GOL ¿Alegría o tristeza?

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/Foto: Juan Camilo PalomarPor Vanessa Córdoba

@VCordoba1

La mayoría de las grandes finales son recordadas por ese gol de último minuto que llevan a un equipo a la victoria, o que dan el empate para que el juego se defina desde el punto penal. Tengo lindos recuerdos en la bombonera con aquellos goles del “loco” Martín Palermo, o aquel gol de tiro libre de Juan Fernando Quintero en el Esperanzas de Toulon, y ni hablar  del gol de Jhon Valoy en el último suspiro del partido en la final de la Liga Postobón este año. Cada uno de estos momentos épicos,  sin duda alguna, marcan la vida de un futbolista.

Aunque sea duro de aceptar, porque llegamos a considerar a estos jugadores  como héroes, un gol de último minuto, más que una virtud de quien lo mete, es error de quien lo recibe.

Como arqueros, uno de nuestros deseos es marcar un gol, así sea una sola vez en la vida. No todos cuentan con la valentía y suerte suficiente para hacer que eso suceda.

Claro, hay unos como “el show” Miguel Calero que se atrevieron a ir a cabecear en un tiro libre en plena final, u otros como Camilo Vargas que cobran tiros libres, y los que aparte de enfrentar la presión y adrenalina de tapar un penal, también lo patean, estilo Sebastián Viera. Pero no siempre terminan en gol, desafortunadamente.

Cuando comencé jugar mis primeros partidos como guardameta, no les voy a mentir,  los marcadores quedaban 3-0, 5-0, 4-1, perdiendo… Lo único que me decía en la mente era “¡Vanessa ¿en que te has metido!? ¡Qué pena…!” Inclusive cuando el marcador pasaba por el tercer gol, me ponía a llorar. Era tan fuerte ese sentimiento de angustia, desespero e impotencia que no podía hablarle a mi defensa porque la voz se me quebraba.

Recuerdo ver a mi papa en las graderías riéndose, y más rabia me daba.  Pero recordar esos momentos ahora me da risa, porque todo ha hecho parte de mi  proceso bajo los tres palos. Menos mal ya los marcadores no son tan desiguales y negativos, y tampoco sigo llorando.

Aquí fue cuando viví el gol de una forma diferente. He sido afortunada de poder experimentar esas dos sensaciones que te brinda un gol. La inmensa felicidad y alivio de un tanto, como la triste decepción contigo mismo cuando el balón entra en tu arco. La esencia del futbol son los goles, es lo que hace que este espectáculo sea tan placentero, tanto para el jugador como para el hincha.

Aunque es algo con lo que un arquero debe convivir, el balón que más me duele no es aquel que pega en mi cara, o en mi pecho, es aquel que pega en el fondo de mi arco.

Abrazo de atajada…

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