Galería Santa Elena, del caos a la esperanza

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Félix Candela fue un arquitecto español de renombre en su país a mediados del siglo veinte y dejó su sello en construcciones importantes como el Hipódromo La Zarzuela y el Frontón de Recoletos. Pero la guerra civil lo alejó de su patria y terminó exiliado en México. Allí su reputación tocó techo cuando construyó el mundialmente famoso Palacio de los Deportes en el D.F.  para los Juegos Olímpicos de 1968. Sus obras arquitectónicas, incluyendo el estadio Santiago Bernabéu del Real Madrid son, aún, materia de cátedra en facultades de arquitectura de ambos países.

Pensar que sus trazos y diseños fueron los que hicieron realidad la construcción de la Plaza de Mercado Santa Elena, al oriente de Cali, es remembrar la grandeza con la que fue planeada, de hecho, la estructura es una de las más grandes construida por Candela por fuera de México y premio nacional de arquitectura en Colombia.
Allí, en 1963, nació la historia que hoy, como casi toda historia, tiene la oportunidad de partirse en dos. Con la galería nació el barrio que lleva su mismo nombre y cuyos vecinos mostraban con orgullo como su icono, que representaba el desarrollo de Cali. Su cercanía al ferrocarril y al desembarcadero en el río Cauca le dieron un protagonismo inusitado. Fue un centro de negocios y de oportunidades para los campesinos y la principal central de abastos de la ciudad. A su alrededor crecieron hoteles, restaurantes y almacenes.
Sin embargo, con el pasar de los años perdió su esplendor porque también llegaron los prostíbulos, las cantinas, la informalidad y la delincuencia. Flagelos como la prostitución, el expendio de drogas, la extorsión y el crimen organizado, fueron opacando la grandeza del sector y lo sumieron en su actual caos. Sumado a eso, Emcali y Emsirva se turnaron la responsabilidad de su cuidado sin mucho éxito. Con tal desgobierno, la despensa de Cali, como era de esperarse, se convirtió en epicentro de actividades descontroladas que atrajeron a miles de personas y de problemas. 
Con la aparición de la pandemia del coronavirus, Santa Elena sumó otro problema: se convirtió en un foco de contagio y muerte que disparó las alarmas hasta que la administración del alcalde Jorge Iván Ospina decidió cerrarla, al amparo de una emergencia de salud. Por primera vez en su historia cerraba sus puertas.

La administración de la galería argumenta que la mayoría de los problemas son en el entorno y no de puertas para adentro. Miguel Ángel Muñoz, uno de los directivos, aduce que desde marzo se han establecido todos los protocolos de bioseguridad pero que el verdadero problema es la falta de control en el espacio público externo.
Entretanto la Personería de Cali se había pronunciado solicitando el cierre temporal de la plaza, por la situación de los casos positivos de Covid-19
No obstante, con esta oportunidad, la galería parece tener un respiro y decisiones que fueron aplazadas por años hoy parece que serán realidad, como la organización de los comerciantes, la pavimentación de las calles, la correcta destinación de los residuos y su inminente transformación urbanística. Aquí convergen ideas y proyectos de suma importancia para la ciudad como el tren de cercanías y el proyecto de ampliación de la calle 25 para su transformación en una autopista. Igualmente, los cambios involucran todo un revolcón de la galería como unidad de negocio, con espacios amables, parqueaderos y condiciones de seguridad que potencien su natural espíritu de despensa para los caleños.
Pero por ahora, el cambió será básico, más pensando en las condiciones de higiene y organización que en su transformación integral, la cual tomará cuatro o cinco años más, dependiendo de la estructuración integral que presente la Alcaldía. 

El próximo doce de junio, si las condiciones lo permiten, se autorizará la reapertura de la galería y para ese día quienes lleguen encontrarán un nuevo panorama.

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