Inmigración y asilo en la Unión Europea

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Por Juan Fernando López Aguilar

nuevatribuna.es

El gran desafío europeo es darle una oportunidad verdadera a la inmigración legal…

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Frente a quienes presentan la inmigración como una amenaza a la seguridad interior de la UE es imprescindible oponer un relato alternativo. Lo impostergable es dar una oportunidad a la inmigración legal, estableciendo igualdad de trato y mejorando las condiciones laborales de, al menos, un millón de trabajadores estacionales, que están caracterizados por la precariedad y por la temporalidad de sus empleos, pero, sobre todo –además de por la escasa cualificación requerida–, normalmente por su baja retribución y por su vulnerabilidad social. Y, por tanto, es una afirmación de igualdad de trato que resulta absolutamente necesaria.

El gran desafío europeo es darle una oportunidad verdadera a la inmigración legal. Es la mejor manera de combatir la inmigración irregular y, sobre todo, la explotación inhumana de los trabajadores y de restituir dignidad al trabajo, muy malherida a propósito de esta crisis.

La gestión conservadora de la crisis se ha caracterizado por una mirada prejuiciada y negativa a la inmigración, planteándola como una amenaza a la seguridad interior. No lo es. Nos lo dicen razones demográficas, porque Europa envejece. Nos lo dicen razones económicas, porque les necesitamos. Pero, sobre todo, razones morales, para estar de una vez por todas a la altura de los valores que la Unión Europea afirma proclamar.

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En cuanto a la cuestión de la política europea de asilo y refugio, que algunos intentan deliberadamente confundir con la política de inmigración, cabe señalar que el Parlamento Europeo ha dado un importante paso con la aprobación durante este mandato, que toca a su fin, del llamado paquete de asilo. Una nueva normativa que no es perfecta pero que representa un avance: primero, por su contenido y, en segundo lugar, porque cierra un primer círculo de un capítulo de la historia de la Unión Europea, desde el Tratado de Ámsterdam de 1999 a la conversión del espacio de libertad, seguridad y justicia en una política europea sujeta al procedimiento legislativo ordinario, del que entiende este Parlamento Europeo como legislador, con la construcción de un sistema europeo común de asilo, caracterizado por los principios de protección de la dignidad humana y que refuerza la asistencia jurídica, los derechos de los menores y de las personas más vulnerables en la recepción, en las condiciones de la detención, en la regulación de los procedimientos y sus tiempos y, sobre todo, en sus garantías jurídicas.

El Parlamento Europeo se ocupa de los derechos fundamentales de las personas y, particularmente, de las personas más vulnerables que tocan en la puerta de la Unión Europea y quieren saber que la Unión Europea no es una muralla de incomprensión y de egoísmo, sino también esta representación de la ciudadanía europea que quiere ser fiel al modelo social europeo y ser una referencia de confiabilidad y sujeción al imperio de la ley.

Las muertes en Lampedusa y en las playas de Ceuta son, sin duda, una tragedia pero no basta con decir eso; son además una vergüenza, aunque tampoco basta con decir eso; esos hechos invocan la compasión de la Unión Europea pero eso no es suficiente.

Es necesario ejercer la solidaridad en este campo, que no es una bonita palabra, ni expresa solo buena intención sino que es un mandato del Tratado de Lisboa –artículo 80 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea– que tienen que llenar de contenido los estados miembros, y por eso, la solidaridad debe practicarse humanitariamente con la gente desesperada, pero también entre los estados miembros en la gestión de una política integrada de fronteras. Y ya es hora de que los estados miembros se enteren.

Ya va siendo hora, también, de que los estados miembros sean capaces de articular una solidaridad efectiva, no solamente en la gestión integrada de las fronteras exteriores, no solamente con una visión no represiva de Eurosur, sino también humanitaria, sobre todo asumiendo que la política de gestión de fronteras es, por fin, después de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, una política europea y que ya no es competencia tan solo de los estados miembros.

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