Juan de Beirut

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librosPor Patricia Suárez

Teodora, la “Serenísima Augusta” esposa de Justiniano Emperador de Constantinopla, madre de Juan -personaje central en la narrativa de Gillian Bradshaw-, quien trenza entre lo histórico y lo ficcional múltiples hilos de tensión y desarrollo donde sugiere la validez de los valores, la dignidad, la fuerza de espíritu, la no ambición al poder del hijo bastardo de Teodora con un letrado de Bostra, quien antes de morir revela a su hijo la identidad de su madre y le aconseja jamás acudir a ella. Juan no escucha el consejo y viaja a Constantinopla en busca de la “ramera” que lo abandonó a los tres meses de nacido.  La Emperatriz lo protege, oculta al emperador la verdad sobre su hijo y lo introduce como primo que viene de Beirut huyendo de la peste y la orfandad.

Sucesos e historias de generales corruptos, funcionarios ambiciosos, falsos, ladinos y saqueadores del erario donde la crueldad, el crimen y el soborno acechan, hastían el buen ser del hijo bastardo quien nos  revela -en sus cortas y constantes reflexiones- el deseo de huir  de la ciudad  que diluye y confronta la honrada simetría de la virtud entendida en la integralidad recíproca de los ciudadanos.

Teodora, vestida con la túnica patricia y portando la diadema del imperio de Bizancio, tiene planes de que su hijo suceda a Justiniano en el trono. Para ello lo envían con Narsés, el fiel eunuco, a batallar con las tropas Tracias.  De forma improvisada y temeraria, Juan despliega un protagonismo en el campo de batalla y es hiperbolizado a su regreso triunfante a Constantinopla.

Al poco tiempo, enfrenta una rebelión incendiaría contra la ciudad por parte de los azules y salva a Eufemia, hija de Juan de Cesárea de Capadocia, odiado por la Emperatriz y hecho prisionero en Egipto acusado de complot contra Justiniano y de matar a un obispo; trama urdida por Teodora y Antonina, la esposa de Belisario, el mejor general del imperio y maestro en el arte de la guerra.

Juan de Césarea de Capadocia “(…) había sido prefecto pretorio, cónsul que había competido por la silla curul y a quien se le habían dedicado juegos y que aún vestía el manto blanco con la banda púrpura (…)”.

El coraje y la valentía de “Juan de Beirut” al defender y salvar a la hija del Pretorio hizo que Justiniano le encargara la defensa total de la ciudad.

Intrigas y delaciones llegan a oídos del Emperador; este manda azotar a Juan para que aclare quién es y la razón de negar y mentir sobre su verdadera identidad.

Al morir Teodora, Justiniano lo nombra conde de la strata Diocletiana, la frontera desde Orontes hasta la Arabia feliz.

Eufemia y Juan, ponen de relieve la libertad y la fuerza del amor y legitiman la razón de la vida. Esta novela histórica deja a la memoria colectiva advertencias rotundas sobre la crueldad despótica del poder absoluto.

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