Gaza, campo de exterminio por analogía

0

Juan Antonio Sacaluga.

www.nuevatribuna.es

 Foto 1

Israel exagera notablemente el ‘peligro terrorista’ de Gaza para justificar una dinámica represiva innecesaria, alocada e incluso perjudicial para sus intereses a corto plazo.

Gaza es lo más parecido a un campo de exterminio de estos tiempos. El término no es provocador ni antisemita: el millón y medio largo de sus residentes en un territorio rectangular irregular de 40 a 50 kilómetros de largo por 11 de ancho (aprox.) es objeto de bloqueo continuo, asfixia permanente y bombardeo periódico y sistemático. Es una gigantesca cárcel de la que no se puede salir y a la que no se puede acceder libremente. Casi un campo de concentración, que diezma sistemática y cruelmente a sus residentes, que mina la credibilidad de sus líderes y destruye la estatura moral de sus carceleros asediadores.

Esta última crisis responde, inicialmente, a un crudo impulso de revancha, de venganza, de linchamiento. El vil secuestro y asesinato de tres estudiantes judíos de una escuela religiosa de Hebrón, en el otro sector de la Palestina ocupada/colonizada, por supuestos activistas de Hamas, provocó una reacción colérica en Israel, en dos niveles. El privado, repugnante, protagonizado por extremistas judíos, que secuestraron a un joven palestino y lo quemaron vivo, en una escalofriante versión despiadada del sacrificio ritual. El oficial, delirante aplicación de la ley del Talión, consistente en una redada masiva de militantes islamistas y la demolición de las casas de los sospechosos.

A continuación, se activó el enfermizo ciclo de la acción-reacción que inutiliza cualquier tentativa racional de contener el conflicto. Hamas respondió a la dinámica represiva lanzando cohetes casi inanes sobre el sur de Israel. A su vez, el Estado israelí, irreconocible hace tiempo en sus orígenes democráticos, replica con un bombardeo de Gaza, masivo, desproporcionado, preciso o ciego según conveniencia, que acaba con líderes enemigos, pero también con sus familias y civiles de toda edad y condición.

Foto 2

Las grandes tragedias

Después de dos décadas, el proceso de paz israelo-palestino está en ruinas. Apenas si ha quedado una carcasa institucional, burocrática, que sólo legitima formalmente a las élites dirigentes, pero no ofrece soluciones a la población palestina y deja sin tranquilidad a la israelí. En Gaza se conculcan con especial saña los principios recogidos en el Tratado de paz negociado en Oslo y suscrito en septiembre de 1993 en Washington. La población está ‘presa’. A muchos agricultores no se les permite siquiera acceder a lugares donde tienen sus huertas y plantaciones. No pueden viajar al otro territorio palestino (Cisjordania) para procurarse un sustento. Siete de cada diez palestinos viven de la ayuda internacional. Gran parte del resto no está mucho mejor, ya que son funcionarios y empleados (más de 40.000) que llevan meses sin cobrar el salario.

Israel exagera notablemente el ‘peligro terrorista’ de Gaza para justificar una dinámica represiva innecesaria, alocada e incluso perjudicial para sus intereses a corto plazo. Esta conducta puede explicarse por dos motivos: el peso creciente del extremismo, cívico y religioso en las élites políticas y militares y la ansiedad ante la evolución del contexto regional, debido al descontrol de los procesos revolucionarios y desestabilizadores en la vecindad árabe, las negociaciones entre Occidente e Irán sobre el dossier nuclear y la falta de entendimiento en éste y otros asuntos con la actual Administración norteamericana.

Hamas se encuentra también atrapada en una contradicción insalvable: garantizar su continuidad como fuerza política, social e ideológica, influyente entre la población palestina y no renegar de sus orígenes resistentes y enemigos acérrimos e irreconciliables del ocupante. El contexto regional les ha debilitado: el nuevo régimen egipcio (militar, pese a las apariencias), la ruptura con el régimen sirio por las fracturas sectarias en la zona, y el acercamiento entre Irán (su principal protector y suministrador de armamento) y Estados Unidos colocan a Hamas entre la espada israelí y la pared ruinosa de un territorio donde han sido, hasta hace poco, dueños y señores, pese a los asedios.

La reconciliación con la OLP, asentada en abril de este año, obligó a Hamas a entregar el Gobierno a un equipo de técnicos, exentos de nervio ideológico, capaz de enderezar la Administración, en Gaza y en Cisjordania, y garantizar la continuidad del apoyo financiero internacional. Pero Hamas no ha sido coherente con los acordado, la aplicación de los acuerdos de reconciliación se han retrasado y la presión de las facciones ‘jihadistas’ contrarias a una evolución ‘pacífica’ de la resistencia palestina han terminado por hacer estallar las costuras de la formación.

De la comunidad árabe, poco puede decirse, salvo que, atrapada en la insolvencia de sus élites dirigentes, la incompetencia de sus aparatos estatales, los viejos y nuevos desgarros internos (eclosión ahora de las amenazas sectarias), ni siquiera se muestran capaces sus dirigentes de hacer oír su voz a tiempo. Egipto, promotor de una tregua condenada de antemano al fracaso, no está en condiciones de influir notablemente en el control de la contienda, debido, entre otras cosas, a falta de credibilidad del flamante régimen.

Finalmente, las potencias internacionales se limitan a llamamientos bien intencionados pero ineficaces. La diplomacia norteamericana, tras el enésimo fracaso de las negociaciones de paz, está absorbida estas últimas semanas en evitar el desfondamiento de Iraq; en ‘cocinar’ una ‘solución’ institucional en Afganistán a la amenaza de ‘guerra dentro de la guerra’ o conflicto interno en el bando que protege, arma y financia, frente a la interminable amenaza talibán; o en forjar un acuerdo que impida a Irán dotarse de armamento nuclear, que sea eficaz y creíble para todas las partes afectadas. Europa sostiene el aparato palestino y financia la ayuda humanitaria, manteniendo a duras penas a la población. El resto son actuaciones de trámite, palabras compungidas y, a la postre, una resignación palmaria.

Comments are closed.