La estrategia de Naranjo

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

Quien fue considerado como el mejor policía del mundo hoy suena y truena en el mundillo de la política. No es algo que particularmente le disguste, de hecho, de manera consiente hizo bien los cálculos para figurar en esas lides. A pesar de saber que la Policía es una fuerza fundamental para definir el rumbo del país, entendió que la política lo es más. No en vano se suele decir que “se acuestan generales pero no saben si se levanten”. 

En el sonajero de los candidatos a la vicepresidencia de Juan Manuel Santos para su reelección, la que casi todos, incluidas las encuestas, han considerado como un hecho, Naranjo hoy se pone políticamente al nivel de Germán Vargas Lleras, quien considera que nació para ser presidente. Al equipararse con el exministro, el general se ha dado ese mismo perfil, el de presidente. Bien lo dijo Carlos Fernando Galán la semana pasada: “En esta elección no estamos escogiendo uno, sino dos mandatarios”

Así es como a todas luces, la competencia por ser la fórmula vicepresidencial va más allá, pues para ellos se está jugando el nombre de quién será el presidente de Colombia después del segundo periodo de Santos. Sin embargo, ante el casi seguro nombramiento de Germán Vargas Lleras para vicepresidente, hemos comenzado a oír recientemente que el general Naranjo es partidario de la creación de un Ministerio de Seguridad Ciudadana, una cartera que seguramente el gobierno de Santos creará a la medida de los intereses de alguien especifico, como tantas de las consejerías que hemos visto aparecer y desaparecer acorde a quien se quiera poner o haya que hacerle el favor.

Por qué un Ministerio de la Seguridad Ciudadana se relaciona con las intenciones de Naranjo de ser presidente, se preguntarán ustedes. Básicamente porque sí se logra un acuerdo de paz con las Farc, el postconflicto tendrá como principal protagonista a la inseguridad que se trasladará a las ciudades, tal como ha sucedido después del acuerdo hecho con las Autodefensas durante el gobierno de Uribe. En consecuencia, ese será el ministerio más importante y necesario. ¿Quién se encarga de la seguridad en las ciudades? Directamente la Policía, la misma que tiene el contacto con los civiles y es la fuerza encargada de lidiar con las famosas Bacrim. ¿Pero por qué inventar un nuevo ministerio y no dejarlo concentrado en el de Defensa, como hasta hoy se ha hecho? Porque como el puesto es para el general, este no podría estar al mando de sus antiguos “rivales”, es decir, del Ejército. Bien pensado, ¿no?

Por otro lado, Germán Vargas, ha hecho sonar la versión de que en caso de ser escogido por Santos como fórmula vicepresidencial, pedirá autonomía y así poder sobre ciertos ministerios, entre ellos el de defensa. Cartera que, ante la creación del “nuevo” ministerio, perdería poder de mando sobre la Policía. La rivalidad, de crearse el ministerio soñado por Naranjo, se trasladará a estas esferas. Ante ese escenario, estos dos ilustres personajes se disputarían el manejo de la seguridad en el país. Sin embargo, la delantera, es fácil predecirlo, la tendría Naranjo. Ante el fin del conflicto, la fuerza fundamental y protagónica será la Policía y no el Ejército. Otra estrategia acertada del general.

Por último, en el carta pasos de su estrategia ha estado también la de ser amigo de los medios, y también le ha salido bien. Ha sabido manejar la cercanía con los periodistas.  Como buen estratega, es consciente de lo importante de hacerlo para el futuro que sueña.  La filtración de información importante para desacreditar al “rival” institucional fue seguramente parte de su accionar. No olvidemos que los periodistas somos y hemos sido vehículos de ataque en esa lucha de enfrentamientos que han sostenido las instituciones pertenecientes a las Fuerzas Militares.

Así ha sido la estrategia de Naranjo, la de estar pendiente de los cálculos políticos, a diferencia de muchos que por su condición de prestadores de servicio han estado inmersos realmente en la guerra. A juzgar por los resultados, no hay cosa distinta a decir que ha sido acertada, pues no cualquiera pasa de Policía a posible presidente de Colombia.

Una cosa más: Más allá de las explicaciones, creo que en cierta medida el Gobierno sí quiso dilatar la revocatoria del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, justificado en la imposibilidad de desembolsar más rápido los recursos.

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