La Laguna de Sonso, un ensayo sobre la ceguera.

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Por Guido Germán Hurtado Vera

Historiador y Politólogo

Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

En la página web de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) se lee que la Laguna de Sonso es “uno de los humedales más importantes del país por su riqueza natural, donde existen diversas especies de aves, mamíferos y peces. Esta riqueza biológica que consta de 2.045 hectáreas de extensión de las cuales 745 son espejo lagunar, hacen de Sonso un ecosistema de gran importancia a nivel mundial por su diversidad de aves. Es significativo mencionar que la Reserva Natural Laguna de Sonso o del Chircal fue designada como área de importancia de las aves por BirdLife International y hace parte del ecosistema bosque seco y humedales del Valle geográfico del río Cauca”.

Una larga y sensible descripción de la Laguna de Sonso. Aun así, ésta es un “lugar común” o en palabras de Marc Augé, un “no lugar”. En ambos casos, y si me lo permiten, un lugar transitorio que no tiene suficiente importancia para ser considerado como el lugar que dice la CVC que es.

A partir de 1965 este ecosistema sufre sus primeros embates de la naturaleza humana. En ese año se inicia la construcción de una carretera inconclusa: Buga-Buenaventura. Los efectos ambientales sobre la Laguna son funestos.

Desde ese tiempo hasta hoy se enfrenta a problemas, entre otros, como la sedimentación y contaminación de sus aguas, la expansión de malezas acuáticas y a la reducción de su territorio por parte de colonos y agricultores. Debido a esto los daños de su flora y fauna son descomunales.

No solo las obras de infraestructura realizadas por la construcción de la carretera, sino también las prohibidas hecha por agricultores, en especial los de caña, han cerrado los canales naturales que comunican la reserva con el río Cauca. Las consecuencias, la muerte del ecosistema acuático.

El 16 de enero de este año el periodista Sergio Silva Numa publicó en El Espectador un artículo en el cual denunciaba que un cultivador de caña empezó a construir un dique sobre la laguna sin permiso de ninguna autoridad ambiental y saltándose todas las advertencias que alertan sobre la importancia ecológica de este ecosistema. Escribe Silva que aunque las obras ya se detuvieron, pobladores reclaman mayor atención. Dicen que habrá un desastre ambiental.

En ese artículo Silva da voz a los ciudadanos que denunciaron la situación, narran que “aprovecharon la época de sequía para robarle espacio a la laguna. Estamos aterrados con lo que está sucediendo. Eso va a generar una tragedia ambiental cuando vuelvan las lluvias. Nosotros vivimos de ese ecosistema, de ahí sale nuestra agua y se ha convertido en un sustento para muchos pobladores que hacen ecoturismo”

Lo narrado permite bosquejar cómo comunidades locales resisten enérgicamente para que sus derechos fundamentales asociados con los ambientales sean respetados por latifundistas, grupos armados, multinacionales y Estado que permanentemente los violan. Ahora bien, muchas de las denuncias y movilizaciones sociales ambientales no son hechos noticiosos o sus acciones son tímidamente registradas por los medios de comunicación, pero no por ello se pueden desconocer.

En los últimos dos años en Colombia los ciudadanos se han movilizado en defensa del medio ambiente. Por ejemplo: la movilización en contra de la construcción de las represas del Quimbo e Hidroituango; por la falta de agua en Buenaventura y Candelaria (Valle); por la minería ilegal y agua en el Páramo de Santurbán; en Santa Marta contra el cargue directo de carbón. Un asunto de fondo en el tema de las movilizaciones sociales es su papel como agentes reanimadores de la idea de democracia. Allí los espacios de participación y discusión de problemas públicos están a la orden del día.

Sobre lo que denuncia Silva y sobre la movilización ciudadana parece ser que se podría escribir, parafraseando a Saramago, un ensayo sobre la ceguera institucional. Todos estaban enterados de lo que sucedió, los únicos que no vieron nada irregular fueron los funcionarios de CVC.

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