Gabinete electoral

0

 Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

Es difícil no hablar del nuevo gabinete del presidente Juan Manuel Santos porque sus integrantes serán las cabezas que liderarán la política en el país durante el último año de gobierno. Cuando digo que liderarán la política en el país lo digo en serio, pues cada cartera le pertenece a cada uno de ellos. El estilo que ha caracterizado al presidente Santos indica que cada uno  hace con su  “parcela” lo que quiera.

Recientemente hablé con uno de los ministros del gabinete, uno de los que no removieron,  de los que  dejaron en su puesto porque sinceramente está haciendo  bien su trabajo.  Me dijo: “Un día le contaré cómo es este gobierno, este gobierno es muy raro. En lo que llevo liderando esta cartera nunca he recibido una retroalimentación del señor presidente. Nunca me han dicho si estoy haciendo las cosas bien o mal”. Eso demuestra, como ya muchos  saben, que estamos ante un estilo de gobierno en el que el presidente entrega las carteras y poco pregunta por ellas. Las comparaciones son odiosas, pero  a veces hay que hacerlas. Santos, a diferencia de Uribe, quien era el papá de los pollitos y estaba  al tanto de cada cosa que sucedía en los ministerios, permite que cada ministro sea independiente y tome sus propias decisiones. No es que un estilo sea mejor que otro, simplemente son  distintos.

Para seguir dando ejemplos que caracterizan el estilo de gobierno  de Santos es necesario recordar el “papayazo” que dio en el  diálogo que tuvo con los campesinos de Boyacá, en uno de los momentos más críticos de las reclamaciones. Sucedió cuando ellos le decían al residente que les habían incumplido los  acuerdos a los que habían llegado con el ministro de Agricultura tiempo atrás, a lo que Santos respondió que  no estaba enterado, que no sabía que habían llegado a ese acuerdo y que el Gobierno no les había cumplido. La anterior es una demostración adicional de que el presidente, al dejar las decisiones al libre albedrío de los integrantes de su gabinete, define también su estilo de gobernar. Ahí radica la importancia del cambio que anunció el jueves en la noche.

Sin embargo, el presidente es muy astuto, de eso a pocos les quedan dudas. Él sabe que es fundamental esta recta final, y por eso quienes lleven el timón del gobierno este último año, que es más de campaña y reelección que de cualquier otra cosa, deben ser muy políticos, de buenas relaciones y comunicaciones con la gente. Muy bien lo dijo el nuevo ministro del Interior, Aurelio Iragorri Valencia: “El propósito es mejorar la imagen de este gobierno y contarle a la gente las buenas cosas que estamos haciendo por ellos”. Eso,  palabras más, palabras menos quiere, decir que  los nuevos ministros van a trabajar, en serio, por la reelección del presidente.

Así que preparémonos  para la campaña, los ministros estarán ocupados  en hacer políticas a corto plazo, que contenten a la población, y no en estructurar políticas a futuro que pueden no ser tan populares entre los votantes pero que es lo que realmente necesitamos. Tendremos unos ministros negociando puestos con los congresistas y firmando contratos muy rápido, pues Santos no ha anunciado oficialmente que se quiere reelegir, lo hará probablemente en noviembre. Así que solo de aquí hasta ese día tienen tiempo los ministros de vincular gente a sus carteras  y de entregar licitaciones, porque apenas anuncie el presidente que está en campaña, entra a regir la Ley de Garantías y no se podrá repartir más “mermelada”.  Así que desde el anuncio del nuevo gabinete y hasta que se lance la campaña estaremos en una carrera  de fórmula uno, en donde se feriará el poder y la plata.  Eso es lo que nos espera de este nuevo gabinete, con la excepción de Alfonso Gómez Méndez, quien seguro empezará a cocinar una reforma a la Justicia para el próximo período. Basta leer sus columnas de los últimos meses en el periódico El Tiempo, para saber que su propósito en la cartera que entra a dirigir es fundamentalmente ese.  Amanecerá y veremos, ¿pero será que este equipo conformado por Santos lo llevará a quedarse cuatros años más a pesar de la mala imagen en las encuestas?

Una cosa más: Lo que sí encuentro insólito del remezón ministerial es que el presidente haya decidido dejar a la ministra de educación que ni suena ni truena, solo por ser cercana a su esposa.

Comments are closed.