Jueves de poesía rebelde contra los señores oscuros

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El Zudaca, hace parte de un rizoma de colectivos ligados a muchos temas y es un fuerte radialista de la ciudad
El Zudaca, hace parte de un rizoma de colectivos ligados a muchos temas y es un fuerte radialista de la ciudad

Autor: Zudadaka Boy

Comunicador social y periodista cultural egresado de la Universidad del Valle. Reportero del periódico La Palabra, investigador de culturas urbanas, radialista docente de talleres de escritura en el Instituto Popular de Cultura y la Secretaría de Cultura de Cali, y guionista documental de los trabajos audiovisuales La Ciudad de los Fanáticos y Trauma Retrato sur-realista.

Presentando a un poeta outsider en sociedad

A Fernando Calero de la Pava, leyenda urbana de Calicalabozo, todos lo saludan: artistas, intelectuales, señores de aspecto importante, punkeros de la gruta con sus libros bajo el brazo, niñas de sospechosa mirada, vendedores ambulantes, indigentes y guerreros del submundo. Perfil en tres actos de un escritor que supo convertir el delirio esquizoide en poética existencial.

Por El Zudaca (Nómada urbano)

Una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo.

La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos.

Alejandra Pizarnik

I.

Es jueves, y el almanaque anuncia que la desmesura de diciembre apenas se inicia en nuestro trópico salvaje y mestizo. La gente anda como loca, presa del vértigo automotriz y el consumo egocentrista de mercancías en apariencia idílicas y maravillosas; en fin, cada cual escoge su veneno, como dirían los Mcs Medina y  Don Vitto, de la agrupación de hip hop Bella Vista Social Club.

Yo mientras tanto deambulo por las calles de la calicalentura, persiguiendo la mágica nocturnidad con los parceros de la banda 105 del Barón Rojo Sur, luego de despedir en el terminal de transportes a un hermano tribal, que se fue a perseguir a la diosa fortuna en Barcelona Babylón; se consiguió un pasaporte falso y se enrutó para Venezuela, como puente aéreo al primer mundo, donde conseguirá muchos euros para mandar a su familia, o se volverá un okupa en el barrio gótico y tal vez conozca a Manu Chao.

La botella de vino que invitó el italiano Filippo, se extravió en las gargantas atorrantes de los pibes de la hinchada de los cantos, que se dirigen a su cita habitual del parque del perro; sin embargo, mis converse naranja cambian de rumbo, como salmón galáctico… ja ja ja, las carcajadas tiernas sobre el asfalto.

Me encuentro en la gruta con el escritor Calero de la Pava, el poeta Trauma y el loco Tofiño, de la generación caicediana. Conexión poética callejera, conspiración de sentires dionisíacos urbanos. Saludos afectuosos por encontrarnos sin cita o por el correo de los gatos como diría baobab baobaco cuando parchábamos en este cenicero en el milenio pasado, antes del nacimiento de los orcos y que colocaran el ojo de saurón de movistar para militarizar nuestras conciencias.

El autor de “Estigmas” (1988), “Blanca Oscuridad” (1996) y “Herederos de la Noche” (1997), es un crítico visceral de la sociedad, cómplice incondicional de la anarquía, un espíritu trashumante que supo sublimar en literatura y liberarse de los opiáceos, y de la angustiante depresión que significó la muerte de las mujeres cómplices en el viaje al abismo, entre ellas su madre, recientemente fallecida en la casa que compartían en el barrio La Flora, luego de su regreso a las calles embrujadoras del calitrópico mestizo y salvaje.

II.

Es una postal underground de este calicalabozo. El cielo de Cali tiene el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto, como la atmósfera ciberpunk de la mítica novela de ciencia ficción  “Neuromante”, de William Gibson. Al frente nuestro, varios crestones gritan con salvajismo sublime una canción de la banda de punk Gusanos Podridos

“En Colombia todo está al revés,

y sólo la violencia llega al poder.

No mas represión, no mas burguesía

no más conformismo, viva la anarquía “

Desde el dolor uno se reestructura, me dice Calero de La Pava; mientras tanto Trauma gestiona el chorro y busca potenciales compradores de los libros  “Compra un caballo en Estambul “ y “El Precio del Placer “, de nuestro amigo escritor y médico sicólogo-criminólogo, para poder conseguir un vino chileno de caja y seguir cantando, desde el delirio utópico de nuestros corazones: Mas poesía, menos policía…

Pintar un lienzo descarnado, como grito de rebelión contra la paradójica y contradictoria condición humana, desde los ángulos más viscerales y oscuros de la existencia, ha sido la obsesión narrativa y poética de

Fernando Calero de la Pava, a través de sus alucinantes experiencias de vida como espíritu trashumante por el border line de las principales capitales del mundo y ciudades periféricas del planeta trampa.

A través de la lectura de sus cuentos, minicuentos, relatos, microrrelatos y versos, viajamos por la línea de fuga de los paisajes beatniks, nos adentramos en la macabra guerra colombiana, en el descomunal pulmón del amazonas o en un bosque de Frankfurt donde se refugiaba a dormir antes de meterse a ensamblar neveras; visitamos como voyeristas los lujuriosos hoteles de Tailandia, comprendemos el glamour de la sordidez de las cárceles, los cuartos de heroinómanos irredentos que roban bancos para seguir yonkys, conocemos sicarios que los siguen por el Mediterráneo, descubrimos un velorio de putas en Buenaventura y comprendemos, desde una mirada outsider, la anarquía, la locura, el sexo, el juego y la muerte en muchas de sus más sorprendentes variantes.

Aparece en la escena del cuadro Trauma, con una sonrisa guasónica onda teatro del absurdo, pues llega con dos cajas de vino cava vieja, y como bonus track lo acompañan un par de policías bachilleres que quieren que Calero de la Pava les firme los libros; desean intercambiar palabras con el escritor caleño que fue parcero de adolescencia de Andrés Caicedo, desean escuchar las historias del hiperactivo narrador que apareció reseñado en  el 2006 la revista Rolling Stone como leyenda urbana del calitrópico, como el sobreviviente de una vida turbulenta por Barcelona, Ibiza, Ámsterdam, Tánger, Estambul, Bangok, Katmandú; el autor que supo liberarse de los opiáceos y exorcizar la angustiante depresión que significó la muerte de las mujeres cómplices en el viaje al abismo.

En segundo plano, la tribu ácrata sigue disparando ráfagas de dignidad rebelde, con su batería y guitarras imaginarias:

Arriba las manos en señal de alto

Alto las acciones terroristas en Colombia

Alto las masacres realizadas en el campo

Alto las guerras en nombre de la patria

Arriba las manos en señal de alto

Arriba por todos los muertos olvidados

Arriba porque la vida vale más

Arriba por los que hacen la patria como los presos caídos

Arriba los que luchan por sus propios ideales

Arriba porque matándonos no nos vencerán.

Ya nos lo había advertido con su maestría y sapiencia el finado José Saramago: “El día que la tierra colombiana empiece a vomitar sus muertos, esto quizá pueda cambiar. No los vomitará materialmente, claro, sino en el sentido de que los muertos cuenten. Que vomite sus muertos, para que los vivos no hagan cuenta de que no está pasando nada”.

III.

La noche fue matizada con la lectura que hizo Fernando de algunos fragmentos de su más reciente poesía política, parida en el caribe colombiano y en la ribera de los ríos Sinú y San Jorge, en tierra de los señores oscuros, para recordarnos que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, y que en este suelo tricolor cada quien se da el derecho de matar soñando con un futuro mejor; porque, como bien sentencia  el poeta:  “ en este mundo venimos a perderlo todo: la inocencia, los seres queridos, el amor, y por último perdemos lo único que realmente nos pertenece, que es la vida, e indefectiblemente tarde o temprano la vamos a perder “.

Gracias, Fernando, por enseñarme con tus retazos de vivencias que en los días del desconcierto la Literatura es un lugar de búsqueda, un acto de conocimiento, una forma de descubrir por medio de la reflexión no solamente literaria, sino también espiritual, filosófica y existencial.

Salud por las calles. Babylonia también caerá, nos vemos en las barricadas fantásticas de imaginación y libertad. ¡Seguiremos siendo traficantes de sueños!

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