Juegan con candela…

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leo quinteroPor Leo Quintero

Es lo que decían nuestros padres cuando nos veían dando papaya, a punto de ser pillados por una pilatuna.

O cuando en los diciembres en la cuadra se quemaba el año viejo, y todos los muchachos jugábamos a saltarnos los despojos humeantes del año que se va.

Es lo que está pasando en Cali con el Sistema de Transporte Masivo, cuyos técnicos siguen demostrado un total desconocimiento de las necesidades de la comunidad y un abandono de la razón lógica del Estado. Porque aunque muchos empleados oficiales, que pagamos con la nómina proveniente de nuestros impuestos, tasas o contribuciones, crean que trabajan en una empresa privada, no tienen sentido social de las funciones que cumplen.

Es lo que ha pasado con la fenomenal metida de pata de los técnicos del MIO, que de un plumazo cambiaron, suprimieron o suspendieron doce rutas, y con explicaciones que solo ellos entienden dejaron a miles de personas sin la posibilidad de movilizarse.

O trasladaron, con solo mirar su Google Maps de su Ipad, las rutas de un arteria a otra, cercana en el plano, pero lejana cuando se obliga a una larga travesía por terrenos en los cuales difícilmente la Policía se atreve a circular. Lo peor de todo es que notificaron a la comunidad de su flagrante error a la mañana siguiente.

Dos ejemplos bien sencillos. En aguablanca, adonde los técnicos del MIO difícilmente deben haber ido, sacaron dos de las tres rutas de la carrera 28 entre la transversal 103 y la avenida Ciudad de Cali y mandaron a todo el mundo para la 27.

Con una fenomenal idea: solo dejaron dos paradas, una en la Casona y otra en la Ciudadela Nuevo Latir. Es decir a casi un kilómetro la una de la otra.

Más lejos, en Calimío Desepaz, suspendieron las rutas y mandaron a todos los vecinos hasta el puente que une la transversal 103 con Alirio Mora. Conclusión: extensos recorridos, más trasbordos –hasta cuatro para llegar al norte de la ciudad–, más tiempo en un desplazamiento… Es lo que padecen quienes deben abordar el sistema de transporte masivo.

En la madrugada, ya es normal que quienes habitan el llamado Distrito de Aguablanca deban invertir más tiempo, dos horas, y, claro, más dinero porque las integraciones tienen un tiempo limitado de 50 minutos.

O una visión más central para los funcionarios del MIO. Se olvidaron de que existe la carrera quinta norte y que entre la calle 34 y la 70 están los barrios Bueno Madrid, Fátima, La Isla, Camilo Torres, Popular o José Antonio Galán, Ignacio Rengifo, Flora Industrial y, por último, el Calima.

Sin ningún argumento diferente a su desconocimiento social de Cali, borraron todas las rutas del MIO por la carrera quinta norte y decidieron que los vecinos de esos barrios deben tomar el MIO sobre la carrera primera. En la carrera quinta norte el servicio solo será para carros particulares y taxis.

Son solo dos errores, que evidencian que el sistema tiene falencias; con estas rutas que se suprimen, los ciudadanos no tendrán que esperar más de 15 minutos para que su bus del MIO llegue.

Juegan con candela, porque en los barrios de Cali y en las estaciones del MIO abundan los volantes pidiendo la cabeza del alcalde de la ciudad y urgiendo una revocatoria de su mandato con una recolección de firmas, que aunque es desorganizada relata el profundo malestar de los usuarios del sistema de transporte masivo.

Pese a ello, de fondo solo hay un motivo para la crisis del MIO según el Gobierno: todas las fallas se acumulan al operador GIT, que tiene el 25 % de los buses del sistema, 120 de ellos sin funcionar por su aguda crisis económica.

GIT tiene un déficit de $40.000 millones, los mismos que necesita capitalizar entre sus socios, reventados económicamente, apretados por la administración de Metrocali y además por el interés expreso de Envía por quedarse con el 45 % de las acciones de GIT, en un proceso similar al que dejó sin el 70 % de la propiedad a los iniciales promotores de Unimetro, que hoy esta en manos de empresarios de otras regiones del país, como a la larga sucederá con todos los operadores del MIO.

Por ahora, la administración de la ciudad regaño a los técnicos, pero los ciudadanos siguen en largas caminatas, mientras se acumulan las firmas.

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