“La condición más dolorosa de la muerte es la conciencia del nunca más”

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Un año después de la publicación de Lo que no tiene nombre, la más reciente obra literaria de Piedad Bonnet, la escritora participó en la novena versión del Hay Festival Cartagena de Indias, para hacer una reflexión sobre el acercamiento al duelo por la pérdida de un ser querido a través de la literatura.

PIedad Bonnet

En alianza con Confidencial Colombia


Usted dice que tiene un “sentido trágico de la existencia”, ¿a qué le atribuye eso? ¿Le ha traído alguna vez problemas?

Creo que no es fácil explicar el origen de ese sentido trágico. Algo hay que proviene del entorno familiar, pero mucho de mi relación de años con la literatura y la filosofía. Problemas no me ha traído, porque eso no significa que yo sea trascendental ni tampoco triste; más bien, un poco irónica y escéptica.

¿Después de la muerte de su hijo Daniel Segura cambió su percepción de la muerte?

Solo podría decir que ahora vivo esa realidad, que antes era solo intuida, pues he perdido a muy poca gente cercana. La condición más dolorosa de la muerte es la conciencia del nunca más.

¿Cómo le ayudó en el proceso de duelo escribir Lo que no tiene nombre?

No se sabe medir bien esto, porque toda la experiencia es nueva, única. Pero yo diría que volcar en palabras esta historia y además compartirla resultó sanador.

¿Cree que el duelo se supera?

El duelo propiamente dicho, sí. Lo que queda es una tristeza de fondo, que no se va.

¿Cuál ha sido el mejor comentario que le han hecho sobre el libro?

Muchos me han dicho que ahora sienten a Daniel como alguien cercano y entrañable, por quien sienten cariño. Y me alegró oír que alguien decía que Daniel va a perdurar como un personaje de nuestra literatura. Un amigo me dijo: “Si quieres conocerte mejor, lee ese libro”.

¿Cree que hay desconocimiento y falta de interés por parte la comunidad médica para tratar los trastornos mentales?

Creo que la enfermedad mental es una de las más difíciles de tratar, y que la psiquiatría sufre grandes confusiones; que es difícil encontrar un buen psiquiatra, pero que los hay; y que en buena parte de la medicina hay negligencia e inhumanidad.

¿Usted cree que el Estado y los planes obligatorios de salud brindan tratamientos preventivos, oportunos, eficaces y efectivos para quienes sufren de trastornos mentales?

En absoluto. La enfermedad mental en este país está muy mal atendida. Es una gran desconocida y una gran olvidada.

¿Cree que los tratamientos son accesibles para la mayoría de los colombianos?

No. La droga psiquiátrica de punta es muy costosa y solo la pueden pagar unos privilegiados. Lo que sé es que a muchos pacientes les dan drogas anacrónicas y que a veces es difícil obtenerlas.

No todo debe dejársele al profesional de la salud. Desde su experiencia, ¿qué debe hacer la familia ante una situación como esta?

Buscar asesoría, vencer el miedo, dar mucho amor y solidaridad. El entorno familiar se afecta mucho y es necesaria la orientación profesional. Por desgracia, ese es uno de los aspectos menos cuidados por la psiquiatría en el país.

¿A qué le atribuye que la gente considere tabú temas como el suicidio y la muerte y no hable de ellos?

Hay ideas ancestrales que perduran: que el suicidio es un pecado, que la enfermedad mental debe avergonzarnos porque habla de una genética “dañada”.  Pero también es comprensible que el estigma –se piensa a menudo que el enfermo mental es peligroso o que no entiende– haga que las personas afectadas y sus familias oculten el hecho para no afectar su situación laboral o sus relaciones sociales.

¿Le tiene Piedad Bonnett miedo a la muerte? ¿Qué cree que pasa cuando se muere? ¿Hay algo después de esta vida?

Más que a la muerte, le temo al momento de saber que todo se abandona, porque amo la vida y me duele dejar a los que quiero. Y me imagino que después de la vida hay una gran nada, que volvemos a ser partículas del universo sin consciencia ni nombre.

¿Qué es la vida?

Una experiencia en el tiempo y el espacio, donde abundan los momentos felices y también los dolorosos. Y el sentido de la vida se lo damos nosotros.

Durante el proceso de escritura de Lo que no tiene nombre, ¿cómo logró el equilibrio entre la madre y la escritora y entre los sentimientos y la técnica?

Creo que a partir de la conciencia de que el sentimentalismo y la falta de contención son fatales para la literatura. Y eso porque durante años me ocupé del oficio de escribir en mis talleres de literatura. Lidiar con la forma, por otra parte, me salvaba de dejarme arrastrar por la tristeza. Y le daba sentido a esos días tan dolorosos.

¿A quienes escriben qué consejo puede darles para que no caigan en lo kitsch y cursi?

Conservar una distancia con lo narrado, evitar lo hiperbólico, cuidar los adjetivos. Pero creo que se escribe cursi porque se es cursi. Que el kitsch es una deliberación estética o una forma del gusto.

¿En algún momento mientras escribía el libro pensó en dejar de hacerlo?

No, nunca. Aunque por momentos me atacaba el miedo.

Durante el proceso que usted narra en el libro, ¿qué literatura encontró que pueda resultar útil para aquellos que pasen por situaciones similares?

No apelé a libros de autoayuda ni a manuales para sobrellevar el duelo. Solo me interesé en la literatura, la filosofía, los libros de ciencia.

¿Qué libro, película y disco es imprescindible en su biblioteca?

Un libro: las obras de Shakespeare.
Una película: Nos amamos tanto, de EttoreScola.
Un disco: Los nocturnos de Chopin.

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