La nueva apuesta para terminar el conflicto

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El Valle del Cauca ha sufrido la guerra y se esperanza con la paz

Desde finales de agosto y principios de septiembre se han conocido formalmente los acercamientos entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc, así como las condiciones pactadas para el inicio de una segunda fase, esta vez de negociación, y los nombres de quienes representarán a las partes durante esta etapa.

La reacción ha sido mayoritariamente favorable. Los colombianos, en general, y los vallecaucanos, en particular, quieren creer que esta vez –la cuarta que se intenta– pueda ser la vencida y esperan que en pocos meses se pueda concretar un acuerdo que conduzca a la desmovilización de la guerrilla y a la terminación de un conflicto que completa casi 50 años.

Los sectores políticos vallecaucanos se ubicaron entre los esperanzados y optimistas y expresaron su apoyo al presidente Santos; así comenzaron a llover las ideas sobre lo que se debe o no hacer para conseguir un acuerdo que ponga fin al conflicto.  El alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero Velasco, está entre los esperanzados y dijo que había que apostarle al retorno de los desplazados: “El mejor camino a la paz es el regreso de las comunidades campesinas a sus tierras”.

El ex diputado ve con buenos ojos el proceso de paz que iniciará el Gobierno con las Farc

El exdiputado y víctima del secuestro a manos de la guerrilla, Sigifredo López, dijo que deberían exigirles el cese al fuego unilateral como condición para avanzar en los diálogos. Los representantes de la iglesia repitieron los argumentos sobre lo negativo de la guerra y las bondades de la paz.

Las víctimas, encabezadas por Fabiola Perdomo, secretaria de Cultura del Valle, reaccionaron ante la declaración de las Farc según la cual en este momento no tienen a nadie en su poder en condición de secuestrado. Esta afirmación generó indignación y preocupación en amplios sectores de la sociedad, que piden sinceridad a los miembros de esa guerrilla para generar confianza en el proceso que ahora inicia. A pesar de la crítica a las manifestaciones de los voceros de las Farc, Perdomo y los familiares de los diputados del Valle asesinados por la guerrilla le expresaron su apoyo al Presidente.

Empresarios, congresistas, alcaldes, sectores académicos, todos han recibido con optimismo la posibilidad de que las negociaciones que iniciarán el próximo 8 de octubre en la capital de Noruega terminen en la desmovilización de la guerrilla más antigua del mundo.

En el Valle del Cauca, la guerrilla se ha entrecruzado con otras formas de delincuencia, como el paramilitarismo y el narcotráfico: en algunos casos han sido aliados, mientras que en otros se han enfrentado entre sí.

El territorio del Valle ha sido un espacio estratégico disputado por las organizaciones ilegales, se trata de un camino hacia el Pacífico, un corredor que proviene del Tolima, una zona montañosa que facilita la clandestinidad. El área plana que se conforma entre las cordilleras occidental y central recorre el departamento como espina dorsal y se convirtió a lo largo de los años en el espacio que se pelearon la guerrilla de las Farc y los grupos paramilitares que hicieron presencia a fines de los 90.

De otra parte, el municipio de Buenaventura, con una geografía compleja y con costa en el Pacífico, ha sido usado por las Farc y por otras fuerzas delictivas para el narcotráfico. Ese municipio, a pesar de ser el puerto más importante de Colombia se ha mantenido prácticamente aislado del resto del Valle y de Colombia. Su geografía dificulta la integración, pero además el déficit de infraestructura vial pone el Puerto como un desafío para el control estatal. Las condiciones sociales de Buenaventura han facilitado el reclutamiento ilegal y se han convertido en un caldo de cultivo del conflicto.

Los departamentos vecinos, Cauca y Chocó, tienen condiciones geográficas, sociales y étnicas que facilitaron la presencia de las Farc y que los convirtieron en zonas estratégicas en el conflicto colombiano, que se ha alimentado del narcotráfico en los últimos 25 años.

La ofensiva paramilitar fue especialmente fuerte en el norte del Valle, donde se asoció con carteles del tráfico de estupefacientes. Hechos como los ocurridos en el municipio de Trujillo, al norte del Departamento –entre 1988 y 1990–, que provocaron un pronunciamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos luego de más de 63 casos de violaciones graves de derechos humanos han ido dejando una inmensa estela de dolor que explica la esperanza con que se han recibido los anuncios del inicio de un proceso de negociación con la guerrilla.

Las intenciones de los actores del conflicto armado por controlar el territorio vallecaucano han traído otra consecuencia: la ubicación de la población en el territorio. Se ha producido el desplazamiento de miles de personas, que se han trasladado de las zonas rurales a los cascos urbanos de Cali, Buenaventura y Buga, especialmente.

Así como el Valle del Cauca ha sufrido como pocos territorios en el país las consecuencias del conflicto, con golpes tan duros como el secuestro masivo de la Iglesia de La María o el secuestro y posterior asesinato de los diputados del departamento, también ha visto como la sociedad reacciona para rechazar la violencia. La marcha de diciembre de 1996 fue multitudinaria, así como la de febrero de 2008.

Fue precisamente un empresario vallecaucano quien, a solicitud del Gobierno, buscó a Pablo Catatumbo, un caleño miembro del Secretariado General de las Farc, para expresarle por primera vez en forma oficial la intención del presidente Juan Manuel Santos de explorar la posibilidad de iniciar una negociación para pactar la terminación del conflicto. Si esta vez resulta, dos vallunos serían los que habrían usado por primera vez la llave de la que tantas veces ha hablado el Presidente.

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