La Banalidad versus lo trascendental

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floro-hermesFloro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

En esta semana que concluye nos hemos movido los colombianos entre la banalidad y lo trascendental. Entre la cuestión del ladrón de chocolatinas, que se roban las cámaras, y el asunto de una campaña presidencial que nos ha puesto a escoger entre la razón de la paz (Juan Manuel Santos) y la sinrazón de la guerra (Oscar Iván Zuluaga), que se roba la tranquilidad de nuestros corazones.

No quiero señalar que sea banal aplicar la justicia con respecto a una pequeña causa, sino que es banal desplegar todos los medios de comunicación social en torno a un ladrón de chocolatinas cuando se guarda silencio o se dice poco sobre estremecedoras declaraciones en torno a las trascendentales ejecuciones extrajudiciales, eufemísticamente llamadas “falsos positivos”, ocurridas durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, como consecuencia de la pura y simple irreflexión gubernamental, la cual nunca se puede equiparar a estupidez.

Tampoco quiero decir que toda campaña presidencial sea trascendental, sino que en ésta estamos ante el hecho cierto notorio, grave, extraordinario y vital de escoger entre la demencia de la guerra y la razonabilidad de la paz, el próximo domingo 15 de junio, cuando en el cubículo electoral solos ante el tribunal de nuestra conciencia, la práctica banal del trazo de una X se transforme en la decisión trascendental por la confrontación o por el arreglo negociado, sin que podamos afirmar que colombiano alguno vaya a concurrir a las urnas guiado por un cálculo diabólico profundo. No, es la irreflexión lo que está en escena.

Irreflexión que puede conducir, a millones de colombianos alejados de la realidad, a optar por una derecha extrema, egoísta y obsesionada en seguir despojando a los colombianos, causando con su acto mucho más daño a la sociedad colombiana que todos los malos instintos inherentes a nuestra naturaleza humana, lo cual es banalidad.

Por lo tanto, votar por la opción de Juan Manuel Santos es un acto de reflexión que impedirá el totalitarismo, que ofrece el Centro Democrático con su candidato, mediante una ideología que engolosina, la instauración de un terror que paraliza y el aniquilamiento de la política, para reducir al mínimo lo público.

Y, el peligro no es para menos: Oscar Iván Zuluaga posee una imagen de hombre normal, común y corriente, de amoroso padre de familia, trabajador honesto y laborioso, así como de ser un burgués respetuoso de la ley, fiel a los códigos de conducta, atento a la opinión de Álvaro Uribe Vélez, hasta el punto de manifestarse (a pesar de su formación académica) “ausente de pensamiento propio”, el cual le permitirá examinar las órdenes, que reciba del ex Presidente de la República, para constatar su normalidad sin tener que recurrir a su conciencia, salvo cuando incumpla alguna de las instrucciones que reciba.

En consecuencia, para asegurar una fuente del derecho que garantice la justica y las buenas costumbres, es necesario optar por el candidato presidente por cuanto él dio una gran prueba a los colombianos: Juan Manuel Santos supo desobedecer a Álvaro, a pesar de ser la obediencia una virtud harto alabada.

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