Identidad, género, tradición y ruralidad. Lugares comunes de “Señorita María. La falda de la montaña”

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Por Juan Merchán

Enviado especial

“Me pongo falda porque nuestra virgen maría usted nunca la ve con pantalón.”

 

La señorita María ordeña una vaca preñada. La acaricia mientras le dice al oído que el ternero que está a punto de llegar a la vida se tiene que llamar “buena suerte”.

La señorita María muestra una vez más un afecto maternal que no hace más que ratificar esa condición femenina que nunca se va, que siempre es visible en sus actos privados y también cuando se enfrenta al otro, esos vecinos de la vereda. Todo está dado para entender que María es mujer, y, sin embargo, la cuestión aquí es que la señorita está encerrada en un cuerpo de hombre.

“Señorita María. La falda de la montaña” es la más reciente producción del director tunjano Rubén Mendoza (La sociedad del semáforo, memorias de un calavero, tierra en la lengua). Esta pieza documental retrata de forma profunda la vida de María Luisa, una campesina que habita una vereda del municipio de Boavita (Boyacá) y su diaria confrontación con la realidad campesina.

Mendoza logra una eficacia documental a través de la exposición de los roles que han sido históricamente aprehendidos en occidente. Una campesina, por tanto de estrato socioeconómico bajo, sujeta a los vaivenes del clima, la avasalladora presencia de la religión católica y la aceptación de la superioridad del macho son los elementos que expone este filme y que entretejen un arco dramático verosímil.  Maria mantiene unos roles que estan presentes en el lugar donde creció, constantemente abraza la oración católica y la ve como un refugio espiritual para sobrellevar una vida marcada por una infancia dificil, con padres ausentes y padres sustitutos, con una confrontación sexual temprana y la mencionada confrontación en este espacio rural.

La cámara muestra a María en su rutina diaria, la rutina campesina que tan poco se ha visto en el cine nacional. La belleza filmica llega no solamente al revelarse el quiebre que Marìa genera en una sociedad boyacence y boavitense tan marcada por el consevadurismo, sino que son las escenas (logradas magnificamente) donde se retrata la aceptación de Maria de su rol como campesina y cada momento de su rutina diaria lo que hace a este documental una pieza fílmica única.

La historia de María y su condición sexual y social es otro de los conflictos sociales que Mendoza ha explorado en su filmografía. Habiendo cruzado la línea desde lo totalmente ficcional, pasando por el falso documental Memorias de un calavero y llegando a esta historia verídica, el director colombiano se posiciona como uno de los realizadores más versátiles e imaginativos del país. Esta historia será eventualmente un tema común de discusión en las charlas de cine y también de Identidades y género, y será por esto un lugar común al cual referirse constantemente y como lo merece: como un documental profundo, sin límites argumentales y estéticamente muy bien logrado.

 

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