producto  cultural que debe explicarse como resultado de aquella situación de dominio.

El fenómeno barcelonista presenta, pues, un segundo aspecto si lo analizamos desde la problemática social interna de Catalunya. En el estadio, u eso es compatible con la democracia liberal, se “sientan” y se “sienten” unidos las distintas clases sociales en torno a un proyecto común.

Estamos entonces ante un segundo aspecto de la alienación futbolística común a otros varios modelos culturales propios de la sociedad capitalista desarrollada: los que proponen elementos simbólicos de cohesión social. Todas las clases sociales se unen en torno a slogans como “¡Visca el Barca!”, ¡Hala Madrid!”, “¡Viva el Murcial!”, etc., modelos culturales de cohesión interclases que disimulan las diferencias de la organización social capitalista.

Una vez tratado el problema de la nacionalidad queda pendiente el de la explotación de clase. El de la génesis de esquemas culturales que, fetichizando la realidad de las relaciones de poder, den a unos el poder real, las condiciones de vida propias de la sociedad del bienestar, y a otros el poder simbólico, el encadenamiento de sus propios deseos impuestos.

“Si se piensa –dice Morín- que en los Estados Unidos o en Europa occidental las clases o las categorías sociales permanecen separadas en el trabajo, en las relaciones de autoridad, en las relaciones de comprador a vendedor, separados en el hábitat, en los barrios o en los bloques, se puede avanzar que la cultura industrial es el único gran terreno de comunicación entre las clases”.

Si se piensa en el entusiasmo colectivo de los aficionados al fútbol, se observará que este terreno común alcanza, en la pasión por un equipo de fútbol de una ciudad, un grado máximo de desarrollo.

La “nova cancó”

En nuestra reflexión sobre la problemática de la cultura de masas en una nación minoritaria y sometida al centralismo político, económico y cultural del Estado español, como es Catalunya, podemos hacer referencia a otro de los pocos ejemplos culturales de influencia masiva; que se generan como defensa de la entidad colectiva: me refiero al fenómeno de la canción de autor en Catalunya que se denomina “nova cancó”.

La “Novena cancó” es, propiamente y en el sentido más estricto de la palabra, un fenómeno, aunque alternativo, de cultura de masas. La “novena cancó” reúne todas las condiciones típicas de este fenómeno incluidas las nociones de modernidad y vinculación a los mass media.

Veamos cual es si estructura comunicativa. La canción puede vincularse, por lo menos, a cinco modelos comunicativos. La canción en pequeños grupos. La canción en la situación de comunicación teatral (un recital). La canción en una situación de consumo privado (el disco). La canción divulgada a través de los medios de comunicación de masas (radio y televisión). La canción de autor interpretada de una manera espontánea, en privado o en público por personas de la calle: Esta pluralidad y estas interconexiones han resultado decisivas para el desarrollo y supervivencia de la “nova cancó”.

Si se la compara con la canción protagonizada por cantantes como Raphael, Frank Sinatra, Manolo Escobar, etc., se observa que la diferencia fundamental radica en el hecho de que la canción catalana, aunque nunca haya prescindido de ellos, no tiene si eje de difusión principal de los medios de comunicación de masas. Los cantantes más importantes de la “nova cancó”, Raimon, Llach, Serrat, han sido “personas non gratas” de los medios de difusión, Radio y Televisión, durante la mayor parte de su vida profesional.

La canción catalana no cuenta, ni ha contado, con una red de comunicación masiva propia, y no tanto por razones de censura o prohibición, que ha existido, sino más profundamente por la ausencia de red comunicativa catalana específica.

La canción catalana, limitada por las condiciones industriales de la sociedad moderna, no podía seguir las mismas leyes de los grandes modelos de la cultura masiva.

A nivel de contenidos, la “nova cancó” se aleja de los modelos comunes de la canción de consumo, para convertirse en una canción que, sin dejar de ser literaria, es, fundamentalmente, política. Su punto de partida fue la reivindicación del idioma catalán para el uso común, y significó una primera ruptura con la exclusivización del fenómeno cultural catalán en el reducto de la cultura “de calidad” (histórico, literario, lingüístico), y con el reducto folclórico al que quedan inscritos los modelos culturales de comprensión popular en una situación de dominación política. Por esto, precisamente, se le llama “nova cancó”, diferenciándose de la canción popular catalana, generada en una situación socioeconómica anterior a la aparición de la cultura masiva.

El análisis del fenómeno futbolístico no resiste a la crítica social, el análisis de la nova cancó, sí: porque aunque en un primero momento venga potenciada por los mismos intereses de clase (aparición de las primeras empresas discográficas vinculadas a grupos de presión económicos), puede romper, en buena parte, con esta situación por la posibilidad semiótica inherente a la canción de transmitir contenidos culturales precisos.

Adviértase que en el fenómeno futbolístico los significados en juego son significados ambiguos que permiten la integración irracional de las masas (“¡Visca el Barca!”, “germanor”, “barcelonieme”, “¡Gol!”, etc.), mientras que los significados presentes en la cancó son atribuibles a  situaciones sociales concretas.

El público acepta la “nova cancó” porque precisa de elementos simbólicos de cohesión, no solo racionales, sino también sociales, que se transmiten, y eso es central, por los mismos modelos comunicativos que la industrialización de la cultura ha impuesto.

Este conjunto de circunstancias explica el hecho, aparentemente sorprendente, de la incapacidad de generar “canciones de consumo” en catalán. Ningún intento de promocionar un cantante de consumo en catalán se ha visto plenamente coronado por el éxito.

La constatación de este hecho nos abre las puertas de un problema cultural central para la Catalunya contemporánea y que puede constituir, quiero insistir en ello, un caso de extrema curiosidad para los investigadores en materia de comunicación y cultura de masas. ¿Qué exigencias comporta para la política comunicativa y cultural de masas de Catalunya la autonomía política y económica?

La lógica de la cultura industrial es la lógica de la producción industrial en general. El público de habla catalana se reduce a unos seis millones de habitantes, ¿es posible en estas condiciones la simple traducción al catalán de los programas de TVE, de los telefilmes americanos, de los consultorios femeninos, etc.- etc.?

A priori, y entendiendo que estas preguntas no son aislables de a evolución política y económica en general, debe pensarse que esta situación parece difícil, sobre todo si se tienen en cuenta los grandes intereses capitalistas que controlan los medios de comunicación de masas. Si se afirma que la autonomía política no es posible sin la autonomía económica, esta circunstancia se repetirá con la misma o mayor precisión en el binomio entre economía y cultura.

A Priori, puede advertirse que, con todo, la lógica de dominación capitalista no se actualiza en todos sus extremos, ya que existen unos importantes movimientos de contradicción cultural, resultado del propio movimiento social.

Estos ejemplos nos permiten proseguir una reflexión tan importante como la posibilidad de desarrollo de las culturas minoritarias en el marco actual de la sociedad industrial y de la cultura industrializada.

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