La medalla simbólica de Óscar Figueroa

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Más allá de la presea dorada que consiguió en envión y la de bronce sobre el total en el Mundial de Polonia, Óscar Figueroa es un campeón de la perseverancia y el apetito de triunfo vallecaucano.

Figueroa conquistó el oro la semana pasada en arranque y el bronce en el total de la competencia mundial de halterofilia en Polonia
Figueroa conquistó el oro la semana pasada en arranque y el bronce en el total de la competencia mundial de halterofilia en Polonia

Óscar Albeiro Figueroa Mosquera no es vallecaucano. Su registro de nacimiento reza que el pesista que consiguió la medalla de plata en los pasados Juegos Olímpicos de Londres nació hace treinta años en Zaragoza, un municipio ubicado al norte del departamento de Antioquia, que se separa por algunas carreteras, ríos y un par de montañas, de otras pequeñas localidades antioqueñas como Segovia, El Bagre, Anorí y Cáceres.

El primer municipio del Valle del Cauca que conoció Figueroa no fue Cali, sino Cartago, al que llegó cuando estaba por cumplir sus primeros diez años de vida. Para esa época, en 1993, Zaragoza era uno de los epicentros de múltiples enfrentamientos armados las guerrillas del ELN y las Farc con los paramilitares. Hacía apenas unos años, en 1988, el pueblo más cercano, Segovia, había sido objeto de una brutal masacre que segó la vida de 43 personas a manos de paramilitares que obedecían a las órdenes de Fidel Castaño.

Tal vez por eso, y por la falta de oportunidades de trabajo en Zaragoza, la familia Figueroa Mosquera –que conformaba doña Ermelinda Mosquera, Jorge Isaac Figueroa y el pequeño Óscar– decidió embarcarse ese año en un viaje que terminaría en Cartago, municipio limítrofe del Valle del Cauca al norte con el Eje Cafetero.

Desde que llegó, Óscar se adaptó muy rápido. Continuó sus estudios en un colegio vallecaucano y allí comenzó a practicar varios deportes. No quería quedarse quieto. Pasó del fútbol, donde fue un buen delantero, al baloncesto y al karate. Al último en llegar fueron las pesas, un deporte que le recomendó su profesor de educación física al ver su contextura imponente a pesar de sus escasos diez años.

Con el tiempo, Figueroa Mosquera se encantó con este deporte y dejó los otros. También dejó el estudio por un tiempo para dedicarse a entrenar mañana y tarde a la halterofilia, hasta volverse ganador de un torneo local de la disciplina al levantar un poco más del doble de su peso. En ese campeonato también conoció a Jaiber Manjarrez, el entrenador de la Liga Vallecaucana de Halterofilia, que lo trajo a Cali, poco antes del nuevo siglo.

Al principio, Óscar vivió en un apartamento que alquiló Manjarrez para él, pero luego fue Deportel, el hotel para deportistas apoyados del proyecto de Indervalle, su nuevo hogar cuando comenzó a ganar campeonatos departamentales.

Figueroa consiguió en el 2012 la medalla de plata para Colombia en las pesas olímpicas
Figueroa consiguió en el 2012 la medalla de plata para Colombia en las pesas olímpicas

Desde entonces, en el 2000, Figueroa se sintió más vallecaucano que nunca, pues además de haber recibido un gran apoyo económico para desarrollar su carrera deportiva, fue ese año el de su primera clasificación a un campeonato mundial, aunque juvenil, en el que terminó quinto. Un año más tarde, en Grecia, volvió para llevarse el oro en arranque, envión y el total, para convertirse en campeón mundial juvenil por primera vez.

Con lo que ganó, más los premios que recibió de Coldeportes, le alcanzó para comprarles una casa a sus papás, que aún vivían en Cartago. Pero luego, unos años más tarde, en el 2004, una lesión le planteó un nuevo camino en su vida y fue excluido de la Selección Colombia que iría a los Juegos Olímpicos de Atenas, aunque ya para entonces se había recuperado. Por esa razón, Óscar se enlistó en el Ejército para pagar su servicio militar y fue tal su constancia en las pesas, que por dos años representó a las Fuerzas Armadas, hasta cuando terminó su servicio.

Desde entonces volvió a representar los colores del Valle del Cauca, obtuvo una beca para estudiar administración de empresas en la Universidad Santiago de Cali y se clasificó por mérito propio a los Juegos Olímpicos de 2008 en Beijing, escenario donde al pesista se le empeoró una lesión sufrida previamente y no logró completar la prueba en ninguno de los tres intentos. En el camerino, a Figueroa le advirtieron que su lesión era tan grave, que debía operarse, o de lo contrario podría quedar parapléjico en cuestión de poco tiempo. Aunque al llegar a Colombia se operó y se recuperó a los seis meses, a partir de entonces y hasta el 2012, año tras año las lesiones fueron la principal amenaza de su carrera.

Por eso, más allá de la medalla de plata que consiguió en Londres 2012 para Colombia y el reciente metal de bronce en el total y de oro en arranque, durante el Mundial de Polonia 2013, mantenerse como uno de los mejores pesistas pese a un pasado de violencia en su niñez y a múltiples lesiones durante su carrera deportiva es la mejor medalla que ha podido llevarse el vallecaucano Óscar Figueroa.

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