Horacio Benavides, el poeta de los animales y la guerra

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Este caucano nacido en 1949, obtuvo el premio nacional de poesía en 2013. Ha publicado más de 7 libros de poesía y de adivinanzas para niños. Víctima de la guerra. Amante de la fauna y la flora. Una de las voces más auténticas de la poesía colombiana.

Por Jaír Villano

Mi padre leía ese periódico cuando yo era niño, confiesa el poeta cuando el redactor le dice que la entrevista es para El Nuevo Liberal. Pienso en el hermetismo heredado de su progenitor; en lo que significa el ateísmo en un país donde la mayoría crecemos escuchando que “hay que agradecerle a Dios por todo”. Y sobre todo: en lo peligroso que era el escepticismo en tiempos en que rojos y azules se mataban. Dice que parece un loro, repitiendo lo mismo. Y a mí me parece magia, no les miento. Hasta en su correo se puede adivinar: vientosuroeste@… Dice y no lo dejo terminar, pues le digo que cuando vivía en Cali, lo veía caminar todas las tardes –de 5 a 6: viento sur oeste, sí– por los alrededores del Museo La Tertulia. Le iba a señalar que verlo caminar era como leerlo, pero después de un breve silencio, él dice: “Ah, caramba”, y despierta una sonrisa.

Nacido en Bolívar, Cauca (1949), Horacio creció entre fauna y flora y el misterio de uno que otro occiso. En una zona golpeada por la guerra bipartidista y luego por la ocupación guerrillera, Benavides centró su atención en el agua, los árboles, los animales, los ires y venires del viento. Creaciones comunes para quienes el ajetreo de la urbe les impide escrutar la genuina belleza de los alrededores. Su poesía, en consecuencia, son nítidas miradas a su infancia,  no es gratis que sus tres primeros libros sean sobre animales y que al tener su primer contacto con el pueblo, cuando tenía tres años de edad, su recuerdo sean lágrimas, “había perdido el canto de los pájaros. Creo que ese es el momento más importante de mi vida poética”.

El gato que duerme/ es otro gato/ porque a las once/ es sólo sombra/ El que a las tres de la mañana cae / como sombrero lento/ es porque ya no ondula/ en el agua del desierto/ El que a las seis/ busca la leche/ es porque guardó su oscuro sobretodo.

Su mirada profunda, delgadez y caminar pausado, le dan un aire de nefelibata, pero no, aunque prefiere la discreción,  Benavides es consciente de la realidad de un país que en la mayoría de sus zonas rurales ha sido (y sigue siendo) penetrado por el rugir de los fusiles.

Como víctima de la guerra, su voz es honda y ancha, de una potencia desgarradora, transparente en las imágenes que proyecta, tenazmente bella.

Te metieron en una bolsa negra

y te llevaron al monte

yo por entre los matorrales los seguí

Los hombres decían chistes

cavaban y reían

Cuando las cosas empezaron a calmar

fuimos al monte y te trajimos a la casa

para que no te sintieras solo, hermano

Ahora estás en el solar

A tu lado sembramos un ciruelo,

el que da las frutas que tanto te gustan

y todos los días lo regamos con agua

y con lágrimas.

El poeta nunca ha ocultado sus inclinaciones por la izquierda. Nunca ha militado, pero su familia sí. Llegó a Cali en los setenta, en plena ebullición cultural y política, estuvo en grupos que buscaban un mejor país. Fue alumno de Estanislao Zuleta y fue echado de la escuela de pintura de Bellas Artes por hacer parte de aquellos que alteraban el orden.

En ello se puede explicar la responsabilidad social que le otorga al poeta.  “Hay que observar el drama que estamos viviendo, que puede ser visto como una oportunidad para aprender, y luego disponerse a comunicarlo”, ha dicho.

No sé.  Zamiatin dice que “la literatura nociva es más útil que la literatura útil”.   Pero también es cierto que en tiempos aciagos la palabra puede ser esa fuente que revitaliza lo lacerado.

Este caucano, en últimas, es un poeta atípico, alejado de las estridencias, los lloriqueos, lamentos empalagosos, el narcicismo vacuo y tantas otras características de la poesía colombiana.

Benavides ha dictado talleres de literatura a un público al cual le tiene especial aprecio: los niños. Ha escrito tres libros de adivinanzas para despertar la curiosidad de ellos, a saber, Agua pasó por aquí, 1999; Ábrete grano pequeño, 2009, y Tapiz al revés ¿Dime quién es?, 2014.

Dialogamos de su haber y su hacer, antes de que se trasladara al evento de poesía del Ministerio de Cultura celebrado la noche del primero de marzo en Bogotá.

Horacio, ¿un poeta nace o se hace?

HB: Hay una serie de circunstancias que el hombre desconoce, circunstancias  que lo llevan a obrar, en este caso a escribir, a eso le podríamos llamar destino. En el cumplimiento de ese destino se forma.

¿Cree en la inspiración?

HB: Si la inspiración es una luz, una chispa que aclara y entusiasma, creo en ella; sólo que no necesariamente se da al principio, generalmente al principio está el escarbar; el poeta vendría ser como el perro que escarba cuando intuye el hueso.

Antes de entregarse a “la dama de cabellos ardientes” usted pintaba, supongo que algo tiene que ver con que lo echaron de la escuela de pinturas de Bellas Artes, pero más allá de eso ¿cuándo y por qué decide tejer versos?

Nunca pensé ser poeta, no fue una decisión, me ocurrió. Todo sucedió para que un día escribiera: a los cuatro años mi madre me llevó a ver un muerto; ella no sabía que estaba haciendo algo fundamental; a los siete, un joven alzó una piedra y mató a Juan Chilito, su padre, el suceso me hizo temblar;  él joven no sabía que lo hacía para que un día yo escribiera. A los  ocho, debí dejar el campo para estudiar en el pueblo y perdí los animales; mi padre, que me obligó a hacerlo, no sabía que perder es una de las claves del hombre. Años más tarde los animales volvieron pidiéndome que dijera algo de ellos; no me podía negar.

¿Cree que la poesía es una catarsis? Lo digo porque su obra gira en torno a su infancia en Bolívar, Cauca,  municipio que ha sido lacerado por la violencia y porque para la escritura de  Conversaciones a Oscuras, que trata esa temática, tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiera referirse al tema.

Siendo niño, llegaron a la casa de mis padres dos tolimenses liberales que huían de los “pájaros”. Mi padre les abrió la casa. Llegaron con una mano adelante y otra atrás. Vivieron con nosotros por espacio de un año. Esa fue la primera experiencia de la violencia; como era un niño, no me pude dar cuenta de la magnitud del drama. A Bolívar llegó la violencia cocalera y política cuando ya  habíamos salido.  Ya en Cali, como a muchos, la guerra me salpicó de sangre la ropa; escribir Conversación a oscuras fue un alivio.

¿Cómo definiría la actualidad del país?

Gris tirando a oscura, con una pequeña luz. El acuerdo de paz, es una llamita que hay que cuidar. Colombia tiene grandes problemas que debemos tratar de resolver sin matarnos.

¿Cree que los poetas tienen la capacidad de interpretar la sociedad?

Muchas veces cuando queremos conocer la historia de un país tenemos que ir a las novelas, a los poemas. Las duras circunstancias que nos ha tocado vivir están apareciendo en el arte. Un niño que vive en la orilla de uno de nuestros ríos hablará de los muertos sin nombre.

Usted ha dicho que los poetas tienen una responsabilidad social…  ¿Por qué no participa en la discusión pública?

Hace ya muchos años descubrí mis limitaciones y mis posibilidades. No es mi fuerte la polémica, tampoco me alegra, soy un mal argumentador; mi pensamiento es más intuitivo, pienso como los animales: sin pensar. Desde allí he escrito mis poemas, mis adivinanzas; si he hecho algún aporte hay que buscarlo en mis libros.

Por último, me dice Hölderlin que le remita: “¿Para qué poesía en tiempos de penuria?”

En tiempos de penuria es cuando más necesitamos consuelo.

 

Recuadro

Horacio Benavides ha publicado Orígenes (1979), Las cosas perdidas (1986), Agua de la Orilla, (1989), Sombra de Agua (1994), La aldea desvelada (1998, Premio Nacional de Poesía, Instituto Distrital de Cultura de Bogotá, 2001), Sin razón florecer (2002), Todo lugar para el desencuentro (Premio Nacional de Poesía, Eduardo Cote Lamus, 2005), Conversación a oscuras (2014) y Bajo la hierba o el cielo (2014).

También ha publicado una poesía reunida, De una a otra montaña, 2008, y dos antologías: La serena hierba, 2013 (Premio nacional de Poesía del Ministerio de Cultura de Colombia, 2013) y Como acabados de salir del diluvio, 2013.

Destacado: “Hay que observar el drama que estamos viviendo, que puede ser visto como una oportunidad para aprender, y luego disponerse a comunicarlo”: Horacio Benavides

Destacado: “luz. El acuerdo de paz, es una llamita que hay que cuidar. Colombia tiene grandes problemas que debemos tratar de resolver sin matarnos”: Horacio Benavides

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