La basura que tratamos de esconder

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Por Luz Adriana Betancourt

La montaña de basura que hoy en día adorna el sur oriente de Cali volvió a ser noticia el jueves 5 de julio, cuando el alcalde Rodrigo Guerrero y el ministro de Vivienda firmaron un convenio para financiar las obras necesarias que terminen con el derrame de lixiviados en el río Cauca.  El mismo río que surte de  agua al 70 % de los hogares caleños.

Para quienes aún no se han familiarizado con el término lixiviados,  solo diré que son líquidos que sueltan las basuras en su proceso de descomposición.  Esos “juguitos” entran en contacto con toda clase de agentes contaminantes como, por ejemplo,  los metales pesados que se encuentran dentro de las pilas que botamos irresponsablemente en la bolsa de basura común.

Pues bien, esos lixiviados forman “cocteles” de alto contenido contaminante que se filtran por la tierra a las aguas subterráneas o se escurren hasta el río Cauca, como ya han denunciado varios medios de prensa, basándose en  comunicados de la CVC y en respetables investigaciones de la Universidad del Valle.

Para frenar el daño que causan nuestros desechos comerciales enterrados en Navarro, el ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, firmó en Cali este jueves el convenio mediante el cual la nación aportará seis mil millones de pesos.  Por su parte, el alcalde Guerrero se comprometió a invertir  2500 millones anualmente, hasta completar 25 mil millones de pesos por cuenta del municipio.

También el Fondo Nacional de Regalías debe asignar 13 mil millones para el mismo fin. De ese tamaño es el costo del tratamiento que se debe hacer al contenido de las siete piscinas donde se acumulan los lixiviados, y así de grande es la contaminación que generan los gases que emanan de la basura acumulada durante 40 años aproximadamente.

Desde el 25 de junio de 2008, cuando se ordenó el cierre del basurero de Navarro, se debió prever el tratamiento de descontaminación de lixiviados, o se pudo haber ejecutado cuando se definieron las  responsabilidades económicas consignadas en el documento Conpes 3624 del año 2009, pero tanto Emsirva –intervenida por la Superintendencia de Servicios Públicos–, como el equipo de trabajo del alcalde Ospina, solo alcanzaron a realizar la licitación del diseño de la planta que descontaminará los lixiviados.

Mientras tanto, los caleños y colombianos que necesitamos el agua del río Cauca asumimos las consecuencias. Por su parte, Emcali hace gigantescas inversiones en potabilizar el agua que se recoge en la bocatoma de Puerto Mallarino para que nos llegue sin riesgo para la salud, pero no todos los que viven cerca del río Cauca tienen acueducto en sus casas.

Los problemas generados por contaminación de lixiviados no son de poca monta, no estamos hablando de parásitos o de cólicos.  Las investigaciones científicas intentan descubrir hasta qué punto puede haber conexión entre los niños con malformaciones genéticas, como los que nacieron con sirenomelia o con ciclopía  en Cali entre los años 2004 y 2005.

La primera malformación se puede describir como una fusión de las dos extremidades inferiores, y la segunda se identifica por nacer con un solo ojo. Casos tan preocupantes se encuentran documentados en varias publicaciones, incluida la agencia Universitaria de Periodismo Científico AUPEC.

Dicha agencia indicó que ocho mujeres en Cali entre los años 2004 y 2005 dieron a luz niños sirena o niños cíclopes, teniendo como coincidencia que todas vivían en un radio de tres kilómetros del río Cauca.  Aunque las investigaciones aún continúan y no hay conclusiones absolutas, una de las sospechosas de causar malformaciones congénitas es la contaminación de este rio.

Sorprendentemente, no todos los médicos ni todos los alcaldes tienen la responsabilidad necesaria para entender y asumir que existe un peligro latente que se deriva de una montaña de basura, que aún expide sustancias tóxicas perjudiciales para los seres humanos.

Afortunadamente, la formación de un médico epidemiólogo, con vocación social y con suficiente madurez para diferenciar qué es importante y qué da espera, asumió el compromiso de firmar un convenio donde por fin cerremos la llave de contaminación que está abierta en el basurero de Navarro.

De hecho, el médico Rodrigo Guerrero, cuando fue alcalde entre 1992 y 1994, también mostró su responsabilidad con la salud y el medioambiente al realizar una gran inversión para construir el colector del margen izquierdo del río Cali, que intercepta las aguas residuales que antes de esa obra se vertían directamente al rio tutelar sin tratamiento descontaminante.

Con ese colector, las aguas con desechos sanitarios dejaron de caer a rio Cali, y desde entonces se conducen a la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales PTAR, disminuyéndose así el vertimento de la carga contaminante.

El compromiso con la salud y con lo ambiental está por lo menos debidamente probado.  No tengo duda de que esta vez avanzaremos en la solución de un problema que por nacer de las basuras ha sido tratado de la misma manera.

En el sur oriente de Cali está la montaña, tapada con pasto y hasta sembrada de árboles frutales; como quien dice: que no se note lo que hay debajo y detrás. Y nosotros los que vivimos en la sucursal del cielo, tan frescos como si no pasara nada, produciendo más basura y enviándola al relleno sanitario de Yotoco, otro sitio de disposición final, donde se entierran todos nuestros desechos sin siquiera permitir que haya procesos de reciclaje.

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