Hernán Darío Correa al desnudo

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Por José Luis Araujo S.

En alianza con Revista EL CLAVO

 Hernan-Dario-Correa

En el barrio San Antonio se ha instalado un artista que no le tiene miedo al qué dirán; un maestro con afán de trascender nuestra percepción del arte y que ha encontrado en el desnudo de la mujer la máxima fuente de inspiración. Hablamos del pintor Hernán Darío Correa, quien lleva más de 33 años de experiencia dándose a la tarea de mostrar el desnudo como una expresión de erotismo, arte y aceptación.

mujer desnudaInició sus estudios en 1986 en la escuela del reconocido artista colombiano David Manzur. Una escuela de estilo renacentista que centraba la investigación en la figura humana y proclamaba que “si aprendes a dibujarla, puedes dibujar cualquier cosa”. En el día a día era común encontrarse modelos desnudos, hombres y mujeres, siempre estaban allí, lo cual promovía un ambiente de aceptación, comodidad y amor por sí mismo, y lo más importante: permitía desarrollar un replanteamiento filosófico de lo que es el desnudo a través de la historia. Después de todo, la desnudez aporta atemporalidad a la obra: una mujer desnuda hoy no es diferente de una de hace 30 años.

Correa afirma que disfruta su “trabajo” y se considera bastante afortunado al llevarlo a cabo. La Universidad de Tamper, en Finlandia, concluyó que ver mujeres desnudas aumenta la inteligencia en los hombres, a lo que Correa responde: “¡Vamos bien!, cultivando la inteligencia”. Dice haber tenido siempre una facilidad para conseguir modelos, así que no es de extrañar que siempre tenga una fila de interesadas en espera.

Mujer acostadaUna de las experiencias más interesantes de este artista tuvo lugar en Panamá, donde un cardenal de la Iglesia católica le hizo cerrar una exposición, alegando que ésa era la obra de un “depravado hijo del diablo”. Correa recuerda el hecho con sentido del humor y agradece que estemos en el siglo XXI, porque de lo contrario no solo le hubiesen cerrado la exposición, sino que muy seguramente lo hubiesen quemado en la hoguera, víctima de la Inquisición, la cual castigaba toda iconografía que no coincidiese con los puntos de vista de la Iglesia.

Para Correa, la depravación tiene que ver con la culpa, con la incapacidad de tener un comportamiento sexual normal. Y aunque su obra puede tener una connotación voyerista, él afirma que la provocación erótica es intencional y que ambas partes (modelo – artista) disfrutan del proceso de comunicación, en el cual ellas expresan algo al posar y él lo plasma en su lienzo.

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