Hacer la paz

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Por Camila Zuluaga @ZuluagaCamila
Por Camila Zuluaga @ZuluagaCamila

La semana que termina presenciamos una audiencia apasionante, histórica para el país. El hecho de que a la Corte Constitucional hayan asistido personajes de diferentes instituciones, tanto gubernamentales como no gubernamentales, para exponer sus argumentos sobre el marco jurídico para la paz, es indudablemente un hecho positivo.

Durante esa exposición, en la que cada participante tuvo quince minutos para su discurso durante los cuales los magistrados de la Alta Corte (quienes serán los encargados de definir si dicha ley tramitada en el Congreso es exequible o no)  escucharon diversas razones políticas sobre por qué se debería tomar una u otra decisión. Ahí se vio lo que tanto nos hace falta: la deliberación con argumentos.

Lo tratado en la audiencia es de suma importancia para el país, porque define el tratamiento jurídico que se le daría a los desmovilizados de las Farc o de cualquier otra guerrilla si se llega a firmar un acuerdo.  Además, es un aliciente o  no para las negociadores que están en la mesa de La Habana, pues esto puede darles un empujón o, por el contrario, ponerles una talanquera.

Lo que sigue es la intervención del magistrado ponente en la Corte, Jorge Pretelt,  quien ha estudiado y preparado durante ocho meses la ponencia que va a presentar en la sala plena. La audiencia en la cual dieron los testimonios sirvió para que los otros ocho magistrados que van a tomar la decisión escucharan diferentes puntos de vista. Sin duda, estos argumentos los alimentaron y los tendrán en cuenta a la hora de hacer el análisis jurídico del documento con el que llegue Pretelt.

Resumir las posiciones de los expositores de manera breve no es acertado ni fácil; sin embargo, para efectos de esta columna me voy a permitir darme la licencia de hacerlo. Quienes están a favor del marco jurídico para la paz aprobado en el Congreso manifiestan que es la mejor forma para que en Colombia tengamos paz y reconciliación de verdad, pues investigar todos los casos, uno por uno, llevaría a nuestra justicia a permanecer inmersa en ello durante al menos cien años. Además de lo anterior, advierten que no habría verdad, pues quienes se saben culpables no colaborarían para evitar su condena.

Por el otro lado, están quienes no lo aprueban, entre ellos, el Procurador General de la Nación y la ONG Human Rights Watch, que manifiestan que de permitir que se aplique este marco, se estarían violando los derechos de las victimas y se avalaría un proceso donde la impunidad estaría de protagonista.

Lo cierto es que este debate debería trasladarse a la sociedad y no quedarse exclusivamente en esa audiencia y en la argumentación de los expertos jurídicos; es decir, deberían contar con nosotros. Que nos pregunten qué tan dispuestos estamos a perdonar y a olvidar o, como dicen las mamás, a hacer borrón y cuenta nueva. ¡Es lo más importante! Eso sí, vale la pena apuntar que este es un proceso en el que si queremos salir exitosos como país, tendremos que hacerlo.

Hemos estado inmersos en  este conflicto durante más de cincuenta años. Militarmente, el Estado no ha podido acabar con los grupos insurgentes. Las razones, expresadas por los expertos, no vienen al caso para exponerlas en este espacio. Lo que sí vale la pena hacer es reflexionar sobre lo siguiente: hemos dedicado muchos más años de nuestra historia a la política de la guerra que a la del diálogo, la negociación y la paz.

Asimismo, debemos ser concientes de que las Farc no han sido derrotadas y que por tal razón no contemplan pagar años de cárcel y tampoco no tener la posibilidad de participar en política. De ser esas las condiciones, no me cabe duda de que no firmarán nada y morirán en su ley: la lucha armada.

Por eso, si queremos que esto termine, como sociedad debemos admitir y entender que cuando se entra en un proceso de negociación con la intención de acabar con un conflicto, sea cual fuere, hay concesiones que se deben hacer por el bien de las futuras generaciones. Yo no quiero un país en guerra para mis hijos. Pertenezco, como la mayoría de colombianos, a una generación que nunca ha visto a Colombia en paz. No quiero ser de las que se muera sin poder presenciarlo. ¿Usted sí?

Una cosa más: Desde hace varias columnas les he venido insinuando que el exministro Vargas Lleras va a lanzarse a la Presidencia. Esta semana la respuesta a dicha inquietud ha quedado más clara, ¿no creen?

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