Julio Nieto Bernal y la revolución del micrófono

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“El periodismo antes se hacía leyendo periódicos, ahora la radio orienta a la prensa escrita”

Maria Elvira Bonilla

Son las seis de la mañana. Cinco millones de transistores están prendidos, atentos, en la misma sintonía. En las veredas, en los pueblos, en las ciudades, estos 5 millones de radio escuchas oyen la voz de Julio Nieto Bernal o cualquiera otra del equipo de Caracol 6 A.M. — 9 A.M. algunos ya han salido a las labores del campo, hay otros acostados en sus camas, los conductores de buses o de taxis ya están en las calles frenando en los semáforos y a la saga de pasajeros; entonces los pasajeros también oyen, obligatoriamente, el mismo espacio; Los celadores, a punto del cambio de turno, han oído radio toda la noche, y ahora, antes de acostarse, oyen el noticiero más escuchado del país. Julio Nieto Bernal se ha ajustado bien su corbata a las 5:30 de la mañana, “ocurra lo que haya ocurrido en la noche”, ha encendido su Renault 12 y a las seis de la mañana, cuando ya el gallo ha cantado por lo menos 3 veces, está frente al micrófono. Veinte personas trabajan, calladamente, sin reconocimiento distinto a un buen o mal salario (no se sabe) detrás de los cuatro locutores que leen y comentan las noticias durante estas tres rigurosas horas. Y allí, frente al micrófono, comienza pues la lectura de cables internacionales y, en fin, la armazón de la información. “Ante todo somos gente muy bien informada y a uno se le va volviendo la cabeza una caja de datos” y la vida una recolección de chivas.

Foto nueova

Comienzan el día con una lista. Una lista de nombres, una lista de posibilidades con nombres y teléfonos. Estos cuatro hombres son quizás unos de los beneficiarios más directos del invento de Bell porque han hecho de este instrumento, imprescindible en la vida moderna, no sólo un medio de comunicación sino su más certero medio de trabajo. La gran innovación de los periodistas de 6 A.M. a 9 A.M., quienes se “desvirulan” por un teléfono sin escatimar ni tiempo ni distancia. “Da igual estar en Bogotá, en Londres o en París; adonde haya que llamar para conseguir la información, allá llamamos”. Los políticos, los hombres de empresas, los ejecutivos, los expertos, los mandatarios gubernamentales, no hay quien se escape al cruel teléfono de 6 A.M. a 9 A.M., a todos aquellos que han sido noticia y que por algún motivo sus vidas, aunque sea sólo circunstancialmente, se han vuelto públicas, están seguramente y tal vez sólo en esas tres horas sagradas, aún reposando, leyendo o pensando, pero al fin y al cabo están en sus casas. Las seis de la mañana es la única hora en que difícilmente la mucama puede responder que el doctor no está la señora tampoco, por lo tanto es la hora del cuestionamiento público de micrófono a micrófono. El programa tiene un gasto aproximado de dos millones de pesos el teléfono al mes, costos que evidentemente se cubren con las cuñas, las más caras de la radio.

Hugo Nieto Bernal lleva 32 años como locutor de radio. Un abogado que quizás creyó que su horizonte estaba más cerca a un juzgado que a un micrófono, lides de tinterillo de pueblo en último caso, pero que sus “condiciones naturales”-y para que lo vamos a negar- lo llevaron a ganarse la vida esperando la indicación de “al aire”, más que embebido en los códigos y la jurisprudencia. Sin embargo, al fin y al cabo, la opinión como siempre hablando.

A los 16 años comenzó en Bucaramanga. Desde esa misma edad lee, y antes menos que ahora, pero con igual devoción e intensidad, consume revistas de todos los países. Eso sí, a esa edad nunca se había imaginado que contribuiría como una pieza clave, a “esa gran revolución de la información que han sido la radio en Colombia y en concreto en el noticiero 6 A.M. a 9 A.M. (a 11 millones 150 mil personas les llega su mensaje)”. Y aunque su ambición nunca ha sido la de ser un buen periodista ni un locutor con una agradable voz, voz que repite, que comenta, que cita, que añade, que complementa, que da paso a la señal en el extranjero, como fuera, sino más bien la de llegar a ser presidente de la República o cualquier cosa parecida, “a mí lo que me gusta es realmente la política y el poder, y la verdad, un día poder canalizar todo lo que se en función de mí mismo, de mi propio nombre. No lo he hecho porque no se ha dado la ocasión, y el ridículo si no lo pienso hacer”. A los 16 años eso ya lo tenía claro. Con los años se ha tranzado por ese reconocimiento público que da el hablarle cada mañana a tantos y tantos colombianos, y que suscita, necesariamente, no sólo pampeos y en la espalda de amigos y conocidos cuando pasa por la calle, sino cartas, favores y alguna manera de administración de poder, el poder al fin y al cabo de la opinión.

“Así como hace un tiempo a la gente importante le interesaba salir en el periódico, en letras de molde, ahora ha comprendido lo importante que es hablar por la radio. Nosotros logramos hacer hablar al que no quiere y el gran cambio de la radio consiste en el despliegue, en la posibilidad de agotar un tema sin escatimar esfuerzos ni dinero, hasta conseguir que sea la radio la que marque la pauta, la que sirve de guía de información a los demás órganos. El periodismo antes hacía leyendo los periódicos; ahora somos nosotros quienes orientamos la prensa escrita”.

La historia del micrófono

Foto 1Cuando, a principios del siglo, un aplicado alumno, el marqués italo-irlandés Guillermo Marconi -el inventor de las transmisiones inalámbricas-ocasionó el impacto del micrófono, nunca se vislumbró el peso que esto tendría en la historia de las comunicaciones, ni que, conjugado con otros avances como la comunicación vía satélite, conseguiría transmisiones instantáneas, como ha sido la guerra civil de El Salvador, la revolución sandinista de Nicaragua, la revolución en Bolivia, la guerra de las Malvinas, y ahora, para “variarle de color” a la información, el mundial de fútbol de España. Caracol hará una transmisión en directo desde España, todas las mañanas y noches (para que llegue a Colombia a tiempo deben trabajar a las dos de la mañana), para lo cual han desplazado un equipo de 20 personas, y el costo de su producción asciende a 12 millones de pesos. Ellos sabe mejor que nadie que la radio es negocio y poder. Un cupo para la transmisión desde España vale $2,250,000 toda la temporada, cuando hace 10 años la radio era uno de los medios más subestimados por las agencias de publicidad. Ahora se la pelean los bancos, las grandes empresas, e incluso es uno de los medios más eficaces para la propaganda política pagada.

“Yamid Amat, uno de los grandes innovadores en el periodismo radial, quiso suprimir la grabación y emitir todos los programas en vivo — explica Julio Nieto Bernal. Lo importante era transmitir un mensaje fresco, vivo, que saliera al instante y que nunca diera la imagen de que se trataba de algo trasnochado, viejo. Es decir, que la emisión fuera a la velocidad de los hechos. Allí está el lugar del teléfono, en la noticia directa, en la comunicación de la rabia, de la emoción, de la inconformidad, de la satisfacción”, y el oyente puede captar hasta el momento en que el escogido se niega, y este hecho se convierte en un elemento de juicio dentro del análisis; igual que el balbuceo, que el apretón de dientes, que la rabia, que la elocuencia, todos son elementos que le llegan al radioescucha en directo, en vivo, como elementos de análisis propios frente a los cuales él se siente persona activa, con criterios, con posibilidad de opinión. “Nuestra máxima búsqueda es la participación, una participación cada vez mayor de la gente en la noticia, porque al fin y al cabo es la gente la que genera la noticia”.

Y en realidad, pensándolo bien, el punto de origen fue el micrófono. Todo gira en torno a este aparatico que tiene “la forma de un palo de golf al revés”. Una historia, la verdad, bastante simple. La cosa comenzó a principios de este siglo, durante una encendida manifestación de plaza pública. En medio de la algarabía que amenazaba con degenerarse, como de costumbre, en una incómoda ronquera colectiva, surgió de pronto un hombrecillo de anteojos gruesos, sosteniendo bajo el brazo un extraño instrumento de metal que colocó a un costado de la plaza. El misterioso personaje-se logró establecer después-era un aplicado alumno de Guglielmo Marconi. Pero cuando el hombrecillo aventuró frente al mismo un primer carraspeo de tímido saludo, y el eco gangoso de su voz retumbó con un estruendo de parlante por todos los rincones de la plaza, el gentío se desbocó sin rumbo y sin cordura en una carrera irrefrenable que los llevó bien lejos, como deseaban, de un simple aparatico con forma de palo de golf, provocador de tempestades. Se trataba de un micrófono. Para empezar, el micrófono reveló con su configuración que sólo podía ser utilizado por una persona al mismo tiempo (los dúos y los tríos siempre han sonado muy mal), señalando así inevitables privilegios entregados con prontitud a quienes poseían la virtud que resaltaba el aparato. El micrófono, en resumen, para las mejores voces. Y por encima de los mudos desplazados y de los roncos minusválidos, se irguió la soberana casta de los locutores. Los hombres de palabra clara y fonética agradable. Los del tono sensual y la nota grave. Esos que, sabiéndose dueños de una sonoridad excelente, la modularon, embellecieron y perfeccionaron tanto, que al fin de su curso personal resultaron con una voz impresionante, pero bien diferente a la suya.

Uno de ellos es Julio Nieto Bernal, pero además, con la particularidad típica de las deformaciones o embellecimientos que produce el micrófono, su voz, cuando conversa frente a una taza de café, mientras desayuna en el Hotel Dann -los periodistas de 6 A.M. a 9 A.M. invitan a desayunar y no almorzar-, no tiene nada que ver con la que se escucha en el noticiero o en “Pase la tarde”. Es más, Julio Nieto, quien sea ganado la vida con un micrófono -entre otras cosas-, es decir con el verbo, con la palabra, es un hombre que le cuesta trabajo hablar, hablar de su trabajo, racionalizar esa experiencia diaria frente al aparatico con forma de palo de golf al revés, y que prefiere, como todo periodista, antes que contestar entrevistar. Así es, de pocas palabras, hasta tímido.

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