“Hacer la paz es más complejo que hacer la guerra, porque implica escuchar al otro”: Pedro Adrián Zuluaga

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Por Juan Merchán

Enviado especial

La versión número 57 del Festival Internacional de Cine de Cartagena ha estado marcada por la coyuntura actual del país. Ademas del filme de apertura El silencio de los fusiles, el festival incluyó una serie de películas especiales llamada Guerra y Paz con 12 filmes cuyas temáticas tienen relación con conflicto y resolución del mismo.

El Pueblo habló con Pedro Adrían Zuluaga, director de programación del festival y reconocido crítico de cine para saber más sobre la relación que tiene el FICCI versión 57 y el país del posconflicto.

Durante la inauguración del fetival, y a la pregunta sobre la escogencia de El silencio de los fusiles como el filme de apertura, usted afirmó que desde el equipo de programación del festival vio esta escogencia como su forma de manifestarse frente a lo que se vivió en el país después del resultado del plebiscito de Octubre anterior. ¿Qué reflexión tiene frente a ese estreno y cómo ha sido la reacción de los asistentes al festival frente a ese documental?

Pedro Adrián Zuluaga (PAZ): Efectivamente, como lo dije en ese evento del festival, la escogencia de este filme correspondió a una reacción de un mediador cultural como lo es el festival que después del resultado del dos Octubre sintió que algo había fallado en la cultura colombiana, pues esta se había mostrado masivamente a favor del plebiscito. La pregunta fue en ese momento: ¿Cómo se puede aportar algo desde la cultura? Nosotros vimos esta película unos días después del resultado del plebiscito y entendimos que había un documento visual de enorme valor histórico, de una enorme responsabilidad periodística. Es claro que los periodistas y los cineastas tienen en la cámara un arma de transformación social, y en este documental queda de manifiesto que más allá de apoyar al gobierno o a las Farc, se pretende estar a favor del proceso y brindar al espectador herramientas para estar bien informado de lo que pasó en los cinco años del proceso en La Habana.

Asimismo, más allá del valor histórico de este documental, nosotros tuvimos muy en cuenta las visiones cinematográficas que resultan ser muy interesantes. El manejo de montaje, decidir que se muestra y no se muestra. En el cine documental se podría decir que la ética define la estética, y en este documental el control del uso del archivo, el hecho de evitar melodramatizar, el manejo de las opiniones diversas y cómo esta se ponen en equilibrio y también la inclinación a favor del proceso, todo estas son decisiones cinematográficas, no solo de contenido. Por esta razón también asumimos su importancia en el momento actual del país.

En el marco del programa de películas especiales La guerra y la paz, se presentan 12 producciones nacionales y extranjeras. Cuéntenos más sobre la escogencia de estas 12 películas.

PAZ: La escogencia de esta temática tuvo que ver también con una reflexión, y era responder a la pregunta ¿por qué es tan difícil imaginarse la paz? La guerra es muy fotogénica y vistosa, y hasta hay un género de cine de guerra. Sin embargo, lo que está más allá de la guerra, los caminos hacia la reconciliación, hacia el posconflicto, hacia la memoria parecen ser menos atractivos. La escogencia de estas películas intentó buscar temáticas que tuviesen que ver con lo que pasa después de la guerra, qué hace una sociedad con las marcas que quedan y cómo las tramita. Hacer la paz es más complejo que hacer la guerra, porque implica escuchar al otro, abrirse a los argumentos encontrados. Muchas de estas 12 películas marcan ese viaje de las sociedades desde un lugar de confrontación a un lugar muy complejo donde se deben mirar a la cara reconocerse y entender al otro.

El programa Cine en los Barrios se ha entendido como la preservación de la gran labor de Víctor Nieto al masificar la proyección de películas en barrios de Cartagena y diversos municipios de Bolívar. ¿Cómo percibe la versión de este año de este programa? ¿Cómo ha sido su acogida por parte de la población?

PAZ: Cartagena es una ciudad amurallada en múltiples sentidos. Hay murallas sociales, económicas, murallas de clase. Cine en los Barrios intenta ir más allá de esas murallas, pero hay que ser claro, no es cuestión de llevar cualquier tipo de cine a los barrios. Nosotros somos muy cuidadosos en este sentido. Consideramos que los espectadores de los barrios se merecen el mismo cine que se está viendo en otros lugares del festival. Sería muy fácil ser populista en esto y llevarles cualquier cine, pero realmente miramos al programa con un profundo respeto hacia el público y por ello le entregamos contenido de calidad. Este respeto hacia ellos busca que se de esa experiencia de transformación al entrar en contacto con el otro, experiencia que está muy presente en lo cinematográfico.

En un terreno un poco más personal, Pedro, en una publicación reciente en una red social usted relataba de forma nostálgica su primer festival de cine de Cartagena en los años 90. Comentaba usted la presencia de García Márquez, de sus pericias para llegar a la ciudad y de otros detalles de la versión de ese año. Desde su punto de vista, ¿cómo ha cambiado el festival desde ese año hasta ahora? ¿Qué diferencias fundamentales encuentra?

PAZ: El festival es mucho más grande ahora. El festival también ha asumido un compromiso con la industria, con la formación en el caso de Puerto Ficci, con la producción, con la crítica. Ya no se trata sólo de ver películas sino comentar sobre ellas, sobre imaginar las películas del futuro. Esto empezó en 2005 cuando el Ministerio y Proimagenes decidieron invertir energía, fuerza y recursos en el festival. Luego con la llegada de Monika Wagenberg y luego Diana Bustamente el festival ha logrado ser reconocido por su criterio artístico, por su programación. Creo que el festival no ha perdido eso que siempre le fue suyo, pues sigue siendo un festival alegre, festivo, pero no en el sentido exotista de lo que se considera caribe muchas veces, sino algo más cerca de la apertura, de un puerto de intercambio donde las ideas circulan y donde aterrizan de forma más cerca.

Ahora, desde la dirección artística se ha entendido que la memoria del festival debe ser parte constante en cada versión. No nos avergonzamos de lo que ha sucedido acá, incluso de los años más caóticos. El festival se ha propuesto reivindicar la memoria de personajes como la India Catalina, que aunque sabemos que es un personaje polémico, precisamente se busca darle la cara a esas contradicciones.

¿Considera que el festival ha cambiado de la misma forma que ha cambiado el país? ¿Son los cambios en la nación reflejados en el FICCI de cada año?

PAZ: No sé si reflejados, porque reflejar parece como copiar los momentos sociales y simplemente llevarlas a un nivel artístico. Creo que el cine está muy marcado por las derivas de un país, incluso anticipa cosas, está muy conectado con el inconsciente colectivo de una nación. Lo que aparece reprimido en la mente consciente, diurna, aparece en el cine de una forma libre. Siempre el cine tiene mucho de lo inconsciente y logra reflejar los momentos históricos de una sociedad, incluso de lo que no se muestra en cada película.

Hablando de cambios, usted recordaba en la proyección de media noche de El Ornitologo de Joao Rodriguez, que en 2005 en una proyección de otro filme de ese director en el marco de Ciclo de Cine Rosa, la reacción del público frente a esa película fue muy fuerte en ese momento. ¿Ha cambiado la percepción del público colombiano frente a este tipo de películas transgresoras? ¿Ha habido un avance en la aceptación de estas nuevas miradas en estos últimos diez años?

PAZ: La sociedad colombiana es muy compleja. Cada vez que uno la cree entender, lo sorprende, como sucedió en Octubre pasado. En realidad, hablando del FICCI, si hemos visto que por ejemplo hace cinco o seis años cuando se proyectaban películas con escenas de sexo entre dos hombres o dos mujeres la reacción era de asombro, de burla, de ansiedad fuerte. Hoy en día, no pasa de la misma forma, y esto muestra por qué es importante arriesgarse a mostrar las cosas por primera vez, a cambiar las cosas, a provocar, a ser un poco escandalosos.

El cine y el arte abren una puerta para que esos discursos del odio de la incomprensión, de la negación del otro, tengan al menos una contraparte y no sea lo único que se muestre. Por tanto, no creo que hoy pasara lo que pasó en esa proyección de Ciclo Rosa, pero sí pienso que en otros espacios sigue pasando. Personalmente, hace un par de meses en un Cine Club en el Club El Nogal unas señoras se levantaron con indignación frente a una escena sexual de tres personas, entonces por más que se crea que la sociedad si hay cambiado, esa reacción fue como un principio de realidad que nos recuerda que hay aún fuerzas regresivas muy poderosas que todos conocemos y todos sentimos. Entonces tenemos fuerzas regresivas y fuerzas progresistas en un mismo ambiente, por ende lo que se debe hacer es mantener esos espacios de visualización artística

Pedro, dígale a la ciudad de Cali ¿por qué amar el FICCI?

PAZ: Hay algo claro en el FICCI y es su carácter iberoamericano. Este tipo de eventos es posible en ciudades como Cartagena y Cali, ciudades que son abiertas, como el título de un libro reciente, Cali, ciudad abierta. Estas ciudades son núcleo de migración de muchos lugares y eso les da a ellas un carácter muy particular, las enriquece. El FICCI ya no es solo un festival de Cartagena. Creo que muchos colombianos ya lo toman como propio de la nación y precisamente ya que la versión número 60 se acerca, lo justo es recoger esa memoria de apropiación del FICCI, una apropiación que no solo es de acá, es del país y es internacional. Aquí han pasado muchas cosas, muchas historias, se han formado imaginarios. Desde el FICCI se ha transformado la mirada sobre el cine.

 

 

 

 

 

 

 

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