¡Implementación ya!

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Por: Luis Felipe Barrera Narvaez

Politólogo con estudios en filosofía política. Analista político. Caleño constructor y promotor de paz.

Twitter: @luisfebarrera

La incertidumbre política no podía extenderse más. Tras la victoria del NO en el plebiscito, se generó un vacío de poder que dejó en el aire el proceso de paz y la desmovilización de 5.800 guerrilleros y 8.000 milicianos de las FARC. Las consecuencias de este limbo se materializaron en la fragilidad del cese biliteral del fuego y los dolorosos asesinatos de líderes sociales. La ansiedad copó las mentes de los actores del conflicto y de la opinión pública. Las sociedades necesitan narrativas claras cobre las cuales orientarse, tomar decisiones y caminar sobre seguro, pero con este interregno político, quedó en el aire el siguiente paso.

Con la firma del Nuevo Acuerdo y su implementación a través del Congreso, esa incertidumbre se acaba. El Nuevo Acuerdo tiene la legitimidad del proceso electoral, el apoyo de quienes votaron por el SI y los ajustes implementados por quienes optaron por el NO. Además, se le suma la participación del Congreso de la república, el escenario natural de los debates nacionales, donde tiene una participación importante la oposición. Aunque el Congreso carezca de prestigio y brillo, esa es una problemática estructural que no se resuelve con la apelación continua a la democracia directa.

Los tribunos de la plebe, esos que proclaman el apoyo de las mayorías para legitimar todo acto de gobierno, depurar la moral y condenar disidentes, son los mismos que pugnan por despojar a las minorías de sus derechos fundamentales. Los apóstoles de la democracia totalitaria. Populistas de derecha y de izquierda. Goebbels o Robespierre. La auténtica participación ciudadana no es masa instigada por caudillos carismáticos sino el cultivo del individuo con criterio propio y autónomo.

Aunque el proceso de paz no goce de la aceptación plena pública, su implementación inmediata salvará miles de vidas. En su consolidación y desarrollo, el proceso ganará aceptación y credibilidad. Los voceros del NO tuvieron años para participar en el proceso de paz y declinaron aportar. Solo tras la victoria electoral en el plebiscito se sintieron con el señorío suficiente para imponer imposibles, no para construir acuerdos políticos con proyección histórica. Su verdadero interés es la desestabilización del gobierno, la expansión del caos político y la implosión del proceso de paz. La desazón colectiva es el abono para el ascenso de un líder mesiánico en 2018. Ese guión ya lo conocemos.

El verdadero liderazgo radica en la gestión de la incertidumbre, en la capacidad de construir equilibrios, alternativas realistas y proyectos factibles donde antes existían imposibles. Quienes discrepen del Nuevo Acuerdo podrán ejercer control político en su implementación. Gracias a su oposición, cuando fue constructiva, hoy tenemos un acuerdo final más robusto, amplio y definitivo.

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