La alucinante locomotora minera

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Guido Germán Hurtado Vera Historiador y Politólogo Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacifico Colombiana, CIER Universidad Autónoma de Occidente
Guido Germán Hurtado Vera
Historiador y Politólogo
Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacifico Colombiana, CIER
Universidad Autónoma de Occidente

Por Guido Germán Hurtado Vera

Historiador y Politólogo

Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, Cier

Universidad Autónoma de Occidente

Luego del hundimiento de una barcaza de la multinacional Drummond, que transportaba carbón en la bahía de Santa Marta, el asunto de la explotación minera cobra fuerza una vez más para la discusión pública. En la base de la cuestión hay, al menos, dos enfoques que señalan los beneficios y daños que trae para el país.

De un lado, algunos expertos aseguran que la locomotora minera produce alucinaciones que impiden ver los costos sociales y ambientales que trae. Advierten que no solo está causando daños irremediables a los ecosistemas, sino que además las cifras del crecimiento económico que anuncia el Gobierno no armonizan con el desarrollo humano.

De otro, están aquellos que plantean el concepto de minería sostenible. Manifiestan que el asunto no se queda exclusivamente en la explotación y exportación, que además de los beneficios económicos para el país, la minería podría generar valor agregado para el medioambiente. Este punto de vista contempla un modelo de yacimiento que produce agua y elimina desechos y contaminantes.

Un primer aspecto que se debe tener en cuenta en esta discusión es que cuando la economía mundial crece, gasta más energía y necesita de más recursos naturales. El inconveniente está en que los tiene que conseguir donde sea y como sea. Aquí el costo que menos interesa es el ambiental. África ya lo vivió y sus devastadoras consecuencias son ampliamente conocidas por el mundo.

En la actualidad países como Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia protagonizan este fenómeno. En sus territorios,  grandes multinacionales explotan los recursos naturales y como consecuencia más de un centenar de movimientos están en contra. En el país algunas acciones colectivas así lo manifiestan: los habitantes de Cajamarca, del páramo de Santurbán, los indígenas Uwa y Embera katío están en contra de la catástrofe social, ecológica y ambiental que produce la explotación minera en sus territorios. Al mismo tiempo, protestan por el engañoso desarrollo económico que trae consigo tal práctica, que solo favorece a unos pocos.

Al respecto, no es cierto lo que expresan algunos economistas neoliberales, en el sentido que tales acciones frenan el desarrollo del país y hacen que la locomotora minera vaya lenta y con ello el desarrollo económico. Eso es falso. La locomotora minera inició carrera hace más de una década. Los datos económicos en exportación de carbón y oro así lo demuestran.

Otro argumento para demostrar lo inconveniente de una explotación minera, como se viene haciendo hoy en día, es que la decisión que tomó el gobierno Santos de estimularla. Esta es una perversa política económica. Sobre eso, algunos economistas han planteado que puede ser cierto que la economía crezca, pero el tema ambiental pierde toda posibilidad de actuar como elemento vital del desarrollo humano. Si la cuestión es exclusivamente de matemáticas, basta sumar y restar.

Es posible que el PIB crezca más allá del 4,5 % o del 6 %, pero ese incremento es un espejismo porque al final de la operación los daños ambientales y humanos valen mucho, pero mucho más. En términos económicos, el país exporta barato pero compra caro. Entonces, caben, por lo menos, dos preguntas. La primera: ¿para qué destrozar el medioambiente y perjudicar a las comunidades campesinas e indígenas si al fin y al cabo se va a vender materia prima barata? Y la segunda: ¿quiénes pagan el saldo en rojo?

Bajo estas circunstancias es obvio que la locomotora minera produce alucinaciones que impiden ver el camino por el que transitamos. Por ello, es perentorio poner andar una serie de acciones de política pública para enfrentar el drama que se avecina.

No se trata de negar la posibilidad de la explotación minera. Se trata de hacer minería responsable, que aminore los daños que hoy se les está causando a los habitantes y al medioambiente de muchas zonas el país. Por ello, debemos solicitar al gobierno nacional un examen de la política minera y energética, que tenga como aspectos centrales una planificación que asegure la conservación ambiental y una política de desarrollo rural para que la economía campesina sea posible.

Postdata: El próximo viernes 8 de marzo, el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Occidente se vincula a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer a través de un conversatorio con la periodista Olga Behar. Lugar: Auditorio Xepia. Hora: 10:30 a.m.

 

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