Institutos Técnicos Agropecuarios y Forestales, una oportunidad de vida

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Por Juan David Garzón
En alianza con Revista EL CLAVO

Según estudios realizados por el Ministerio de Educación Nacional, en 2012, la educación en Colombia ha venido en un declive en cuanto al número de establecimientos educativos. En 2002, dentro del territorio se contaban con 56.163 establecimientos de educación básica y media, mientras que en el 2012 la cifra se redujo a 22.937. Estos datos no representan ni la mitad de las entidades con las que se contaban a principio del milenio. Por otro lado, la cantidad de personas matriculadas en el mismo periodo (durante 10 años) ha pasado de 9.994.404 matriculados a 10.674.609 personas por año (según los mismos estudios del Ministerio de Educación).

La educación en este país claramente ha cambiado: antes, las escuelas y colegios eran sitios donde la formación rígida predominaba casi como ley; los estudiantes tenían un margen de opinión propia muy reducido. Gracias a los modelos estándar, que se impusieron por parte del Ministerio de Educación, la formación se profesionalizó y se estructuró, de manera que los conocimientos fueran universales y los estudiantes tuvieran una apertura hacia el mundo globalizado, además de que convirtió la educación particular o de carácter privado en una responsabilidad social por encima de un negocio rentable.

Un trabajo que marca la diferencia

El campo como promotor de una opción de vida
El campo como promotor de una opción de vida

La Fundación Smurfit Cartón de Colombia es una organización privada sin ánimo de lucro, fundada hace cincuenta años. Contribuye al mejoramiento de la calidad de vida en las comunidades vecinas; asimismo, a las plantas y zonas donde se desarrolla la operación forestal. Con lo cual beneficia a comunidades rurales que, por su distancia y lejanía, a veces no tienen fácil acceso.

Los Institutos Técnicos Agropecuarios y Forestales (ITAF) son instituciones ubicadas en Calima Darién (Valle) y en El Tambo y Cajibío (Cauca). No tienen ánimo de lucro y desde 1993 plantean una solución educativa de calidad a entornos diferentes a los de la urbe. Los estudiantes pueden sumar sus conocimientos sobre el agro a las exigencias avaladas por el Ministerio de Educación. Los ITAF acogen una población joven, proveniente en un 77 % de la zona rural y en un 23 % de la zona urbana. En la actualidad tienen matriculados a más de 650 jóvenes.

Para los ITAF el campo es una fuente de conocimiento. Esta organización aprovecha dichos conocimientos propios de la zona y su condición de productores del campo para enseñar a sus alumnos. La educación de los ITAF parte de la siguiente premisa: los niños de estas zonas tienen la posibilidad de aprender valores y cualidades, que en la ciudad son casi imposibles de inculcar por la inmediatez de los contenidos, la falta de tiempo y espacios naturales. Son alumnos y colombianos conscientes de la situación del país y del mundo, con sus propias convicciones, pero que tienen esa posibilidad de interactuar con espacios como huertas, cultivos, viveros y criaderos de animales, lo cual hace que su entendimiento del campo no solo los identifique, sino que los haga ser estudiantes realmente diferentes.

Este tipo de modelos ─en los que las empresas aprovechan sus recursos para apoyar espacios como los ITAF─ son beneficiosos para las generaciones que se están formando: al trabajar la tierra, muestran al campo como generador de paz, cuyos habitantes son capaces de afrontar no solo la condición de la cual se sienten orgullosos, sino también su capacidad de formar, entender la dinámica de cambio de los mercados (entre ellas, las alianzas internacionales que recientemente ha hecho el país en los Tratados de Libre Comercio).  En la última década, Colombia ha ido cambiando su situación social, afrontando muchos problemas que han aquejado a la comunidad, pero teniendo una visión clara: el país necesita profesionales capaces de construir de manera consciente un Estado de personas integras que conformen sociedades justas. El trabajo de la educación en el territorio es fundamental para que las futuras generaciones tengan bases claras sobre lo que un país educado necesita y así no repetir historias en las que la falta de conocimiento y oportunidades marcaron una guerra interna de más de cincuenta años.

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