II Cumbre de la Celac en la Habana

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El analista político, Alejo Vargas. (Colprensa-archivo)Por Alejo Vargas Velásquez

Se realizó en La Habana la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe, que conforman la Celac (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe), con motivo del traspaso de la Presidencia pro tempore de Cuba a Costa Rica. Esta reunión contó con la presencia, legitimadora sin duda, del secretario general de la ONU y el de la OEA. Y es de gran relevancia este encuentro porque es el espacio multilateral regional en el cual los países de América se reúnen, sin la presencia de Estados Unidos y Canadá, para conversar y avanzar acuerdos y propuestas de integración.

Hay que recordar que la Celac surgió en 2011 como una iniciativa regional jalonada por varios líderes latinoamericanos y muy especialmente el presidente Hugo Chávez y que su primer presidente pro tempore fue Chile. Posteriormente, se realizó la I Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno en Santiago de Chile, para que Cuba asumiera la presidencia.

Históricamente, fue la Organización de Estados Americanos (OEA) el espacio multilateral americano promovido por Estados Unidos y bajo su orientación y control; pero durante la Guerra Fría, la OEA era considerada un apéndice de la política norteamericana para la región, es recordada la frase –atribuida a Raúl Roa, canciller cubano de inicios de los años sesenta–, de que la OEA era el “Ministerio de Colonias” de Estados Unidos para América Latina. Por eso, cuando se produjo la Revolución Cubana, en 1959, empezaron las tensiones con los norteamericanos y con la mayoría de los países latinoamericanos que estaban claramente alineados a las directrices de Washington, y esto llevó a la expulsión injustificada de Cuba en 1962 en la reunión de Punta del Este, decisión a la cual no se sumó México y se abstuvieron Argentina y algunos pocos países.

Lo sucedido fue paradójico, especialmente porque frente a la oleada de dictaduras militares en América Latina de los años sesenta, no hubo ningún pronunciamiento de este organismo. Esta decisión, producto exclusivo de la Guerra Fría, fue rectificada históricamente en la reunión de la OEA de 2009 en Honduras, en la cual por unanimidad –incluido Estados Unidos– se eliminó esa sanción a Cuba. Pero a esas alturas de la historia, Cuba había señalado que no le interesaba retornar a ese organismo.

A comienzos del nuevo siglo, la OEA adoptó la llamada “Carta Democrática”, que pretendía cambiar el carácter de la OEA de una organización de Estados a una especie de club de democracias liberales, lo cual sin duda plantea una controversia en el sentido de si existe solamente un modelo de democracia, la liberal, o por el contrario se pueden pensar en modelos alternos de democracias participativas, por ejemplo.

Pero a principios del siglo XXI empezaron a llegar a los Gobiernos latinoamericanos, los líderes, partidos y movimientos políticos con mayor independencia de los Estados Unidos, que algunos los han denominado de izquierda aunque su orientación política es diversa y plural, y esto empezó a cambiar las relaciones hemisféricas. El papel desempeñado por gobiernos como el venezolano, el brasilero, el uruguayo, el argentino, el ecuatoriano, el boliviano, el nicaragüense, entre otros, ha creado un escenario regional más plural y diversificado. Es en ese nuevo contexto en el que empiezan a surgir iniciativas de integración subregional como Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y, posteriormente, la Celac –a partir de lo que se había conocido como el Grupo de Río, como escenario de diálogo político latinoamericano–.

Es claro que la Celac todavía es un proceso integracionista en formación y consolidación, aún deben construirse consensos entre sus miembros acerca de su naturaleza, su rol, su estructura y la arquitectura de su funcionamiento. Pero hay que reconocer que con el escaso camino recorrido ya empieza a vislumbrarse como un escenario de integración latinoamericano de la mayor importancia regional, y en ese sentido hay que reconocer que la Presidencia pro tempore cubana logró darle un impulso importante.

Las resoluciones que iban a aprobar los jefes de Estado y de Gobierno que asistieron, entre ellas, era declarar a la región latinoamericana como una “zona de paz”, excluyendo el uso de la fuerza para la solución de conflictos políticos interestatales, pero también al interior de los Estados; apoyar el proceso de conversaciones entre el gobierno del presidente Santos y las Farc-EP, dándole de esta manera un nuevo espaldarazo regional al esfuerzo de la Nación colombiana de cerrar el conflicto armado interno por la vía concertada; además, reiterar el apoyo a Argentina por la recuperación de las Islas Malvinas. Son todas muestras de que Latinoamérica avanza en construir acuerdos para actuar como un actor regional con peso en un escenario global en transformación.

Debemos saludar la realización de esta Cumbre de la Celac en La Habana y apoyar el papel que crecientemente debe desempeñar en el escenario americano y global, pero también en el fortalecimiento de relaciones económicas, políticas, culturales y de solidaridad entre los países de la región.

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