La alternativa es Clara

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jair villanoPor: Jair Villano

Twitter: @VillanoJair

La polarización que atraviesa el país, nuevamente debido a rifirrafes entre Santistas y Uribistas, ensombrece la importancia de las ideas cuando se trata de elegir por quién depositar el sufragio. Es cierto que esta vez no obedece a frases infestadas de improperios, que era  la costumbre malsana que estaba gravitando en el ambiente electoral luego de los bochornosos: gamines, canallas, y el inolvidable le voy a dar en la cara. Evidentemente, es una situación preocupante, máxime si sacamos al punto que esta animadversión agreste emerge en el marco de un país que se supone está buscando la manera de reconciliarse. Presuntas chuzadas a funcionarios públicos, presuntos dineros de dudosa procedencia en una pasada campaña electoral, y así, podríamos continuar y llegar a lo mismo: la “guerra sucia” entre dos candidatos que lo único que están haciendo es fomentar exasperación en los áulicos más fervorosos. La contienda se ha reducido tanto que pareciera que esta es una nación de dos maneras diferentes de una orientación política: una derecha radical y otra en el centro. La verdad es que la gran divergencia entre estos no está en el qué, sino el cómo, por eso mi apuesta es por Clara López, porque si bien uno podrá tener reparos en algunas de sus propuestas, es la única que intenta hacer verdaderas modificaciones al statu quo.

Es cierto que no es muy buena oradora y eso le pesa al momento de ganar adeptos, pero si se miran las propuestas de los demás candidatos, Clara López es la aspirante que se propone cambiar el modelo como se concibe el desarrollo neoliberal: que no es más que dejando que el mercado coopte al Estado y no éste tenga participación en el mercado, razón por la cual el país de las cifras dista mucho del país de las calles. En efecto, mientras la desigualdad y la inequidad tienen leves cambios, en una sociedad que se ha acostumbrado a que muchos tengan poco y pocos tengan mucho, los artífices de este modelo se jactan de guarismos y de la buena imagen que deja Colombia en el mundo. Un mundo que parece dejar al margen los suplicios de los millones de habitantes que viven en la pobreza y la miseria, y que más bien se queda con el aumento de esa panacea llamada inversión extranjera.

Desde luego, no se trata de xenofobia que oculta marxismo, más bien lo que propende Clara, quien sigue los pasos de la izquierda moderada de Michel Bachelet, es darle un vuelco a la forma como se viene desarrollando los planes para mejorar la salud, educación, seguridad,  empleo.

Ahora bien, es verdad que en veces habla mucho de estatización y en eso hay que tener cuidado, así, en lo que a educación y salud se refiere debe buscar la manera de asesorarse bien y ponderar cómo piensa cubrir esos gastos, no vaya resultar peor la intervención pública que la privada. No obstante, ideas como acabar con el equívoco de entre más cobertura mejor educación, es apenas conveniente, además el énfasis en problemáticas que cobijan al país como el cambio climático, el despilfarro del agua, el debacle de la agricultura, son propuestas que huelgan llevar a cabo en aras de crear ciudadanos muchos más consientes con la realidad. Y ese cocodrilo de tanto egresado  llamado Icetex debe, como ella sugiere, tener cero tasas de interés, hay que tener en cuenta que tener título profesional no significa empleo (bien remunerado).

Por otro lado, es cierto que han sido los parlamentarios del Polo los que más han insistido en los desastres ambientales generados por la minería de las transnacionales, en ese sentido, es importante recordar que López tiende por la responsabilidad y por hacer valer la ley, el respeto por el entorno natural y los recursos naturales, la pausa a una locomotora desenfrenada y que no piensa en perjuicios sino en utilidades que, sin embargo, no se ven reflejadas en mejores condiciones de vida. Sabe que es menester crear conciencia ciudadana frente a lo peligroso que resulta la obtención de dineros en detrimento del entorno natural, y por tal razón hay que crear ofertas de desarrollo.

En el posconflicto es quizá la persona más idónea, toda vez que en su plan está como objetivo acabar con las circunstancias que suscitaron el levantamiento en armas. Adicionalmente, López cuenta con Aída Avella como fórmula vicepresidencial, esa mujer que fue víctima de la intolerancia política más atroz de los últimos tiempos, y que no obstante no guarda rencores, por el contrario, ve en el perdón una salida para acabar la guerra. Un gobierno encabezado por Clara López sería más congruente con lo que actualmente se negocia en La Habana en tanto que sería una discusión de divergencias políticas con compartimiento de algunas causas.

En suma, desde hace rato viene siendo hora de que el país le dé la oportunidad de gobernar a una contraparte. Una oposición de argumentos y no esas amorfas agrupaciones creadas por las empresas mediáticas.

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