Futuro incierto para el Valle del Cauca

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 Por Mauricio Cabrera

¿Qué le espera al Valle del Cauca después de las elecciones atípicas para reemplazar al destituido gobernador Useche? El análisis de la votación muestra algunos cambios en el mapa político de la región, unos positivos y otros muy preocupantes; pero más allá del escrutinio, lo que queda claro es que no se ha superado la profunda crisis institucional del departamento.

En cuanto a los resultados electorales, el hecho más preocupante es la enorme abstención, que fue superior al 80 %, cuando la tradicional es de “solo” el 50 %. De los 3.1 millones de personas que podían votar, menos de 600.000 se tomaron el trabajo de salir de sus casas e ir a las urnas para ejercer su derecho democrático.

De estos, el 44% votaron por el ganador, de manera que tenemos un gobernante con bajísima representatividad dado que fue elegido con el voto de menos del 9% de los ciudadanos.

Se han tratado de dar algunas justificaciones circunstanciales a esta masiva y antidemocrática apatía ciudadana: que el puente festivo, que el partido de fútbol, que no se elegían concejales, etc.

Lo cierto es que a 4 de cada 5 personas no les interesó decidir con su voto quién debe gobernarlos. Ni siquiera se explica este desinterés por que todos los candidatos fueran malos o mediocres, porque se tenía la opción de votar en blanco contra todos ellos.


A pesar de esto, el voto en blanco fue un resultado positivo de la jornada electoral pues duplicó su participación frente a las elecciones pasadas, de manera que casi la cuarta parte de quienes votaron decidieron protestar contra los candidatos y los partidos políticos que los avalaron.

Esta fuerza del voto de opinión, que en Cali estuvo muy cerca de ser el ganador, debe ser una campanada de alerta para una clase política desprestigiada a la que le interesa más la repartija burocrática y los contratos oficiales que el bienestar de la población.

Otro hecho positivo para resaltar es la tendencia a la pérdida de influencia del clan Martínez-Abadía. El candidato transfuga, que pasó del partido de la U al PIN-MIO sin romperse ni mancharse, solo sacó un poco más de la tercera parte de los votos que había sacado Useche.

En participación también hay una fuerte caída pues mientras Abadía obtuvo casi la mitad de la votación en el 2007, el candidato que apoyaron bajó al 33 % en el 2011 y al 29 % en las últimas elecciones.

Hay esperanzas de que el Valle se libere de esta maquinaria corrupta, pero no se puede cantar victoria todavía. En primer lugar, porque no hay alternativas que sean un cambio real en las costumbres políticas de la región, y a los partidos de la Unidad Nacional les fue casi tan mal como a sus contrincantes.

En efecto, a pesar de tener todo el apoyo de la coalición de gobierno, los 260 000 votos de Ubeimar implican una caída del 60 % frente a la votación que habían sacado el año pasado los partidos que lo avalaron, lo que demuestra el poco entusiasmo que despertó esta candidatura.

De otra parte, la amenaza continúa porque el sofisticado intento de fraude electoral, frustrado por la oportuna intervención de la Policía, demuestra hasta dónde están dispuestos a llegar los del PIN-MIO para volver a apropiarse de los recursos del departamento.

Pero también demuestra que deben ser ciertas las acusaciones sobre fraude y manipulación de votos en la supuesta victoria de Useche en las elecciones de octubre, lo que agravaría la crisis del departamento.

Antes de que se le entregara la credencial de gobernador electo a Useche se presentaron varias demandas pidiendo el recuento de los votos por la abundante evidencia que existía sobre el posible fraude que le dio la victoria por solo 4000 votos.

Aunque en su momento no fueron atendidas, ahora parece que sí se va a ordenar el recuento; y si se llega a comprobar el fraude, y Jorge Homero Giraldo es declarado el ganador de esas elecciones, llegaremos a la absurda situación de tener dos gobernadores electos.

El caso es insólito y no tiene antecedentes; pero según la opinión de varios expertos, la elección de Homero Giraldo quedaría en firme y las elecciones en las que acaba de ser elegido Ubeimar serían declaradas nulas. Nos veremos abocados, entonces, a un nuevo cambio de administración y a estrenar el octavo gobernador del departamento en solo tres años.

Todavía es incierto el futuro de esta próspera región por culpa de unos dirigentes políticos que han privilegiado sus intereses particulares sobre el interés público y el bien común, pero también de los votantes que por ignorancia, estupidez o necesidad los han elegido, y de los no votantes que por apatía o pereza lo han permitido.

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