La herencia millonaria

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Por Patricia Suárez

MaryNo tengo un peso y me llamo Silva, Premio de Novela Ciudad de Pereira del escritor Fernando Ayala Poveda, recupera la memoria de nuestra tragedia histórica a través de los nombres de José Asunción Silva  quien frente a la pacata sociedad del simulo se alzó irreverente…

Clemente Silva testigo del genocidio indígena cometido por la Casa Arana, e imagen de aquel que llevara en un cajón los huesos de su hijo muerto por los patrones caucheros, nombre fatídico en la obra cumbre de José Eustaquio Rivera, mítico  novelista traído sin vida desde Nueva York a su país de origen.

Y Rodrigo Silva, juglar, trovador, canta,  cuenta el dolor de su tierra.

La Saga Silva de forma fascinante trama  en conversación entre Lucia y Catherine la urdimbre de épocas, países e historia y sugiere la necesidad dialógica de un entendimiento  sobre los hechos que definieron nuestro devenir como nación, la insoslayable responsabilidad de anglosajones y europeos en el hoy que coloca a esta esquina del continente ante una encrucijada histórica.

Fuerzas antagónicas confirman que la antítesis, constituye el principio motor, apasionado, dialéctico y espiritual de una realidad objetiva que en la subjetividad de sus personajes suman las múltiples contradicciones de   esta novela.

Dos mujeres, e Iris Sofía victima en la explosión de Atocha,  de Madrid (11-M), mujer inteligente y lúdica, avivó el imaginario de Catherine y Lucia y es en la trama personaje esencial.

No tengo un peso y me llamo Silva es viaje conversacional en búsqueda del pianista y soldado Enrique Silva, heredero de Pablo Silva, nombre  clave en la ficción Ayaliana en un esfuerzo supremo de la imaginación por abarcar una generalidad de hechos publicados en la revista Semana con el título: Los herederos del canal de Panamá, historia que en sucesión de imágenes, nos presenta   la tierra de Promisión y  parroquia, carnaval de figuras y desgarro, de ciudadanos en fila que reclaman partida de bautizo e intentan probar su parentesco con los herederos Silva.

La novela de Ayala Poveda,  es viaje de amor, de traición y reencuentros donde la mujer es hito y mito,  pensante en acción, un nuevo constructo que evoca el valor ancestral de las madres corajes,  y dan respuesta al maquiavélico político que la signa, y  levanta su voz crítica  en  condición de víctima  y victimaria  para decir no, no a la mujer objeto, no a la mujer servidumbre, no a la mujer esclava, no a la mujer rota, no a la mujer confinada a los estereotipos del mercado, no a la mujer prostituida y lejos de su fuerza como Maga, Médica, Maestra, Científica.

Enrique Silva y su mano perdida, es la mano recuperada por Ravel en El concierto de piano para la mano izquierda,  la polifonía del recluta de José Asunción,  los nervios de látex de la niñez violentada, la zambra en los acordes de la guerra, los tesoros del Galeón  San José y los desquites de la oreja de Jenkins, la Silva a la agricultura de Andrés Bello, el espejo donde se refleja Diego Rodríguez de Silva y Velásquez  en el lienzo de las Meninas de la Casa Real Española.

La última frase de cada capítulo de la obra No tengo un peso y me llamo Silva se enlaza a la primera del siguiente en contrapunto entre la promesa y la utopía, las constituciones, las declaraciones de guerra y las amnistías de este país fragmentado que busca el perfil de su rostro…

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