La muerte de Consuelo Moure y la letalidad de la Ley 100

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes
Gómez Pineda
Twitter: @Florohermes

Nuestros medios de comunicación masiva informaron que la reconocida actriz santandereana Consuelo Moure falleció tras tres días en una camilla hospitalaria bogotana esperando ser atendida, el pasado miércoles 2 de abril, lo cual no sólo es la expresión del fracaso de la medicina gestionada y la demostración de una difícil y azarosa dificultad para la atención oportuna de una enfermedad padecida (largas esperas y múltiples barreras), como lo expliqué en mi columna de 8 de diciembre de 2012, ¿por qué la hecatombe de nuestra salud?.

Esas largas esperas, tales múltiples barreras y la racionalidad inmoral de una medicina gestionada que ignora las necesidades del paciente, las cuales el cinismo de muchos economistas colombianos vinculados al sector de la salud pretende minimizar, son manifestación de lo que he dado en llamar la hecatombe de nuestra salud.

La muerte de Consuelo Moure, quien aspiró al Senado de la República por el Polo Democrático y en momentos que el
progreso de nuestra medicina permite prolongar la vida humana, es una demostración de que nuestro Sistema de Salud es una vergonzosa e insostenible realidad, toda vez que para todo liberalismo, como muy bien lo entendió John Locke, lo primero es la vida.

En tal sentido, como lo explica el creador del Partido Liberal alemán, el médico Rudolf Virchow, dentro de la política de un Estado se deben garantizar unas condiciones materiales de vida que contribuyan a la salud más que a la enfermedad, cosa que definitivamente es contraria dentro de nuestra realidad política que dice ser la de una liberal democracia.

Para no ser contrarios al ideal de una liberal democracia, nuestro letal sistema de salud deberá ser cambiado por uno nuevo que nos garantice a todos las circunstancias necesarias para una existencia en condiciones de sanitarias adecuadas, lo cual quiere decir que la cuestión de la salud pública,  entendida en su sentido más amplio y general, se deba convertir en el eje en torno al cual termina por girar toda la actividad económica, política y administrativa del Estado colombiano, dentro del cual la vida habrá de ser el asunto de gobierno más importante: en
un derecho esencial, es decir, inherente a todo ordenamiento jurídico; en un derecho fundamental, es decir basamento de  todo ordenamiento legal, y en un derecho natural, es decir anterior a cualquier expresión del Derecho.

Mientras así no se proceda, tendremos una gestión de las fuerzas del gobierno orientada hacia la letalidad, que daña y
aniquila nuestra salud pública de forma progresiva, lenta e imperceptible.

En conclusión, la muerte de la actriz Consuelo Moure devela barreras irracionales de atención, muestra la inmoralidad de nuestra medicina gestionada, señala la insostenibilidad de nuestro actual sistema de salud y enseña la ausencia de una praxis liberal democrática dentro de nuestro sistema político, pues el Estado de Derecho, la bandera más importante de todo liberalismo, es cercenado al violar el principal de todos los derechos: la vida.

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