La base de la pirámide

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

A finales de esta semana tuve la oportunidad de asistir al II Foro BASE, para el desarrollo de los mercados de la base de la pirámide en América Latina y el Caribe. El evento, que tuvo lugar en Medellín,  fue organizado por el BID (Banco Interamericano de desarrollo).  Se preguntarán muchos por qué voy a aprovechar una columna para hablar de un evento al que asistí si hay muchas más cosas de las cuales se puede escribir en un país tan convulsionado como el nuestro. Precisamente por eso, porque no creo que Colombia tenga un tema más importante que superar la pobreza y, en ese mismo orden de ideas, buscar mayores oportunidades para el sector más amplio de la población: la base de la pirámide.

Vale la pena empezar por definir el concepto, para aquellos que no están familiarizados con él. Se considera base de la pirámide a aquella población de escasos recursos que en América Latina y el Caribe representan el 70 % de los habitantes. Según datos entregados por el mismo Banco Interamericano, esta población tiene una capacidad económica de USD$500.000 millones al año, lo que representa una oportunidad de mercado y negocio para muchas empresas nacionales y multinacionales.

La mayoría de las veces las empresas tienen un público objetivo alejado de esta población, pues los retornos de capital  no llegan tan rápido. Los empresarios tienen el temor y la poca experiencia en crear proyectos que vayan dirigidos hacia ese segmento, pues hasta ahora se está innovando en ellos.  Sin embargo, como conclusión del evento al que asistí y que hoy comparto con ustedes,  quienes estuvimos presentes nos llevamos la idea de que  se pueden hacer negocios muy rentables que beneficien a esa población, a la que generalmente nadie le ve potencial.

Por eso mi tarea, como persona que tiene un espacio que puede ser consultado por muchos, es hacer un llamado de atención a aquellas empresas, no importa el tamaño, para que  busquen alternativas de mercado en esos sectores menos favorecidos del país. Este llamado que hago hoy cobra una mayor importancia, y por tal razón me siento en la obligación de hacerlo, pues la coyuntura actual que vive el país así lo amerita.

En un par de oportunidades he escrito en este mismo espacio sobre el aporte que debe hacer la sociedad civil si llegan a salir exitosas las negociaciones de paz que se están llevando a cabo en La Habana, Cuba entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc. El posconflicto será incluso más difícil que el conflicto, y está en todos nosotros colaborar para que ese duro paso que se nos puede venir lo superemos en conjunto y como una gran nación que tiene la esperanza de sobrepasar aquellos problemas que nos han aquejado durante tantos años.

En ese proceso el empresariado colombiano jugará un gran papel, pues el conflicto no se acaba exclusivamente en una mesa de diálogo: el conflicto se terminará el día que los esfuerzos estén concentrados en erradicar la pobreza, pero sobre todo la inequidad social. Colombia es un país desigual y así muchas teorías digan lo contrario, soy una fiel convencida de que ese es uno de los pilares fundamentales de por qué tenemos una guerra interna.

Entre todos, desde el sector en el que nos encontremos y trabajemos, tratemos de aportar con ideas y esfuerzos para que cada día nos enfoquemos más en encontrar soluciones para ese inmenso sector que si se sabe mirar, representa un potencial de mercado gigantesco.

Pensemos en que las cosas que hagamos, si bien debemos buscarle un beneficio personal pues el ser humano no se movería si no fuera por esto, lo hagamos favoreciendo al otro y a aquel que más lo necesita. No por caridad ni por justificar el simple eslogan “Se trabaja con responsabilidad social”, pero sí por el hecho de estar convencidos de que queremos un mejor país para las generaciones futuras, y esto solo lo tendremos el día en que las mayorías tengan sus necesidades básicas cubiertas. Estoy convencida de que entre todos podemos.

 Una cosa más: Los bandidos que están colaborando con la Fiscalía en el caso del carrusel de la contratación en Bogotá son tan bandidos, que incluso en medio del peligro de enfrentar muchos años en la cárcel, andan extorsionando gente para que no declaren en contra de ellos.

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