Haciendo historia

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Por: Camila Zuluaga

Twitter: @zuluagacamila

Son pocas las líneas que he escrito en este espacio para reconocer aspectos positivos del acontecer nacional; tal vez eso se deba a que como periodista siento el deber de recalcar aquello que tenga posibilidad de mejorar, para así plantear la necesidad de un cambio y contribuir a que este se logre. Sin embargo, en eta oportunidad quiero resaltar lo importante que es para mí, como me imagino que lo es para muchos otros colombianos, presenciar el momento histórico que está atravesando nuestro país.

Hace 50 años, con la Operación Marquetalia comenzó en Colombia la guerra entre el Estado y las FARC. Ya van cinco décadas en las que hemos estado inmersos en un conflicto que no hemos sido capaces de solucionar. La guerra que ha sido narrada por muchos ha dejado heridas que tardarán en sanar, per el primer paso para aliviarlas se ha dado este fin de semana en La Habana. Doce victimas, de las seis millones que ha dejado el conflicto en nuestro país, viajaron a Cuba para confrontar a sus victimarios y poner, sobre la mesa de negociación entre el gobierno y las FARC, sus observaciones, peticiones y propuestas.

Es cierto, doce es un número irrisorio frente a las millones de victimas con las que cuenta el conflicto; sin embargo, es un paso enorme saber que por primera vez todos los actores de la guerra están reconociendo que ellas existen y que tenemos el deber, como sociedad, de reconocerlas y repararlas.

¿Durante cuántos años vimos cientos de familias en las principales ciudades del país con carteles que explicaban su razón de estar allí? “Desplazado por la violencia” era el mensaje más común que leíamos en los semáforos cuando transitábamos inconscientes por calles y avenidas. Esas miles de personas que afrontaban duras realidades, mientras muchos se quejaban de no poder viajar a sus fincas, son aquellas que hoy por primera vez el Estado ha decidido reconocer y hacerlas parte de una discusión que debimos haber iniciado hace lustros.

Generaciones de compatriotas que deambulaban invisibles por ahí, añorando reconocimiento y reparación, hoy ven que existe al menos una posibilidad de que la vida nos se les vaya de las manos como a muchos de los suyos, sin haber logrado ser escuchados y visibilizados.

Cuestionarán ustedes que el episodio no es tan color de rosa como lo pinto, que el debate de estás semanas ha sido amargo entre las victimas, que quienes deberían estar representado su dolor no han sido incluidos en su totalidad. Sin duda eso es cierto, como también lo es que hay errores y falencias. Hay muchas cosas que no se nos han dicho y muchas otras que, obligados, nos tocará dejar pasar. Pero más allá de todas las críticas válidas que podemos hacerle al proceso, hay algo de lo que debemos sentirnos orgullosos a pesar de los tropiezos, y es de que el país está dando un salto histórico al emprender un camino que será largo y difícil de recorrer, pero que sin duda es la salida para lograr sanar lesiones que ha dejado la guerra y lograr de esta forma empezar a construir un país nuevo con generaciones futuras que no olviden el pasado para no repetirlo, pero que no sufran en el presente porque ya lo han sanado.

Por esa razón, más allá de todo: de las criticas, de los errores, de las mentiras y falta de verdades frente a este proceso de paz que estamos viviendo, no dudo ni por un minuto que en este instante se está haciendo historia, y me enorgullece ser parte de ella, porque soy de esas personas que no han perdido la esperanza de poder dejar un mejor país para nuestros descendientes

Una cosa más: Sobre el nuevo funcionamiento de la presidencia necesito que me lo expliquen un poco mejor. Porque todavía no he podido entender ¿Quién manda a quién?

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