La amazonía entre la conservación, el pos desarrollo y la soberanía

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Por Carlos Ardila

La Amazonía, como todos los activos ambientales del mundo, se valoriza cada vez más en el tiempo. Claro está que esto ocurre únicamente si es conservada y si las comunidades que habitan en ella hacen buen uso de sus recursos.
De otro lado, los discursos y prácticas sobre la conservación o el “desarrollo” han cambiado notoriamente a lo largo de las últimas 5 décadas.

Hasta hace muy poco en Colombia el Gobierno Nacional incentivaba la siembra de pastos para la ganadería a través de los programas de crédito de la extinta Caja Agraria, y muchos campesinos y colonos hicieron finca “tumbando monte” para implementar pasturas. También hace 50 años se impulsaba a la industria petrolera en el Putumayo como alternativa para el desarrollo. Hoy en cambio existe un fuerte relato contra el sector ganadero, que produce unos 950 mil empleos, acusándolo de concentrar la tierra y de deforestar los bosques, y algo similar ocurre con el petróleo, que se estima que bajará en su demanda en 2030 y recibe mucha oposición desde diversos sectores.

Por desgracia el único mercado que sigue prosperando es el de cultivos de uso ilícito. Frente a la ilegalidad no hay espacios de participación, ni consultas previas que surtir, ni mecanismos de presión ciudadana contra los impactos ambientales o sociales que generan esta práctica criminal. Los actores armados imponen sus prácticas, no sólo a la fuerza, sino también con “subsidios”, “créditos”, mejores precios y en general facilidades en la adquisición de semillas, insumos y transporte, todas estas medidas que el gobierno nacional se niega a implementar con proyectos productivos lícitos.

¿Cómo competir así con la ilegalidad? Pero además, ¿Cuáles pueden ser entonces las alternativas de pos desarrollo y buen vivir para la Amazonía y sus habitantes? El turismo ecológico prometía ser una alternativa de ingresos y desarrollo sostenible, pero a la industria colombiana amazónica le falta bastante en competitividad y calidad del servicio turístico, y la pandemia de Covid 19 parece haberle dado un golpe fulminante a toda la industria turística mundial. El panorama de dicho sector es preocupante y requerirá de esfuerzos muy grandes no sólo para superar los efectos económicos de la pandemia, sino también para, en caso de recuperarse la industria en el mundo, ponerse al día nuestra industria local con los requerimientos del mercado.

La monetización de los servicios ecosistémicos que presta la Amazonía al resto del País y al Mundo entero es una alternativa de generación de ingresos, pero estos instrumentos financieros y contratos tienden a quedarse en el erario a manera de recursos fiscales, o cuando se trata de ganancias privadas se quedan en capas de la sociedad distintas a los pobladores locales. Es una alternativa que estamos llamados a explorar en beneficio de los municipios, departamentos y población local.

También se ha hablado de la siembra de recursos forestales y de la importancia de los alimentos en este contexto de crisis que amenaza con desabastecer a varios mercados en el mundo. Pero para que estos sectores puedan florecer se requiere de la inversión en recursos públicos como electrificación, vías, agua potable, y de una serie de instituciones fuertes que permitan hacer veeduría sobre el cumplimiento de la normatividad ambiental que ya tenemos, pero que no podemos hacer cumplir por falta de los bienes públicos e instituciones.

Finalmente, tenemos el reto de proteger nuestra Amazonía de manera soberana, en un contexto en el que el mundo entero tiene apetito por los recursos naturales de Sur América y los Estados Nación se vienen erosionando a favor de poderes supraestatales y en perjuicio de la ciudadanía.

Si la pugna entre comunidades y territorios locales de un lado, y Gobierno Nacional de Colombia por el otro, ha terminado en las últimas décadas en resultados desfavorables para los territorios, en donde por ejemplo se privilegia la minería a gran escala y se desconocen consultas populares locales a favor de la agricultura o el agua, no hay razón para pensar que los mecanismos que promueven la “Internacionalización de la Amazonía” o la normatividad internacional o trasnacional sobre ella, estén pensados en el beneficio de las comunidades y no en el de los intereses trasnacionales. En mi opinión, lo local debe prevalecer.

Sostenibilidad, equilibrio, respeto por las formas productivas actuales -que deberán adaptarse gradual pero rápidamente en sus prácticas ambientales-, son elementos necesarios para garantizar el buen vivir de sus habitantes, pero también se requiere de soberanía en la forma de normatividad ambiental apropiada (mucha de la cual ya tenemos) y de instituciones locales fuertes e inversión en bienes públicos para hacerla cumplir.

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