La camiseta roja

0

/Foto: Juan Camilo PalomarPor Vanessa Córdoba

@VCordoba1

Y le siguen sumando victimas al fútbol. Se ha hablado tanto de la violencia que ha surgido por este deporte, que cada vez más esa violencia borra la alegría que nuestros jugadores se han esforzado por conseguir.

He escuchado comentarios sobre que el fútbol es el causante de todos los muertos y víctimas que ha habido gracias a los ignorantemente llamados “hinchas” o también conocidos como barras bravas. El fútbol NO tiene la culpa.

El fútbol es lo que pasa en un una área de césped de aproximadamente 7.000 metros cuadrados donde se encuentran dos equipos, cada uno conformado por 11 jugadores, luchando por un mismo objetivo, y con un juez que vigila que no se rompan las reglas del juego. Lo que pasa de esos 100 metros de largo por 70 metros de ancho hacia fuera, no es fútbol.

Los estadios, el público, los cánticos, la emoción, el incomparable grito del gol hace parte del espectáculo del fútbol. Pero lo principal es la belleza de juego que nos brindan los jugadores.

Los insultos, los disturbios, las dañadas de carros a la salida de los estadios, las salidas en tanquetas de los jugadores, son cosas que no forman parte de este deporte.

Desde pequeña he sentido que el estadio es mi segunda casa. Sea el partido que sea me siento la mujer más feliz del planeta tierra cuando estoy adentro de un estadio, y por eso una de las cosas que me han dolido en mi vida hasta el momento fue no haber podido regresar al estadio para apoyar a mi papá y más en sus últimos años de carrera por culpa de gente intolerante, ignorante e irrespetuosa.

Recuerdo en más de una ocasión estar sentada haciéndole fuerza a mi padre desde las graderías junto con mi familia, cuando de la nada alguna persona de atrás se paraba a insultarlo y escupirlo. Escenas como estas fueron las que llevaron a que mi familia tomara la decisión de no regresar al estadio. Estoy segura de que no somos los únicos familiares de futbolistas que hemos tomado esa decisión. Hasta hace poco, ya mayor y sin mi papá en la cancha volví a un estadio para vivir el fútbol de verdad.

De cierta forma, le he perdido un poco la fe a que algún día vuelva el fútbol en paz, a poder regresar al estadio con una amiga o amigo que sea hincha del otro equipo (lo que es una cita ideal para mí) y poder los dos portar la camisa del equipo que apoyamos, sentarnos juntos en el estadio.

Jamás se me paso por la cabeza que gracias a una victoria de nuestra amada Selección Colombia, aún más en el mundial, nueve familias tuvieran que enterrar a un ser querido. Llego a pensar, ¿qué es mejor, que gane o pierda Colombia? Porque ambas opciones son igual de peligrosas.

Cosas así hacen cuestionarme si Colombia está preparada para ganar una copa del mundo. Los jugadores no lo dudo, se lo merecen, pero ¿el resto del país? Gracias a unos cuantos, pagamos todos. ¿Ley seca y pico y placa todo el día del partido es la solución?

Quienes dicen llamarse hinchas siguen cobrando la vida de personas inocentes, que intentar disfrutar del fútbol y terminan llorando a sus familiares. ¿Hasta cuándo?

Abrazo de atajada…

Comments are closed.